Sentido

Cuestionar y reformular nuestros planes puede ser la mejor de las oportunidades que podamos regalarnos
Eduardo Chaktoura
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20 de julio de 2014  

La propuesta de hoy es poner en juego los cinco sentidos en busca de un sentido. Un ejercicio de conexión con lo más íntimo de nuestros deseos y proyectos existenciales.

Como ya hemos dicho en reiteradas oportunidades, se trata, ante todo, de poner en juego la inteligencia espiritual. Entendiendo conectar con lo espiritual lo que resulte de las preguntas: ¿Qué sentido quiero darle a mi vida? ¿Qué sentido tiene todo esto? ¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia dónde queremos ir? ¿Por qué? ¿Cuál es nuestro propósito?

Una razón de ser, de pensar, de sentir valores, virtudes, fortalezas. Sentido del deber, sentido del humor, sentido horario, sentido del tránsito, sentido común, sentido literal o figurado. Sentido, dirección, rumbo.

Palabras todas que nos ayudan a entender el verdadero y todos los sentidos que tiene la palabra que nos convoca hoy.

Así como buscamos definir una gran meta existencial, hay otro sentido más específico, concreto y a corto plazo que implica pensar, repensar, redefinir cada uno de nuestro plan u objetivo.

¿Qué es eso que tanto deseo? ¿Por qué? ¿Cuán dispuesto estoy a lograrlo? ¿Están dadas las condiciones? ¿Cuál es el costo? ¿El fin justifica los medios?

Algo cambia cuando, así como las agujas del reloj, ajustamos la marcha, con sus ritmos y direcciones.

Imaginemos una brújula interior e intentemos identificar hacia dónde apunta el Norte, nuestro Norte.

Todos, conscientes o no, tenemos una intención, un propósito. De hecho, damos a diario un paso en dirección a ese lugar. ¿Qué ves? ¿Qué ves cuando te ves?

¿Hacia dónde está puesta tu intención, tu actitud, tu voluntad? ¿Cuál es tu auténtico y verdadero deseo?

Coincidamos, antes de continuar viaje que poner en duda o cuestionar nuestros planes o sentidos no significa perder el rumbo o el tiempo. Por el contrario, reformular el sentido (hoy o cuando nos sea posible) puede ser la mejor de las oportunidades que podamos regalarnos.

Siempre, claro está, en pos del bienestar y de la satisfacción que provoca vivir coherentes con nuestro desafío, con el destino que queramos transitar; más allá de los resultados, más allá de que todo esté (o no esté) escrito.

¿Quién se atrevería a certificar que todos tenemos asignado un destino (o un sentido)?

Lo que sí podríamos acordar, más allá de las metáforas, es que, así como a Roma, todos los caminos, todas las palabras, parecen conducir al sentido.

Tal vez pueda sorprenderte descubrir cómo tantos otros términos convergen en un mismo asunto o cuestión tan vital. ¿Habías imaginado cuánto se juega en torno el sentido?

Así como el viento, así como algo tan natural también como las olas en el mar, el sentido nos trae una y otra vez, siempre, la misma pregunta: ¿Cuál es el sentido?

¿Tuvieron, acaso, sentido todas estas líneas? ¿Ayudaron a la reflexión? ¿Promovieron algún cambio positivo? Ojalá que sí. Ese era el sentido, aunque algunos aún puedan creer que todo haya sido tan sólo un juego de palabras.

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