
Soul Cycle, en el corazón del lujo neoyorquino
Una cronista prueba este método que revolucionó las clases de gimnasia grupales y fue adoptado por las celebrities
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Somebody come get her, she's dancin' like a stripper/ Somebody come tip her, she's dancin' like a stripper ("Alguien venga a agarrarla, está bailando como una stripper/ alguien venga a darle una propina, está bailando como una stripper").
La canción del dúo de hip hop de los bajos fondos de Atlanta Rae Sremmurd parece el leitmotiv del encuentro. No sólo es el tema que suena más fuerte y se repite durante los 40 minutos de sudorosa actividad física, sino que sigue sonando en los parlantes del vestuario mixto, donde veo una especie de desfile de minishorts ultraadherentes, tops al ombligo con recortes estratégicos y cascadas de pelo rubio que se sacuden al ritmo.
Sin embargo, las mujeres en cuestión están lejos de ser las chicas locas en un bar de mala muerte en los Estados Unidos profundos a los que hace referencia la canción. Son, por el contrario, parte de las llamadas "princesas de Park Avenue", las señoras más poderosas y respetables de la Gran Manzana, cuya vida transcurre entre las reuniones en los colegios de ultraelite a los que envían a sus hijos y los patronatos de las instituciones de beneficencia a los que pertenecen.
Y los hombres no son los raperos multiétnicos, sino algunos de los "amos del universo" que viven en el barrio. Personajes tan senior de Wall Street que hace años que -por supuesto- no hace falta que lleguen temprano a la oficina. Hay mucho tapado de piel para ponerse a la salida por encima de las calzas, diamantes discretos en ellas, grandes relojes de marcas sólo para entendidos, en ellos. Afuera esperan los Land Rovers y Cadillac Escalades con chofer (la limusina, un clásico de Nueva York, ya es tan passé).
Bienvenidos al Soul Cycle del Upper East Side de las 9.30 de la mañana. Soul Cycle es el fenómeno que vino a revolucionar la industria del lujo en un segmento considerado impensable: las clases masivas de gimnasia. Hasta que llegó Soul Cycle, lo único socialmente aceptable era tener un personal trainer en la privacidad de la propia casa o un ascético espacio de yoga. Aquí cada alumno está a pocos centímetros del otro, y literalmente a uno lo salpica bastante el sudor ajeno. Pero sus creadores supieron manejar tan bien el tema de la exclusividad que Soul Cycle no sólo es un fenómeno cultural al que se subieron desde Lady Gaga hasta el magnate de la moda Mickey Drexler. En la sucursal de Washington es común ver a Michelle Obama ejercitándose junto a decenas de desconocidos y algunos miembros del servicio secreto. En la sede de Tribeca -convenientemente ubicada frente al nuevo edificio central de Goldman Sachs-, el que quiera ponerse en forma con una de las habitués, Chelsea Clinton, puede hacerlo este fin de mes en una sesión donde ya anunció que va a recaudar fondos para la campaña presidencial de su madre. Otra alumna cotidiana de esas clases, Jenna Bush, se estima que se ausentará esa tarde.
¿Cuál es el secreto de estas clases de gimnasia que, en las palabras de la Vanity Fair, "parecería que se propusieron poner en forma a toda la clase dirigente americana"?
Soul Cycle se basa en bicicletas fijas. Pero no es el spinning tradicional. El instructor es un DJ con batea que va bailando entre las bicicletas, sin corregir a nadie, pero con un micrófono donde comparte frases inspiradoras estilo telepastor carismático. Algunos tiran agua mineral a los alumnos como en un bautismo comunal, y muchos han llamado a Soul Cycle la religión de los millenials. Las clases son oscuras y con velas que se alternan con luces de discoteca, y sobre las bicis hay pesitas y se hacen movimientos de baile con los brazos y la cabeza. En el fondo se proyecta una ruta sobre el mar y en la penumbra, los alumnos agazapados pedaleando parecerían ser el pelotón de un tour de France con onda.
En primera persona
En los gimnasios Soul Cycle uno no se puede hacer socio, sólo comprar un pack de clases. Luego, para reservar una bicicleta hay que llamar por teléfono los lunes, a las 12. Si uno consigue línea unos minutos más tarde, seguramente le digan que ya no quedan plazas. Y al estilo "sobrevendido" del avión, uno puede llegar a la clase y enterarse de que su bicicleta fue adjudicada a otro y tiene que esperar hasta cuando se haga una vacante en clases posteriores.
Nunca entendí cómo tantos neoyorquinos acostumbrados a hacer lo que quieren cuando quieren si tienen fondos y poder se prestan, felices, a estas manipulaciones. Así que fui a probarlo.
Les pregunté a las madres con cuerpos envidiables del barrio dónde debía anotarme. No lo dudaron: las clases matinales de Staecy Griffith. "Stacey G", como la conoce todo el mundo, es tal estrella en sí misma que no sólo, según diversas revistas, "transformó el spinning en una forma de arte, con su energía infecciosa y sesiones de alta intensidad", sino que es la favorita de Oprah, que en los Estados Unidos lo sigue diciendo todo. Otra mamá que tiene una cadena de boutiques de lujo se volvió tan fan que lanzó ropa con algunas de las mejores frases de Stacey. Y así, un comentario de Stacey originariamente respecto de la bicicleta fija, "reventala con fuerza como si fuera tu tarjeta de crédito", impresa en una camiseta blanca, se convirtió en la prenda de rigor el verano último en los Hamptons.
Por supuesto que cuando llamo a las 12 nadie me atiende y cuando, finalmente a las 15, consigo línea ya no hay plazas. Pero a través de la oficina de prensa se obra el milagro. No sólo eso, sino que al llegar a la clase veo que me adjudicaron la bicicleta justo frente al espejo y la tarima donde está la profesora. El tema en Soul Cycle no es sólo conseguir bici, sino que la geopolítica de dónde a uno lo ubican determina su importancia.
Esto es muy bueno, más allá del masaje al ego, porque una gran amiga princesa de Park Avenue está al lado y me trae los tapones que reparten en la entrada para que la cabeza no explote con la música si uno no lo desea. También me ayuda a colocarme en la bicicleta con las zapatillas especiales que se enganchan en los pedales. Esto está muy malo porque mi idea era observar de manera inadvertida. Y se pone peor cuando oscurecen el ambiente; antes de la bola de boliche, prenden luces negras por un largo período. Resulta que mi única ropa de ejercicio era la blanca de tenis (la súper cool de spinning que venden en la entrada con el logo de Soul Cycle es carísima, así que descarté cambiarme). Y entre las cincuenta personas pedaleando en diversos tonos de gris, yo de blanco impoluto, soy la única que brilla como si estuviera protagonizando el Teatro Negro de Praga.
No será mi único momento incómodo. Hay carteles que indican todo (que uno debe usar desodorante por la cercanía con los otros alumnos, que no se puede hablar con los amigos para no distraer al resto). Pero nada señala que los vestuarios son unisex. Así que cuando salgo de la ducha envuelta en mi escueta toallita y oliendo al pomelo sintético (pero muy agradable) del jabón signé Soul Cycle, grande es mi sorpresa al encontrarme rodeada de señores poniéndose el traje y la corbata.
Las mujeres en general vuelven a ducharse a sus casas, y si no, se meten en los cubículos de los inodoros a cambiarse, me enteré después. Aunque todo el mundo fue extremadamente educado, las miradas dejaban entrever que la única verdadera stripper de esa sesión matutina parecía yo.
¿Volvería igual? Encantada. Tras el éxito extraordinario, Soul Cycle ya es una compañía que cotiza en Bolsa, están abriendo sucursales por todas partes y se volvió tan aspiracional que hasta Target, la tienda de descuento, va a sacar una línea de ropa con el logo como antes solían hacer con los diseñadores más cool del momento (Derek Lam, Jason Wu, Prabal Gurung, etcétera). Y claro, es entendible, teniendo en cuenta que las clases son cortas, divertidas y un auténtico espectáculo para observar. Ahora; si uno quiere verdaderos shows, periódicamente hay sesiones especiales. No estamos hablando de montar una bici junto a Chelsea Clinton, sino, por ejemplo, el ya célebre "supermodel ride", donde el ganador (usualmente hombre) de una subasta a beneficio para la lucha contra el cáncer participa de una clase donde todos los otros alumnos son ángeles de Victoria's Secret.
También hay un día en que hay que ir con crazy clothes o ropa loca, y el dinero juntado va para la investigación en alergias serias. Esa sesión toca pronto. Y si esta vez concurro vestida de tenis, nadie va a poder decir nada.
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