
Son fibras naturales que se destacan por su nobleza
Brindan calidez a todas las ambientaciones
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Desde comienzos de la historia de la industria textil se emplean fibras naturales. Es que antiguamente todos los tejidos eran elaborados con hilados de origen vegetal (algodón, lino, rafia) o animal (lana y seda). No existían las fibras artificiales.
Como ventajas principales, el algodón y el lino cuentan con las características de ser géneros sumamente nobles y de tener una gran perdurabilidad.
Lo concreto es que sentarse en un sofá tapizado en un chenille de algodón es mucho más agradable que si lo hacemos sobre uno tapizado en tela de poliéster. Estas fibras otorgan a los tejidos una calidez única y brindan una imagen visual muy diferente de las demás. Al tacto, dan una sensación que las artificiales no pueden igualar.
Si bien tienen algunas desventajas, son fácilmente solucionables. La excesiva exposición a la luz solar termina decolorándolas. Eso se evita forrando las cortinas con algún satiné que las proteja.
En los últimos años y a pesar de su larga historia, creo que existe una tendencia hacia las fibras naturales. Esto se relaciona con el cuidado del medio ambiente: las artificiales se elaboran con recursos naturales no renovables, en cambio las naturales provienen de fuentes inagotables.
Por otra parte, la tecnología se ha aplicado también en el rubro textil. Tanto al lino como al algodón se les realiza procesos especiales de descrude, apto para estampa y blanqueado, entre otros. Sin ellos, se obtendría un producto sumamente rústico.
Por el contrario, se consigue un tejido de singular calidez.
Me dedico a este rubro desde hace 26 años; los últimos 24 transcurrieron en De Levie, empresa que con más de medio siglo en el área se comprometió permanentemente con la búsqueda de nuevos productos, privilegiando la calidad.
El autor de esta columna es gerente general de la firma De Levie.






