
Sleep Coach. Es psicóloga y a través de un libro enseña a dormir a bebés y niños. “Hay mucho que podemos hacer para mejorar el sueño infantil”
En el recientemente publicado Duérmete Lindo, María Guastavino funde su perspectiva profesional con su propia experiencia como madre; la importancia de las rutinas, las siestas y el “sueño seguro”
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“Lo dejo en la cuna y llora”. “Se despierta siete veces en una noche”. “No se duerme con el papá, solo con la mamá”. María Guastavino (36), psicóloga y sleep coach, escucha este tipo de inquietudes todos los días. “Los padres con bebés llegan muy frustrados a las consultas. Vienen desinformados, con expectativas que distan mucho de la realidad”, cuenta la especialista e instagrammer, que tiene más de 30 mil seguidores en las redes sociales. Su trabajo es doble: por un lado, les explica a los padres que es normal y esperable que su bebé duerma de manera poco profunda e intermitente. ”Los bebés duermen como bebés”, dice. Y, por el otro, les enseña lo que sí pueden hacer para que sus hijos, y, por lo tanto, ellos mismos, descansen más y mejor.
Ella no cree en las fórmulas mágicas a la hora de dormir a un recién nacido; desestima los “fundamentalismos” en torno al sueño, y se opone fervientemente a la teoría del clásico libro “Duérmete Niño”, que propone dejar llorar a los niños por las noches para que aprendan a dormir solos. En contraposición con esta corriente, que considera obsoleta, la psicóloga publicó hace un mes su propio libro: Duérmete Lindo. Claves para lograr un sueño seguro. El prólogo fue escrito por la renombrada psicóloga Maritchu Seitún.

“El Duérmete Niño es básicamente: no vayas a consolarlo así no te llama más, porque sabe que no vas a ir. Es terrible. Yo propongo lo opuesto: la satisfacción inmediata, no dejarlo llorar. El vínculo con las figuras de apego es estructurante del psiquismo y es muy importante, tanto de día como de noche. Si vos vas cuando tu bebé te lo pide, él se va a sentir seguro y, de a poco, ya no va a necesitar llamarte a la noche, porque va a saber que estás. Para que haya independencia, primero tiene que haber dependencia”, explica.
Más allá de esta consigna principal, Guastavino enumera distintos consejos para padres que buscan que sus hijos duerman mejor.
1. Rutinas de sueño
“Lo ideal es armar rutinas que ayuden a que el momento previo a acostarlos sea pacífico, tranquilo, que los prepare metal y físicamente para dormir”, explica. Dependiendo de la edad del niño, la rutina puede ser diferente. Para un bebé de un año, Guastavino propone, como ejemplo, bañarlo todos los días a la misma hora, sentarlo directo a comer, llevarlo al cuarto, darle de mamar o darle la mamadera, según la elección de los padres, y apagar la luz.
“Los bebitos no entienden de horarios, pero sí de acciones. Esas acciones lo van ubicando y lo hacen saber que se acerca el momento de dormir. Los ayuda a predisponerse. Cuando la previa a irse a dormir es más agradable, las noches son más tranquilas. La noche es un momento de separación con los padres. Así que cuanto mayor entrega y mayor amor haya en ese momento previo a acostarlo, con más tranquilidad se va a dormir”, dice la especialista.
2. Cuidar y facilitar las siestas.
“Las siestas son súper importantes. Yo siempre uso la frase: ‘buena siesta, buenas noches’. No es una garantía, pero el sueño diurno y el nocturno suelen ir de la mano”, explica. La siesta la recomienda hasta los tres o cuatro años. “Antes se creía que era mejor que no duerma de día para que duerma de noche. Eso está totalmente desterrado. Es necesario el sueño de día para que lleguen descansados a la noche y puedan dormir mejor”, afirma.
-¿Son recomendables los ruidos blancos (un sonido constante y uniforme utilizado para aplacar los ruidos externos)?
-El ruido blanco se recomienda con criterio. Si en la casa no hay ruidos, no hace falta ponerlo. Pero si de repente llega otro hijo con cinco amigos a jugar en la habitación de al lado, es mejor prenderlo. O si vivo en avenida Las Heras y pasa el 60 por la puerta, también. La función de este ruido es aplacar los demás, los que vienen del exterior del cuarto. La recomendación es colocarlo a dos metros de la cuna y entre 50 y 60 decibeles.
-¿Qué pasa si un día la familia tiene un evento en el horario de la siesta?
-No pasa nada. Es importante no fanatizarse. Hay madres que están todo el día encerradas con sus bebitos porque hay que respetar las siestas. Eso no está bueno; la parte social es fundamental, tanto para el bebé como también para los padres. Si justo ese día tengo un cumpleaños, lo que puedo hacer, si voy en auto, es salir a la hora en que sé que a mi bebito le va a dar sueño para que duerma un rato ahí.
3. Estar atentos a las señales de sueño
“El bebé es soberano. Miralo a él, más allá de toda la información que esté dando vuelta. Cuando ves que se rasca los ojos, bosteza o hace otras señales de sueño propias de él, tenés que llevarlo a dormir. Los padres debemos tener un rol activo en el sueño de nuestros hijos”, explica. Lo ideal, afirma, es que los padres se adelanten a las señales de sueño: por ejemplo, si saben que a las 20 su hijo va a tener sueño, pueden organizar la rutina del sueño antes de esa hora, para asegurarse que a las 20 su hijo esté en la cama.
“Les hablo desde mi experiencia”
En el libro, Guastavino funde su perspectiva profesional con su propia experiencia de vida. María está casada, vive en Pilar y tiene tres hijos: una del alma, Malena, la mayor, que nació de un matrimonio anterior de su marido, y dos biológicos, Facundo y Lucas. Antes de dedicarse al sueño infantil, se formó en clínica de adultos en el Hospital de Clínicas, donde trabajó 10 años como psicóloga de planta. Allí, trataba casos graves de trastornos de la personalidad, psicosis y depresión.
Le gustaba su trabajo, pero había algo que le hacía ruido. “Leía en libros de psicopatología que muchas patologías graves están directamente relacionadas con el vínculo que el paciente tuvo con su madre y con sus primeros años de vida. Por eso, mientras trabajaba con adultos, pensaba: ¿cómo nadie acompaña a los padres en esos primeros años de vida de sus hijos, que son tan importantes?”, recuerda. Esa inquietud es la que la hizo interesarse en la orientación a padres y el sueño infantil.

Sin embargo, no se dedicó a ello hasta que nació su hijo Facundo, con tan solo 33 semanas de gestación debido a un desprendimiento prematuro de placenta, y pasó un mes en neonatología. “El regreso a casa fue muy difícil. Facu dormía muy mal. Hacía ruidos de noche. Eso es algo normal, pero yo no lo sabía. Entonces, cada vez que hacía ruidos, yo lo alzaba, los cambiaba, iba, le preparaba una mamadera. Era todo un despliegue. Sin darme cuenta, por falta de información, yo estaba interfiriendo en su descanso”.
Fue después de unos meses de su nacimiento que decidió empezar a estudiar el tema. Realizó dos cursos vinculados al sueño infantil en universidades de Estados Unidos y España, y se formó en orientación a padres con Maritchu Seitún. En paralelo, también realizó el posgrado en Embarazo, Parto y Puerperio en la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Hoy, además de hacer consultas particulares con padres, también da talleres grupales. En su libro, vuelca mucho del conocimiento teórico que aprendió, pero también sus experiencias personales. Su intención al escribirlo fue responder muchas de las preguntas que suele recibir en su consultorio.
-¿Hay algo que te pregunten siempre?
-Si. Por ejemplo, me preguntan cómo hacer para que el bebito se duerma con el papá. Yo respondo que eso tiene que ver con un hábito. Es normal que se queden más con la mamá porque generalmente, por la licencia, pasan más tiempo con ella. Para que duerma con el papá, primero hay que dar lugar a que eso suceda. Si vos no probás que lo duerma otra persona, no va a pasar. Si le cuesta quedarse con el papá, andá probando, probando, hasta que un día se quede. Muchos también me dicen: ‘no se queda en la cuna’. Es lo mismo: probar y probar. Nada se vuelve conocido y seguro para el bebé si uno no se lo hace probar.
-¿Te preguntan por colecho sí o colecho no? ¿Qué recomendás?
-Es elección de cada familia, y yo lo respeto. El colecho ayuda a un montón de familias a dormir mejor y a otras no. Más allá de lo que elijan, lo importante es que lo hagan de una manera segura. Muchas mamás salen del hospital sin saber siquiera en qué posición deben dormir sus hijos y que cosas tienen que hacer para garantizar un sueño seguro. A mi también me pasó cuando fui primeriza.
Las recomendaciones varían según el método que se utilice. Si hacen colecho, explica Guastavino, el bebé no debe dormir entre los dos padres. Según las academias de pediatría, se debe colocar al lactante en una punta de la cama, al lado de la madre, y con la cama corrida contra una pared o con la cuna haciendo tope, para que no se caiga. “Con o sin colecho, es muy importante que no haya sábanas ni nada, y que bebito duerma boca arriba. Todas estas pautas son para evitar el síndrome de la muerte súbita del lactante (SMSL)”, explica.
Cuando el sueño se complica
Guastavino destaca muchas razones por las que un niño puede despertarse reiteradas veces por noche. Entre los más pequeños, las más normales son: angustia de separación, reflujo y cólicos. Entre los más grandes, entre tres y cinco años, aparecen los miedos y las pesadillas.
-¿Qué se recomienda en caso de miedos y pesadillas?
-Es normal y esperable que los chicos tengan terrores nocturnos. Una de las principales consultas que recibo es por la pasada a la cama de los padres. Si un niño tiene miedo, hay que trabajarlo. No diciendo “no tengas miedo”, porque eso no tiene mucho efecto, sino, más bien, a través de cuentos. Hay muchísimos libros que ayudan a superar los miedos. También se puede tratar a través del juego. Los papás pueden hacerlo dibujar lo que le da miedo, guardarlo dentro de una cajita y ponerla lejos, por ejemplo, en el jardín. Es una forma de tratar eso que está en la fantasía y llevarlo a la realidad para poder tener cierto control y, luego, sacarlo.
“Lo que pasa en el día afecta directamente en los sueños y pesadillas, sobre todo a medida que van creciendo. Es fundamental que en el día el chico haya jugado, haya estado con sus padres, haya salido al exterior. Hay veces que se cayó y se lastimó y esa noche puede ser que sueñe con eso. Es importante hablarlo durante el día”, afirma.






