
Kiefer Sutherland vuelve a la pantalla chica interpretando al presidente de Estados Unidos en Designated Survivor, cruza de drama político y thriller de acción.
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Por Marcelo Pavazza
Tom Kirkman es un hombre común a punto de ser más común todavía. Está por renunciar a su cargo de Secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano de Estados Unidos a pedido del presidente y planea su futuro en el llano. Pero las cosas cambian cuando una bomba destruye el Capitolio la noche que el primer mandatario está allí, pronunciando el discurso del Estado de la Unión. Mil personas mueren en el atentado, entre ellas el presidente y todos los designados en su línea de sucesión. Solo queda Kirkman, que tan de salida estaba que ni siquiera había sido invitado al acto. De repente, el funcionario olvidado se convierte en el hombre más poderoso del mundo.
Cuando Kiefer Sutherland leyó el guión del piloto de Designated Survivor pensó que si aceptaba interpretar a Kirkman tendría trabajo por los próximos 10 años. No estaba en sus cálculos volver a la TV en lo inmediato, pero la idea del productor David Guggenheim le pareció lo suficientemente atractiva como para intentarlo. Y acertó: la serie debutó en la cadena ABC con 17,7 millones de espectadores, y en su primera temporada, de 22 capítulos, no bajó de los 10 millones. Netflix la estrenó en América latina y también fue un suceso.
En sus primeros episodios, Desiganted Survivor se divide entre el drama político y el thriller de acción. Por un lado, está Kirkman, quien no solo debe presidir el país casi sin conocer la tarea, sino también liderar la reconstrucción de toda una estructura gubernamental que ha sido diezmada. Ser un político independiente –es decir, no perteneciente a ninguno de los dos partidos mayoritarios– y no haber llegado a la primera magistratura por elección popular no son precisamente elementos que le jueguen a favor. Y no alcanza con su estatus de hombre honesto. Por otro lado, el atentado requiere una investigación. El caso le es asignado a la agente del FBI Hannah Wells (Maggie Q), cuyo novio –un congresista con el que había empezado una relación hacía poco tiempo– falleció en la explosión. Así, quedan planteadas las dos líneas narrativas que Guggenheim y sus guionistas despliegan a partir de preguntas simples: ¿Quién o qué puede haber planeado en tierras americanas un atentado aún más audaz que el del 9/11? ¿Hay una conexión local? ¿Es casualidad que el “sobreviviente designado” para suceder al presidente sea un político con mínima experiencia? Las responden, por partes iguales, con una dramatización de la arena política donde el ring principal son los pasillos y el Salón Oval de la Casa Blanca; y con acción trepidante cuando los que ocupan la pantalla son los FBI boys, con sus trabajos de campo y sus analistas informáticos, que permiten descubrir una conspiración en la que personajes de las más altas esferas gubernamentales están involucrados.
En la primera se luce Sutherland. Su Kirkman, que organiza un entorno fiel de asesores donde se destaca el Seth Wright de Kal Penn –el actor que fue funcionario de Obama y por eso mismo aquí es consultor de los productores–, a veces deja aflorar algo del recordado Jack Bauer, pero logra desmarcarse a base de ingenuidad y templanza (de todos modos, es tanta la influencia de aquel personaje que no son pocos los que ven Designated Survivor como “la nueva 24”). Él es un hombre ordinario con una familia normal, esposa (Natascha McElhone) y dos hijos, que de repente debe nadar entre los tiburones de la alta política. Y, aunque este costado de la serie haya sido el más vilipendiado por algunos críticos (“un drama así no necesita diálogos que les hagan revolear los ojos a los televidentes”, castigó Brian Moylan en The Guardian), Sutherland sale indemne del desafío. Otros especialistas fueron más benevolentes y encontraron equilibrio en su estructura mixta. Matt Roush, por ejemplo, de TV Insider, aseguró que “en su robusto y convincente ADN, Designated Survivor tiene el idealismo de The West Wing, el suspenso de Homeland y la intriga política de House of Cards”. Tal vez ambos tengan razón, aunque a los dos se les escapa explicar por qué es tan pero tan adictiva.
Finalmente, Guggenheim dio en el clavo. Y aunque la serie ya haya cambiado cuatro (sí, cuatro) showrunners, encara una segunda temporada donde, según su creador, resuelto el asunto de la conspiración, la trama estará enfocada en el sentido común (y comunitario) que requiere la reconstrucción de un país. Será en algún momento de 2017 y todo puede suceder.
OTROS ACTORES EN LA CASA BLANCA
El íntegro Jed Bartlet (The West Wing), el inescrupuloso Frank Underwood (House of Cards), el inamovible David Palmer (24). ¿A cuál de estos presidentes de la TV americana acabará pareciéndose el Kirkman de Sutherland? Los espejos sobran: hubo y habrá muchos presidentes de ficción. Ahí están los desopilantes (Selina Meyer en Veep), los enamorados (Fitz Grant en Scandal) y los valientes (Mackenzie Allen en Commander in Chief). Pero tal vez el antecedente más cercano de Kirkman haya que buscarlo en el cine: es Dave Kovic, ese primer mandatario con corazón que interpretó Kevin Kline en Presidente por un día (Ivan Reitman, 1993).





