
Sergio Blanco. "El lujo es la acumulación de experiencias"
Fue el responsable de Polo Ralph Lauren en el país durante 15 años; su proyecto The Palace Luxury Outlets hoy es un éxito
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De su abuela materna heredó el buen gusto y el refinamiento, pero aprendió los secretos del mercado de lujo trabajando durante más de quince años en una de las firmas más emblemáticas del rubro, como Polo Ralph Lauren. Dos años antes de que la marca bajara definitivamente sus persianas en la avenida Alvear, Sergio Blanco (40) ya había decidido que era tiempo de lanzar su propio proyecto: los outlets temporarios de lujo. Pero además de una clara visión de negocio, conocimiento y experiencia, tenía un plus esencial, porque el suyo es uno de esos nombres poco conocidos para el público masivo, pero enormemente respetados dentro de la industria.
Hoy, Sergio Blanco es el presidente de South Evolution, una compañía que creó en 2009 con el objetivo de desarrollar proyectos atractivos y rentables en el mercado premium de la moda local e internacional. Su marca The Palace Luxury Outlets no tardó mucho en convertirse en un éxito local, con planes a corto plazo de replicar el formato en Chile y México. El encuentro, que se realiza tres veces por año en Buenos Aires, va por su décima edición, y hasta el próximo domingo 20, en Tribuna Plaza, en el Hipódromo de Palermo, se puede visitar el gran espacio de venta donde casi 70 marcas de primera línea ofrecen sus productos con rebajas del 40 por ciento o más. Una gran barata, pero ante todo con mucho glamour.
-¿El consumidor de marcas de lujo también prefiere comprar en los outlets?
-Hay un público selecto que siempre compra en temporada y en los principales locales de una firma. Pero en el exterior la venta fuerte de las grandes marcas se da en los outlets. Además, hay una tendencia en todo el mundo a vivir una experiencia de compra inteligente. Los outlets premium son un concepto ya instalado en otras partes del mundo que acá está en pleno desarrollo.
-Es frecuente escuchar que en nuestro país las liquidaciones no son sinceras, como ocurre en Estados Unidos o España, por ejemplo. ¿Coincidís?
En primer lugar, un outlet no puedo ofrecer grandes descuentos durante todo el año, por eso en The Luxury es clave el concepto de temporario. Cada edición no dura más de tres semanas, y nosotros les exigimos a todas las marcas que vendan sus productos con un precio menor al 40 por ciento del valor full price, ya sean de temporada actual o de temporadas anteriores. Tampoco se vende mercadería con fallas. No son prendas de segunda selección.
-De las casi setenta marcas, ¿cuántas son firmas de lujo?
-Bueno, la realidad es que cuando vas a un luxury outlet de afuera encontrás que hay firmas de lujo y otras marcas de primera línea. Acá, de las que quedaron en la Argentina están todas: Rochas, Christian Dior, Christian Lacroix, Daniel Hechter, Awada, Prüne. Y también están las marcas de alta gama del day to day, como Ayres, Trosman, Cardón, Uma, Vitamina. También hay muchas a las que les decimos que no. Cuidamos el perfil.
-Algunas firmas de renombre internacional quisieron minimizar o hasta hacer desaparecer el logo de la etiqueta. ¿Funcionaría eso en el mercado local?
-La ostentación nada tiene que ver con el lujo. Es cierto. Pero hay un límite fino que hay que saber cuidar en un negocio. En todas partes del mundo, la marca se paga, y la gente necesita ver el logo. Es verdad que hubo casos en los que han querido erradicar el logo, sobre todo en la línea sport, pero no funcionó y la tendencia se revirtió. Otra vez se ven los logos enormes. Me ha pasado de mostrar una camisa y, lo primero que hace el cliente, es darla vuelta para buscar la etiqueta.
-¿Los argentinos somos muy marqueros?
-No es exclusividad nuestra. Sucede en todas partes del mundo. Si al Rolex le sacás la coronita, hay muchos que no lo comprarían.
-¿Qué significa hoy el lujo?
-Si hablamos de moda, y en cualquier parte del mundo, las marcas de lujo se definen por haber logrado un valor que esté por encima de la prenda propia. Cuando se transmite un concepto o un estilo de vida que va más allá del algodón, del diseño o de la confección de una cartera. Por eso es que Hermès, por ejemplo, puede vender una cartera a 15.000 dólares.
-Y fuera del mundo de la moda, ¿qué cambió, existen nuevos lujos?
-Creo que, actualmente, el lujo no pasa por la colección de objetos, sino por la acumulación de experiencias. Redescubrir el concepto del ocio, el tiempo libre, la calidad de vida. Para alguien que le gusta el tenis, presenciar un Roland Garros; para el fanático del fútbol, ir al Mundial, o para el que se anota en todas las carreras de calle, participar de una media maratón en Nueva York. Para mí, podría ser correr un triatlón en Río de Janeiro. No pasa tanto por el dinero, sino por tener tiempo.
-Como la conocida frase que dice que el lujo sería "hacer lo que se quiere cuando uno quiere"...
-Sin duda, el gran lujo aspiracional de hoy es el tiempo. Vale más que cualquier reloj o auto de alta gama.
-Pero hablando de objetos materiales, ¿cuáles son los que mejor representan el lujo aspiracional del hombre y la mujer?
-Es difícil generalizar, pero como objetos tangibles creo que persisten los clásicos. En el hombre, podrían ser un auto y un reloj. En la mujer es más difícil, pero todo se puede incluir en un tour de compras en Europa o en Estados Unidos [risas].
-¿De quién heredaste el valor del buen gusto y el refinamiento?
-Si pienso en alguien de mi familia, sería mi abuela materna, ella era quien tenía desarrollado ese instinto. Muy detallista, muy refinada en sus gustos. Mi papá es ingeniero, y él nunca les dio valor a los objetos de lujo. Pero la principal carga la absorbí trabajando en Polo Ralph Lauren, donde todo el tiempo uno está vendiendo una imagen, un estilo, y no mercadería.
-¿Cuál sería para vos hoy la escena más representativa del lujo?
-Si vamos por la obviedad, sería una postal de la avenida Alvear en su momento de esplendor. Si se trata de mi ámbito personal, me inclino por la posibilidad de disfrutar de un atardecer en medio del campo, con mi familia. Es impagable.






