Se subió a su camioneta para un viaje imprevisto y no volvió a ser el mismo de antes
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A veces es un impulso, otros lo llaman corazonada, lo cierto es que esa sensación que a uno lo hace poner un stop, y mirar en profundidad a su alrededor, es la que llevó a Daniel a cambiar el rumbo de su vida. Fue una madrugada, casi sin explicación.
"En ese momento decidí salir de madrugada sin destino, agarré General Paz, Panamericana, pase por la provincia de Córdoba y llegué a Catamarca donde pasé la noche. Al otro día continué por la ruta hasta llegar a Belén (a 350 km de la capital catamarqueña), ahí pregunte por alguna escuela rural y me recomendaron seguir por la ruta que por ahí las iba a encontrar".
Daniel Fraga (48) está casado con Flavia, tiene tres hijos: Mauro (23), Aldana (18) y Rocío (13), y trabaja en su ferretería industrial. Más allá de su hermosa vida en familia, cuenta, hacía ya un tiempo que quería desplegar su compromiso social pensando en ayudar a personas que realmente lo necesitaran.
"Iba por la ruta y no sé por qué doble por un camino, me estaba quedando sin nafta y estaba perdido"
Esa noche de septiembre del 2015, antes de lo ya contado, Daniel se paró frente a su placard y comenzó a tomar ropa que no utilizaba. Con la autorización de su mujer y de sus hijos hizo lo mismo en sus respectivos placares. Entonces, recogió remeras, pantalones, buzos y camperas para niños y adultos y lo puso en varias cajas que acomodó en su camioneta Kangoo. Luego, arrancó viaje, siguió su impulso.

"Iba por la ruta y no sé por qué doble por un camino, me estaba quedando sin nafta y estaba perdido, golpeé en una casa, salió una nena y llamo a su papá, que por suerte resultó ser Hugo, el maestro de la escuela 485 de la estancia en Belén, Catamarca", recuerda Daniel, sobre ese viaje relámpago sin saber que esa decisión cambiaría, de alguna manera, su vida.
"Al principio, noté que tenían vergüenza"
En medio del viaje de vuelta recibió el llamado de la directora del establecimiento, Silvia, que le agradecía enormemente por su colaboración. Y para fin de año, relata, lo invitó para el festejo de cierre del ciclo lectivo y, sin dudarlo, puso primera para embarcarse a un nuevo viaje.
"Al principio, noté que la gente de la escuela tenía un poco de vergüenza y con el correr del tiempo y de las visitas nos hicimos compinches de los chicos y amigos de los docentes", expresa Daniel, que ya visitó la zona unas 12 veces.

Un "cable a tierra" y un cambio de vida
Por lo general, visita la escuela tres veces al año (marzo, agosto y diciembre). En el primer viaje lleva un kit escolar para cada alumno y necesidades de la escuela. En su segunda excursión anual entrega zapatillas nuevas (dos pares para cada alumno), un proyector led con pantalla y una cámara de fotos digital, entre otras cosas. Y para fin de año viaja con un regalo de Navidad para cada chico que ellos mismos eligen.
"La verdad es que no puedo explicar con palabras lo que siento cada vez que voy a la escuela, es un cable a tierra y realmente me hace muy feliz. Por suerte, mi familia me apoya incondicionalmente, me ayudan en la selección de la ropa, con dinero y en la organización de todo".
Una idea que les cambió la vida a muchos niños
Después de tantas visitas que realizó a la escuela 485 en Belén y con la confianza que había adquirido con la gente, Daniel decidió que era el momento de que los chicos lo visitaran a él y a su familia en Buenos Aires.
"La directora y los maestros no podían creer semejante invitación y desafío, teniendo en cuenta que nunca habían salido de su pueblo. Los chicos muy sorprendidos y contentos, pero a la vez temerosos. Por suerte, los padres confiaron en mí y dieron el ok", recuerda con una sonrisa.

La logística no era para nada sencilla. Había que trasladar desde Belén a Buenos Aires a 26 personas: la supervisora del nodo escolar, las directoras de las escuelas 485 y 119, un profesor, 19 alumnos y tres padres. Sin embargo, Daniel tenía todo pensado porque se le había metido en la cabeza la posibilidad de que esos chicos y chicas conocieran Buenos Aires. Sus ganas de ayudar fueron más fuertes y el viaje se hizo posible.
"De la Estancia a Tucumán se trasladaron en dos combis aportadas por el intendente de la Estancia. De Tucumán a Buenos Aires viajaron en avión. Como tenían un poco de miedo los fui a buscar al aeropuerto de Tucumán para darles tranquilidad en el viaje".
Inolvidable experiencia
Para fines de octubre de 2019 los chicos llegaron a Buenos Aires porque Daniel quería que estuvieran con él para festejar su cumpleaños el 2 de noviembre. Permanecieron durante una semana y se alojaron en el hospedaje Puerto Pibes, un lugar que suelen utilizar las escuelas del interior en su estadía en Buenos Aires.
"Visitamos la cancha de Boca, Caminito, El Rosedal, El Planetario, fuimos a ver a el cine la película Maléfica en 3D. También fuimos al museo Prohibido no tocar, al Puente de la mujer, al Parque de la Memoria, al Obelisco, a la Catedral y al Cabildo. Tomamos el subte y conocieron el ascensor y las escaleras mecánicas", se emociona Daniel.

Sin embargo, lo más importante aún estaba por venir. Como sorpresa, Daniel llevó a toda la delegación a San Clemente para que conocieran Mundo Marino. Además, los chicos estuvieron por primera vez en una playa. Sin dudas, se trató de un viaje que los chicos jamás olvidarán. Y, obviamente, Daniel tampoco. Seguramente, aquella madrugada en la que hace cinco años agarró su camioneta sin rumbo conocido no se le cruzaron por la cabeza todos esos inolvidables momentos que le tocarían atravesar.
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