Sex Education: vuelve con una segunda temporada

Otis (Asa Butterfield), el consultor sexual de la escuela, junto a Eric (Ncuti Gatwa), su mejor amigo.
Otis (Asa Butterfield), el consultor sexual de la escuela, junto a Eric (Ncuti Gatwa), su mejor amigo. Fuente: Archivo
Marcelo Pavazza
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16 de enero de 2020  

"A veces, solo necesitás una persona con quien hablar", simplificó la escritora y dramaturga británico-australiana Laurie Nunn con respecto a la idea fuerza de su creación, Sex Education. En la comedia que debutó hace un año en Netflix y cuya segunda temporada estará disponible el 17 de enero, esa persona es Otis Milburn, el atribulado adolescente interpretado por Asa Butterfield que, insospechadamente, acaba siendo consejero sexual de sus compañeros de secundario. Toda una anomalía: Otis es virgen, vive su sexualidad de modo conflictivo -ni siquiera ha experimentado un orgasmo-, sufre una inseguridad galopante y se hace todas las preguntas que un chico de 16 años puede hacerse. Pero es hijo de una terapeuta sexual que ha hecho de su trabajo un culto (Gillian Anderson, platinada y magnífica, espléndida en sus 50 y rodeada de tótems fálicos e imágenes del Kamasutra) y vive con ella en una hermosa casa ubicada al pie de una colina, soportando su desfile de amantes y su afán por saber cada paso que da el chico.

Quién sabe por qué arcanos del destino Otis heredó su capacidad para el psicoanálisis. Pero es un hecho, y cuando Maeve Wiley (Emma Mackey), la alumna peor reputada del instituto Moordale, de la que Otis terminará enamorándose, descubre su talento oculto, le propone armar una sociedad donde ella consigue los "clientes" y él simplemente los aconseja desde un aplomo y madurez asombrosos. A cambio de dinero, el dúo atiende en un sector ruinoso y abandonado del colegio, aunque luego la cita se disemina a cualquier espacio alejado de miradas ajenas.

Sex Education es británica, está ambientada en nuestros días y la acción claramente sucede en el Reino Unido (está filmada en un pueblito galés de ensueño). Pero, sin embargo, tiene aires de película de adolescentes norteamericana de los 80, con su escuela secundaria -que glorifica a los deportistas, posee sector de lockers, tiene baile de fin de curso y un director individualista y tiránico-, el look "lavado" de sus protagonistas y la efervescencia sexual a flor de piel. Una pista que suma cercanía sin distraer de lo importante: es ferozmente moderna, atiende los problemas de sus personajes desde una perspectiva fresca, sincera, alerta a la problemática actual, y habla sin remilgos de masturbaciones, orgasmos, penetraciones o disfunciones sexuales. Cuestiones que acompaña con temas acaso más profundos: el bullying, la homofobia, el aborto, el respeto, la empatía por el otro y la propia aceptación.

Los notables resultados artísticos tuvieron eco en el público casi inmediatamente: Netflix informó en enero de 2019 que la serie había alcanzado los 40 millones de espectadores en sus primeras cuatro semanas. "Es surrealista", reaccionó incrédula Nunn, que rodeó a sus protagonistas de un grupo de personajes reconocibles y dotados de humanidad: Eric (excelente Ncuti Gatwa), el mejor amigo de Otis, un gay que va de la exuberancia a la impotencia; Adam (Connor Swindells), el abusador del colegio, pero también un alma atormentada que no puede enfrentar a su padre ni exteriorizar sus deseos verdaderos; la chispeante Aimee (Aimee Lou Wood); Jackson (Kedar Williams-Stirling), estrella deportiva de Moordale y novio de Maeve; o la manga de ocasionales compañeros de cama de Jean, madre de Otis, entre los cuales se encuentra el áspero, pero sensible, plomero Jakob (Mikael Persbrandt), quien parece tener la llave para abrir su corazón, además de una hija, Ola (Patricia Allison), quien definitivamente destrabará la sexualidad reprimida de Otis. O al menos eso dejó en claro el último plano del capítulo final de la primera temporada, cuando un fundido a negro se llevó de viaje el goce solitario del adolescente hasta que lo reencontremos el 17 de enero.

Englobadas

La rueda vuelve a girar y la llamada "temporada de premios" inaugura su 2020 el domingo 5 de enero con un clásico: los Golden Globes. En el rubro TV se espera que por fin Succession, de HBO (para muchos, la más sobresaliente ficción televisiva de 2019), se alce con una estatuilla por mejor serie dramática. Compite con The Crown, Big Little Lies, Killing Eve y The Morning Show (producción de la flamante plataforma Apple TV +). En el apartado mejor serie de comedia o musical, las contendientes son Barry, Fleabag (triunfadora absoluta en los últimos Emmy), la ganadora del año pasado The Kominsky Method, The Marvelous Mrs. Maisel y The Politician.

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