
Sobre las antinomias
River y Boca son mucho más que dos equipos de fútbol cuyos simpatizantes han generado una rivalidad que trasciende todas las fronteras. Rodolfo Braceli desentraña con relatos cómo funciona esta relación en la cual ninguno sobreviviría sin el otro. Aquí, un fragmento del prólogo, titulado El fútbol: ¿hasta cuándo una escritura de cabotaje?
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En estas páginas se puede llegar a avizorar el síndrome de la falta de enemigo, desasosiego latente en tantos hinchas de Boca cuando River se fue al descenso.
Transitando este camino por supuesto emerge la cuestión de las antinomias, esa adicción que condimenta y hasta motoriza el vivir y morir de los argentinos.
Pienso y siento que ser de River, o ser de Boca, o ser de cualquier club, es algo que le puede pasar a cualquiera. Ser argentino no es nada del otro mundo, también es algo que le puede pasar a cualquiera. Y ser argentino, derecho y humano, es algo que nos pasó, a nosotros, madremía. Y que no está de más recordar.
Pero el derrumbe insoportable de River nos demuestra una vez más, fútbol mediante, que puede haber vida después del apocalipsis. Y que la vida siempre continúa. Por el momento. Al menos mientras el aire y el agua del planeta tengan semblante y pulso. Mientras no insistamos, con suicidante alevosía, en aniquilar el planeta entero.
Pero adónde me fui a parar, si lo real es que estas historias tendrán pulso o no, por lo que literariamente valgan o no.
¿Por qué no un género menor?
A esto quería llegar. No puedo ni quiero ocultar que mi propósito es que estos relatos sean un aporte para vadear ese prejuicio, naturalizado de tan arraigado, que desde siempre viene discriminando a la literatura futbolística considerándola –aunque sin explicitarlo en voz alta– un género simpático, pero menor. Pienso que el hecho de que una narración, un poema, una obra de teatro, una película, una canción, un cuadro, tengan al fútbol como asunto, como eje o como detonante, no tiene, fatalmente, por qué achicar sus posibilidades estéticas.
Sin ánimo de comparación, algo o mucho de esta discriminación que proviene no de genuinos intelectuales sino de intelectualudos impostados, en su momento la padecieron, sin ir demasiado lejos, Roberto Fontanarrosa y Osvaldo Soriano. Por años sus novelas y cuentos fueron valorados con cierta condescendencia. Es como que no se les perdonaba su extraordinaria eficacia a la hora de captar la esencia de lo popular, como si el fútbol y lo popular no tuvieran derecho a los rigores de la mirada crítica, a los pulsos de lo estético.
Lo digo de otro modo: un poema, un cuento, una novela, un ensayo o una obra de teatro sobre fútbol son genuinas, intensas, cuando su escritura es genuina e intensa. Y son impostadas y desmayadas cuando su escritura es impostada y desmayada.
Aprovecho la ocasión para insistir en que, como asunto literario, como materia de ficción, el fútbol, desde eso que llamamos canon, si no es negado, por lo menos es minimizado o analizado críticamente desde la condescendencia.
Pienso que esta negación, disimulada o explícita, encarna un prejuicio güevón, no de intelectuales, sino de intelectualudos que confunden la chatura con el nivel del mar, la caspa con la nieve. Que un cuento, novela, poema, suceda desde o sobre el fútbol, a priori no debiera condicionar ni su nivel estético ni su trascendencia. Pero el caso es que no cuesta nada detectar cierto racismo, cierta discriminación hacia la literatura futbolera, discriminación a veces encubierta por esa mirada, insisto, de simpatía tolerante.
- Querido enemigo
Rodolfo Braceli
(Planeta) 243 páginas - El autor es poeta, dramaturgo, cuentista, periodista, autor de una veintena de libros, entre otros: El último padre; De fútbol somos; Don Borges, saque su cuchillo porque...; La Misa humana; Vincent, te espero desnuda al final del libro. Sus libros más recientes: Perfume de gol, la biografía Mercedes Sosa, La Negra y Escritores descalzos.





