Solo contra todos

Gaspar Noé estrena el jueves, finalmente en su país, el film que pretende, según sus propias palabras, "que se arme la podrida". Aunque ya tuvo premios en Cannes 99 (de la Semana de la Crítica) y en los festivales de Sarajevo, Estocolmo, Nammur (Bélgica) y Sitges (Barcelona)
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10 de marzo de 2000  

Escándalo. Eso es lo que Gaspar Noé pretende que su película genere en la Argentina. Quiere gente indignada, que se enoje, que mande cartas a los diarios. "Que se arme la podrida. Eso me divertiría más que el hecho de que funcionara bien, pues ya la hice rentable", dice. "Me gustaría que pasara algo como lo que podría haber ocurrido con "Ultimo tango en París"", detalla Noé, de 36 años, acerca de "Solo contra todos", el primer film suyo que recorrió el circuito comercial.

Pero Noé, que vivió entre los 6 y los 13 años en la Argentina y que hoy es un parisiense más, no es muy optimista al respecto. "Como se estrenará de manera semiconfidencial, en tres o cuatro salas que pasan cine iraní, o alemán, tipo Lorca, no creo que la gente se enoje. Para lograr eso hay que contar con actores muy conocidos y con una infraestructura de promoción que indigne al público", sostiene. Tibiamente desalentado, agrega: "Si fuera una película medio porno o incestuosa, con actores norteamericanos, la gente sí se escandalizaría".

El motivo del hipotético escándalo sería el mismo que le impidió conseguir financiamiento en Francia para esta película: un final incestuoso. "En ese final yo no pongo un cartel que diga: esto está mal. Entonces, los que podrían haber puesto la plata tuvieron miedo", explica. Cuando el film empezó a rodar de festival en festival, ahí se abrieron las puertas para su distribución, y la obra resultó un moderado éxito.

La película de Noé -que es hijo del pintor argentino Luis Felipe Noé- narra la historia de un carnicero que ha pasado los cincuenta años y que toma conciencia de que todo le ha salido mal. Ahí aparece la crisis y el hombre decide rehacer su vida. "Es un existencialismo negro", opina Noé acerca del tono de su película, que contiene mucho humor involuntario. Noé tenía como referencia, al pensarla, la película "Los perros de paja". "Pero me hace acordar más a Los olvidados", de Buñuel. En principio, la mía era una película seria, pero terminó teniendo mucho humor. No fue algo deliberado; se me escapó; cuando uno pasa mucho tiempo con una obra, tu verdadera personalidad surge", dice.

Esa verdadera personalidad de Noé incluye un acentuado gusto por ciertos temas ligados a la locura o, como él dice, "los estados alterados de la conciencia". Por ejemplo, está muy entusiasmado con un libro que consiguió en una librería alternativa de París que narra los experimentos hechos por la CIA, la central de inteligencia norteamericana, en hospitales psiquiátricos de Canadá. También se entusiasmó con material sobre otros experimentos de la CIA relacionados con el ácido lisérgico.

"La locura tiene mucha potencia visual -analiza-. Si buscás imágenes no vistas para utilizar en una película, por ahí te sirve un libro de cuadros hechos por internos de un hospicio. Son asociaciones visuales que te pueden servir para tu propia obra, pues pueden sintetizar estados emocionales de una manera inesperada."

En aquella librería parisense en la que consiguió los libros de la CIA es donde se sumerge cuando le agarra angustia. Entonces, necesita consumir y se pone a revolver pilas y pilas de libros que llegan hasta el techo. Compra historietas, género del cual es fanático, libros sobre pintura, material semiporno y textos curiosos.

Todo eso forma parte, por supuesto, del fondo cultural con el que elabora sus films. En el caso de "Solo contra todos la narración es más o menos tradicional, pero hay un juego permanente con el lenguaje que Noé atribuye a su origen hispano. "Yo quería divertirme con el lenguaje -dice-. Y eso es muy hispano, diferente a lo que hacen los franceses. A lo largo de toda la película hay una voz en off que juega con eso."

Y si de orígenes se trata, no parece casual que el protagonista sea un carnicero. El cree ver, ahí también, una relación con lo argentino. De hecho, cuando vuelve cada tanto a la Argentina uno de los motivos principales para hacer el viaje, además de visitar a la familia, es comer carne. "Hay gente que va para ir a una quinta o para bañarse en el Tigre -asegura-, pero uno de mis objetivos es la carne. La como mañana, tarde y noche: vacío, tapa de asado, entraña É" Quizá como un homenaje, la película anterior a "Solo contra todos" que él destaca es su mediometraje Carne; el protagonista de aquella obra era, como en esta última, un carnicero en crisis.

Para los argentinos, Noé es argentino; los franceses lo ubican dentro del cine argentino radicado en Francia. El se reconoce argentino, pues sus padres lo son y porque pasó parte de su infancia y su adolescencia en Buenos Aires. El Año Nuevo de 1977 lo encontró en un barco, en medio del océano Atlántico; había llegado la dictadura y sus padres se vieron obligados a buscar el exilio francés. Cuando tenía 17 años, Noé ingresó en una escuela de cine, pues había terminado el secundario muy temprano. A los 19 egresó y ya tenía experiencia como cameraman, iluminador y director.

"Como no quería laburar -reconoce-, me puse a estudiar filosofía para matar un poco el tiempo, y estudié de una manera un poco chanta. Después me puse a realizar cortometrajes y a trabajar como asistente de dirección." Tuvo la oportunidad de ser asistente de Pino Solanas en algunas de sus películas, y ahí cayó en la cuenta de que el cine era una industria.

"Yo venía de hacer cortos y cosas así y de repente vi un mundo paralelo. Las películas de Solanas tienen una finalidad artística que no poseen muchos otros films, pero al mismo tiempo se trata de una industria. Cuando salís de la escuela de cine pensás que el cine es un guión pasado a imágenes, y que todos los que están involucrados son cinéfilos. Y no. Cuando te metés en una producción con muchos técnicos ves que uno de cada diez es cinéfilo, y que los demás trabajan ahí como podrían trabajar en un café o vendiendo camisas en plaza Once. Y ves, también, que hay salarios, conflictos laborales y etcétera. Otro mundo".

En los hechos, a él no le gusta el mundo de la filmación. Prefiere pensar la película, escribir el guión y montarla, y evitarse todo ese terreno de trabajo pesado, egos, cansancio. Además, opta por trabajar con actores no profesionales, gente de la calle, a pesar de que el protagonista de "Solo contra todos" es actor (y sólo ahora, con este film y a los 60 años, le llegó la notoriedad).

"Los seres humanos de la calle son mucho más seres humanos que los actores que pretenden serlo. Prefiero a un pobre o a un psicótico antes que a un actor que haga de tal. Hay mucho coqueterío entre los actores, y eso se nota. La gente que decide encarar este oficio proviene de la clase media o media alta, y si querés alguien que parezca realmente un proletario conviene agarrar un proletario de verdad. En teatro es diferente, porque tenés que memorizar un texto y todo eso, pero en cine, que podés compaginar, no es necesario. Y no hay problemas con la cámara. Por supuesto que si al tipo le decís acá está la cámara, concentrate, se va a endurecer. Pero si filmás sin que nadie se dé cuenta, haciéndole una seña al cameraman para que empiece a rodar, no hay problema."

En un bar antiguo de París, mientras toma un café, detecta a una señora un poco extraña que bebe algo junto a la barra. Se entusiasma. "Ahí tengo una extra", dice. Es mediodía y enfrente del bar hay otro bar en el que baila, junto a la puerta, una rubia decadente y desaforada. Noé mira desde la calle, atento, y también parece evaluarla como extra. Conocedor del terreno, indica : "Es una de las prostitutas de la zona". Su placer por trabajar con no profesionales lo ha hecho incluir en "Solo contra todos" al encargado de su edificio, que personifica a un portero yugoslavo al que no se le entiende nada de lo que dice.

Con todo este contexto de amateurs y de presupuesto bajísimo, cuya suma no quiere revelar, la filmación de la película duró cuatro años y medio. Como el filme anduvo bien, pudo pagar las deudas que contrajo para hacerlo. "No gané guita", declara. Ahora se lo ha comprado Canal Plus, un canal de cable francés que le pagará 25 mil dólares por emitirlo cuatro veces. "De todos modos, pasé mucho tiempo con la paranoia de que en cualquier momento me iban a tocar el timbre de casa para llevarme los muebles y cobrarse las deudas."

Declarado admirador de películas como "Taxi Driver" o "Los perros de paja", y de directores como Passolini, Kubrick y Fassbinder, Noé sostiene que le interesa un tipo de cine "social, de seres humanos solitarios que luchan contra las fuerzas omnímodas de la vida y de la sociedad". Ahora prepara una película que será la historia de un vendedor de drogas que se equivoca en algo y se desbarranca en la mala suerte. "Todo lo que he filmado hasta este momento -dice- es más o menos lo mismo: la historia de un hombre en combate contra los otros seres humanos, que no le desean el mal, pero que están todos desesperados por sobrevivir, aplastándose mutuamente."

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