Sexo a diario: aparatos hackeados

Crédito: Shutterstock
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26 de noviembre de 2019  • 14:30

Muchos pacientes ignoran que actualmente algunas terapias de rehabilitación ginecológica incluyen el uso de instrumentos tan cotidianos (para ciertas personas) como un vibrador. En el consultorio los profesionales saben que existen lesiones y trastornos posibles de tratarse también con este amable aparatito que, además de dar placer, es un infalible complemento para curar, o aliviar, por ejemplo, patologías vulvares. En esos casos el paciente va al sex shop con la indicación de comprar el modelo según la prescripción médica; y aunque aún hay quienes se avergüenzan ante la oferta desopilante de la góndola, debemos preguntar al vendedor y aspirar al mejor producto, no solo por doble provecho que luego haremos del artefacto. Además de estar atentos a formas y calidades, es clave conocer su tecnología porque también los juguetes sexuales son vulnerables a los ciberataques. Si: un hacker puede meterse en tu vibrador y robar datos.

Ya teníamos que cuidar la cuenta bancaria, la computadora...y ahora asimilar que en un futuro no lejano cualquier dispositivo que incluya un software y se conecte a Internet será un perfecto blanco de ataque, explicaban a la revista Forbes de México las especialistas en ciberseguridad Cecilia Pastorino y Denise Giusto, investigadoras de ESET. Ya en 2016 se había advertido el peligro que corren los chiches para adultos, cuando durante una feria de informática celebrada en Hannover los cerebros de la empresa T rend Micro demostraron a la audiencia en vivo y en directo lo fácil que era entrar a un sencillo vibrador femenino. Es que si bien las nuevas generaciones de aparatos son cada vez más complejas y sofisticadas, el riesgo de esa evolución es idénticamente proporcional. No quiero imaginar si se cumple la profecía de que a falta de amantes vivos habrá que conformarse con robots y juegos de realidad virtual. "Realizamos una investigación a partir de dos marcas dentro del rubro de los juguetes sexuales, y hemos encontrado vulnerabilidades que sí podrían poner en jaque la seguridad de los usuarios, la protección de sus datos y la integridad del dispositivo. Es decir, que alguien pueda llegar a manipularlo de forma remota, instalar cosas sobre el equipo o conectarse sin el consentimiento de los usuarios, lo cual abre todo un debate sobre qué ocurre en esos casos en donde un atacante tiene acceso a la utilización de un dispositivo sin consentimiento, ¿se trata de un caso de abuso sexual de abuso de poder, de violación, ¿cómo se enmarca dentro de la legislación actual?" alertaba Pastorino.

La mayoría de los aparatos, según sugería, (no pasa lo mismo con los consoladores o dildos) funcionan mediante una interconexión entre juguete/red/usuario/dispositivo, y he ahí el talón de Aquiles. "Esto es en la mayoría de los modelos, o por lo menos de los que analizamos que tienen esta arquitectura. La aplicación lo que permite conectando el teléfono a internet, no es que el juguete se conecte directo a internet, sino que conecta por bluetooth al teléfono y el teléfono a internet, y a través de una aplicación del fabricante, es decir a través de un servidor del fabricante se podría dar control remoto a una persona en cualquier parte del mundo, y desde su teléfono o computadora puede controlar remotamente el juguete. Son cuestiones que debemos empezar a debatir ahora, porque las consecuencias van a ser mayores. Cada vez estamos manipulando más data importante, sensible, que refleja intimidad del usuario, los gustos, etcétera. Cuando eso sea más complejo, será necesario que las empresas empiecen a manejar mejor su seguridad y, por otro lado, que el Estado y las legislaciones acompañen con un marco legal, precisamente para garantizar la protección de los usuarios".

Ante ese panorama, hoy parecen mucho más inofensivos esos "piratas" (de carne y hueso) que solemos meter en nuestra cama, de vez en cuando.

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