
Soriano
El jueves se estrena en el Cosmos el documental de Eduardo Montes-Bradley
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El Gordo, como lo llamaban sus amigos, es el protagonista de este film que descubre a Osvaldo Soriano como escritor y como hombre por medio de declaraciones intimistas de aquellos que lo conocieron.
Eduardo Montes-Bradley prefirió para su primer documental mantener la figura de Soriano en un segundo plano. "De hecho no está y cuando aparece está animado por Vicky Biagiola y Liliana Romero -explica el director-. Buscamos jugar con las contradicciones y presentar a un Soriano diferente."
En todo momento el joven realizador intentó alejarse de los documentales panfletarios o que buscan realzar una figura. "Por qué hay que mostrar todas las cosas maravillosas de una persona, por qué no jugar con sus contradicciones que pueden llegar a hacerlo más interesante", se pregunta.
En Soriano, aparecen aquellos que idolatran al escritor y otros que cuestionan algunas de sus actitudes, como Martín Caparrós y José Pasquini Durán.
"Prefiero esto -enfatiza Montes- Bradley-, que Caparrós diga que era un tipo complicado, que Pasquini Durán le recrimine a Aida Bortnik que no era un santo, a que Héctor Olivera, que hizo tres películas con él, diga que siempre estuvo todo bien. Me molesta que todo el tiempo intentemos crear mitos."
Contexto histórico
A pesar de que son contemporáneos, el director nunca conoció personalmente a Osvaldo Soriano. "Esto no me jugó en contra ni a favor -considera-. Construí el documental en función de lo que dijeron quienes lo conocieron. Siempre me interesó descubrir al hombre en su contexto histórico, más que los datos de dónde nació, cómo creció y dónde estudió."
La relación entre cine y literatura es el eje elegido por Montes-Bradley para ir tejiendo diferentes vertientes. "En una parte se debe a que a mí me interesa el cine, y también le fascinaba a Soriano -dice-. Pero si hay algo que me impulsó a hacerlo fue una apreciación del periodista italiano Nico Orengo, que confesó que Soriano sabía cómo plasmar el cine en sus libros."
Uno de los mayores logros del documental es que consigue interesar por igual a aquellos que alguna vez leyeron a Soriano y a otros que sólo conocían su nombre.
Las declaraciones y las imágenes de archivos se complementan dando lugar a curiosidades que son un acierto, como poder ver el café El Refugio, que el escritor frecuentaba durante su estada en Francia y que menciona en su novela El ojo de la patria. Con la misma obra está relacionada la tumba de Julio Carrie en el cementerio parisino Pére Lachaise, muy cerca de donde descansa Oscar Wilde. La cámara de Montes-Bradley se detiene en la sepultura de Carrie donde se puede leer: Doctor en leyes, inspector general de consulados, agente confidencial del gobierno argentino, 1857-1910 . El nombre del que yace en esas tierras y el epitafio de su tumba inspiraron a Soriano para las aventuras del espía argentino Julio Carré.Como broche de oro, el director incluyó en el documental un corto realizado por Soriano y unos amigos, rodado en Tandil en 1962, titulado Un joven de nuestro tiempo . "Tuve que terminarlo -asegura Montes-Bradley-. El material estaba en cámara sin armar. Hasta los títulos que aparecen (al viejo estilo de las películas mudas) los escribí, intentando mantener el estilo y el humor de Soriano. Fue un trabajo que me llevó varios meses."
A pesar de que llevar adelante el documental resultó una tarea compleja, el director asegura que no quedaron muchas cosas en la mesa de montaje. "Fue un trabajo muy prolijo."
Ya está todo preparado para que el jueves llegue al Cosmos este primer documental de Eduardo Montes-Bradley, como parte del esforzado plan de los dueños de esta sala para dar cabida a productos de dificil estreno comercial.
"Está muy bien"
Se ve y oye con mucho gusto e interés sostenido. Está muy bien. El Soriano de Montes Bradley es literalmente un documental, no otra cosa. Aporta como debe ser documentos -voces- de su entorno; también algunas imágenes -no demasiadas- personales más o menos raras y sobre todo opiniones: muchísimas, acompañadas de descripciones ("el Gordo era así", "Soriano decía que...") de conducta, palabra y obra.
Así, este Soriano no es una biografía del escritor Osvaldo Soriano (Mar del Plata 1943-Buenos Aires 1997) ni lo quiere ser; no es una hagiografía porque no podría serlo aunque quisiera, y no es una tesis porque los documentos orales de testigos y las imágenes de películas que tradujeron sus textos, están barajadas, superpuestas pero no armadas para completar una figura previamente esbozada. Tampoco rellenan un rompecabezas porque no había una forma anterior, un Gordo modelo, una necesaria idea de Soriano. Mejor así.
Tampoco es la anarquía ni muchísimo menos. Es un repertorio necesariamente parcial de opiniones que, como siempre, definen tanto al opinado como al opinador. El resultado es rico y cumple su función básica, deseable para cualquier escritor: dan ganas de leer a Soriano.
El espectro va desde las anécdotas en que el testimoniante se incluye, coprotagoniza (de Dorfman a Fresán, con algún segmento de Bayer), a la casi pretextual bajada de línea -Galeano, el patriarcal Fernando Birri desde La Habana-, a los sagaces encuadramientos político-interpretativo de Pasquini Durán o literario-interpretativo de Feinmann, hasta cruces más incisivos, como el cascotazo de Caparrós, con mucha altura. Hay de todo.
El toque definitorio de Dalmiro Sáenz es preciso; lo de Luppi, cálido y creíble como lo de Bortnik o lo de Dal Masetto, mientras Olivera mira de cerca, pero de afuera. Es muy bueno lo de los años de Bruselas y París, pero uno se queda con ganas de más, mientras que Gianni Mina y Maurizio Matteuzi explican por qué pasó que Soriano empezó ganando de visitante en Italia...
No podían faltar los rostros de Perón en Actualización Política ni los de Borges desactualizándose con sabiduría. Y Cortázar, claro.
El que arranca y da un tono raro y a la vez deja vu es Santo Biasatti pero Stan Laurel compensa: la descripción de su rostro sacada del comienzo de Triste, solitario y final , dicha en off por el Gordo y acompañada con increíble foto fija es lo mejor de la película.






