Sorpresa: encontraron enterrados huesos de mono en el castillo de Nottingham
Se trata de tres especímenes que vivieron a fines del siglo XVIII en Inglaterra; los investigadores creen que eran mascotas de una aristócrata de la época
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El mítico castillo de Nottingham, en Inglaterra, lleva cerrado al público ya tres años. En él se llevan adelante tareas de remodelación y mantenimiento que tienen un costo cercano a los 30 millones de euros. Patios, salones y habitaciones son sometidos al incansable trabajo de obreros que acuden todos los días para poner a punto al establecimiento de cara a su reapertura turística.
En una de las habituales jornadas de reparación, los trabajadores encontraron en uno de los patios internos extraños huesos antiguos. Al notarlo, llamaron a las autoridades y acudieron al lugar miembros del York Archeological Trust, comandado por Gareth Davies. “El palacio ducal se había convertido en departamentos en ese entonces y estos huesos fueron usados para hacer una capa niveladora en el suelo”, expresó en diálogo con medios locales.

La investigación en torno a los restos logró determinar su procedencia: muchos pertenecen a tres monos guenon, especies autóctonas de África central y occidental y, otros tantos, a una grulla europea. Ambas especies eran consideradas exóticas en ese entonces y comercializadas a un alto valor por su rareza.

“Creemos que la gente tenía un pequeño zoológico en los terrenos del palacio ducal antes de convertirlo en departamentos”, explicaron los expertos. Por otro lado, todo parece indicar que pertenecían a Jane Kirkby, una heredera del hijo ilegítimo del conde de Chesterfield que acuñó una gran fortuna y vivió en el castillo a fines de 1700.
Por otro lado, se está intentando averiguar la causa de la muerte de los animales. Mientras tanto, a juzgar por el desgaste de los dientes, Davies afirmó que vivieron “hasta una buena edad”, por lo que intuye que su muerte se debió a causas naturales.
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