Somos hijos del rigor: reprogramar la mente para lograr un cambio de hábitos

Daniel Tangona
Daniel Tangona PARA LA NACION
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10 de marzo de 2019  

Pasa demasiado seguido: la gente decide empezar a llevar un estilo de vida más amigable con su organismo una vez que la enfermedad ya ingresó en su existencia y echó raíces. Y aunque siempre es preferible empezar tarde que nunca a hacerlo, estas personas por lo general tampoco consiguen mantener esa filosofía por mucho tiempo. Es lo que pasa cuando las decisiones provienen del miedo. Porque sí, somos hijos del rigor.

Charlando sobre este tema con mi amigo el psicólogo y neuropsicólogo Sergio Lotauro, coincidimos en que es muy difícil que el temor induzca a un cambio duradero. "Tan pronto como el estímulo que nos asusta desaparece, o es mínimamente controlado, también desaparece la motivación para llevar adelante nuestro cometido", desglosa.

No es necesario esperar a que te diagnostiquen una enfermedad grave para hacer ajustes saludables en tus hábitos cotidianos. Porque puede que para entonces ya sea demasiado tarde. Hoy mismo es momento de empezar, y de hacerlo convencido, porque los verdaderos cambios se logran cuando estamos seguros de que esa transformación nos beneficia. "El miedo tiene el poder para asustarnos en un instante, como cuando vemos una escena sorpresiva en una película de terror, pero pasado el susto inicial respiramos aliviados y continuamos nuestra vida como si nada", describe Lotauro.

Por eso, si vas a introducir mejoras en tu estilo de vida, también deberías reestructurar tu mente. Porque por cuestiones evolutivas nuestro cerebro quiere que seamos gordos, y en pos de lograr su objetivo nos puede presentar algunas imágenes tentadoras para torcer nuestra voluntad. Tratar de cambiar un mal hábito focalizando la atención en evitarlo siempre es una pésima idea que conduce al fracaso. Si, por ejemplo, te pusiste a dieta, no conviene repetirte que "no podés comer helado de chocolate", ya que la sola idea de esa negativa va a llevar tu foco de atención hacia el helado que querés evadir. Va a aparecer en tu imaginación con total claridad y tu fuerza de voluntad se va a ir al tacho.

¿Qué recomienda la ciencia entonces? "En casos como este, la palabra no, que podemos interponer a lo que nos esforzamos por evitar, no tiene demasiado peso. El cerebro la desecha, la anula y se queda con la visualización del riquísimo helado de chocolate", sostiene. Así, cuando nos enfrentamos a situaciones como estas, es preferible llevar el foco de atención hacia conductas alternativas positivas. Volviendo al ejemplo anterior, en lugar de decirte "no puedo comer helado de chocolate", es preferible que te digas "voy a comer una jugosa manzana verde" o, mejor todavía, "voy a salir a caminar para relajarme, respirar hondo y sentirme mejor". En ese pequeño camino de decisiones positivas y reprogramaciones de la mente está la receta de un cambio duradero. Que, se sabe, se hace pasito a paso, pero vale la vida entera.

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