Suavemente y hacia arriba
Comprarlos es un placer muy caro, pero en nuestro país ya hay treinta de ellos. Cuestan unos 50.000 dólares, y constituyen un pequeño boom: este año habrá en la Argentina tres regatas, todo un espectáculo incluso para quienes lo mirarán desde abajo.
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Desde la ignorancia de nuestra condición mortal, cualquiera que haya volado en globo podría describir la experiencia como la sensación de un alma que se desprende del cuerpo. A los pies, un desfile de paisajes con despliegue de bosques, ríos o campos sembrados conforma una sucesión de instantes efímeros. Después, la memoria los hará eternos.
Bastante bien lo explicó Jorge Luis Borges en su Atlas , aunque hay quienes consi- deran inútil relatar las experiencias de un hecho no compartido. "Si alguien ignora la peculiar felicidad de un paseo en globo -se excusó una vez-, es difícil que yo pueda explicársela".
Sin embargo, tras el vuelo junto a María Kodama en California, el escritor sintetizó: "Como lo demuestran los sueños, como lo demuestran los ángeles, volar es una de las ansiedades elementales del hombre. Ciertamente el avión no nos ofrece nada que se parezca al vuelo. No se asemeja al vuelo de los pájaros ni al vuelo de los ángeles. Los vaticinios terroríficos del personal de a bordo, con su ominosa enumeración de máscaras de oxígeno, de puertas laterales de salida y de imposibles acrobacias aéreas no son, ni pueden ser auspiciosos. Las nubes tapan y escamotean los continentes y los mares. Los trayectos lindan con el tedio. El globo, en cambio, nos depara la convicción del vuelo, la agitación del viento amistoso, la cercanía de los pájaros...".
Dos siglos después del primer vuelo humano, el principio básico del aerostato no revela muestras significativas de evolución: un canasto, una funda de aire y un quemador. Los ingenieros y constructores están concentrados en perfeccionar los quemadores para mejorar la combustión y disminuir el ruido en el momento de liberar el gas.
En el silencio ausente de hélice y turbinas, los pilotos del 2000 se elevan en sus globos como pompas de jabón a la deriva de la misma forma que, bajo la mirada atónita de María Antonieta, una tripulación integrada por un gallo, un pato y una oveja se elevó a 12 metros de altura sobre los jardines de Versalles en 1782.
La gloria del primer vuelo, tras la vehemencia de Icaro y la imaginación de Leonardo da Vinci, correspondió a los hermanos Montgolfier, que a fuerza de combustión de papel hicieron subir a los animales sobre un globo de tafetán de Lyon. Después se utilizó la combustión de paja y lana; hasta que, en este siglo, el propano reemplazó al hidrógeno.
El romanticismo, que todavía otorga su halo a la actividad, tuvo su paréntesis de practicidad cuando, inflados con helio, la armada francesa los utilizó durante la Primera Guerra Mundial para sus misiones de observación del enemigo.
Dicen que la manzana de Newton que inspiró a Joseph Montgolfier no cayó sobre su cabeza, sino que subió; y en realidad no fue una manzana, sino una camisa que remontó vuelo sobre la chimenea de su casa. Hoy, la nación que conquistó el aire llama a los globos montgolfiers , rindiendo homenaje al genio creativo de los hermanos. El primer vuelo humano también tiene sello francés, con nombre, apellido y fecha precisa: el 21 de noviembre de 1783, Jean François Pilatre de Rozier conoció la gloria -y la muerte, en su intento por cruzar el canal de la Mancha- en la conquista del espacio aéreo.
En el arte de surcar los cielos, el piloto no puede comandar su dirección, la tecnología no puede igualar al hombre, cuya habilidad indicará que suba o baje buscando la mejor corriente de aire, la dirección varía según la altitud.
El piloto -teniendo en cuenta el terreno más propicio para el acercamiento del vehículo que cargará el globo desinflado- combina su destreza y savoir faire en el momento de aterrizar.
Según las condiciones y la muñeca profesional, se puede tocar tierra con un pequeño golpe en seco, o en una serie de saltitos, tanto como terminar arrastrando la canastilla sobre el suelo. Así, ante la incertidumbre de no saber dónde se va a bajar, surgió la tradición de llevar una botella de champagne para brindar con el dueño de la tierra en que se aterriza.
Rolf Hossinger y Gilberto Riega estrenaron las licencias argentinas números uno y dos, el 29 de diciembre de 1973, originando en el país la actividad de globos de aire caliente con un globo Piccard de 1600 metros cúbicos que los pioneros trajeron de los Estados Unidos.
"Se hace actividad en prácticamente cualquier lugar plano -sintetiza Riega, instructor oficial con varios premios en aeromodelismo y piloto de avión-. El globo flota en el aire y se desplaza con el rumbo del viento y a su misma velocidad. Los ascensos pueden ser del tipo cautivo, en el cual el globo está sujeto a tierra por dos o tres sogas que limitan el recorrido como un ascensor que sube y baja; o libre, donde el piloto regula su altura con la aplicación juiciosa del calor." Como las alas de Icaro, el calor derrite también las intenciones de los globos; pues una temperatura ambiente alta dificulta la diferencia necesaria para remontar vuelo.
El conocido principio de Arquímedes proporciona el fundamento teórico: "Todo cuerpo sumergido en un gas experimenta un empuje hacia arriba igual al peso del volumen de gas que desaloja". Consecuencia: si el cuerpo pesa más que el volumen de gas que desaloja, cae; si pesa igual, se mantiene; y si pesa menos, se eleva.
El espacio físico para iniciar un vuelo no es mayor que un cuadrado de 50 metros de lado. Los globos tienen volúmenes prácticos desde 1600 hasta 3500 metros cúbicos, cuyo aire se calienta con quemadores alimentados con gas propano que se lleva en tanques especiales ubicados en la barquilla del globo, donde también van el piloto y los pasajeros. La principal limitación operativa es la intensidad del viento, por lo que siempre se sale al atardecer; o bien temprano, por la mañana.
Según estima Luis Laiún, presidente de la Asociación Aerostática Argentina, en el país hay alrededor de treinta globos. Lo pequeño de la cifra responde a que lo elevado de los costos cae sobre las espaldas de los aficionados, a diferencia de lo que ocurre en los Estados Unidos y en Europa, donde los globos son institucionales y representan uno de los mejores recursos publicitarios.
Un globo cuesta aproximadamente 50.000 pesos y cuenta con 500 a 800 horas de vuelo, como vida útil. Los cien pesos que se cobra a cada pasajero por hora de vuelo, o los 500 que se cobran a una empresa por el auspicio de su marca, cubren apenas la amortización.
Mientras aquí el dato más anecdótico podría describir que el globo más grande del país posee una altura equivalente a un edificio de diez pisos, en el resto del mundo se construyen obras de arte con formas de zapatillas, motos, botellas de cerveza y los diseños más insólitos, que hacen de éste uno de los recursos publicitarios más divulgados.
La locura del aire remontó vuelo cuando, a los 78 años, el millonario norteamericano Malcolm Forbes descubrió la pasión aerostática al volar por primera vez y encargó a Don Cameron construir un globo con la forma de sus pertenencias más queridas: su Harley Davidson, su castillo en Normandía y un busto de Beethoven, entre otros de sus afortunados objetos.
Si bien nadie se atreve a hablar de un boom en la Argentina, mucho significan las reuniones que todos los lunes convocan a entusiastas y aficionados en la sede aerostática de Anchorena 275. Gracias a su espíritu, el Campeonato Nacional de Río Ceballos (mayo), la Regata de Luján (septiembre) y la de Capilla del Señor (octubre) marcaron a 1996 como un año auspicioso: nunca antes se habían realizado tres regatas en un mismo año. Y se estima la participación de una veintena de globos en el próximo Campeonato Nacional de Río Ceballos, a realizarse en la semana del 21 al 25 de mayo.
Al margen de la pequeña fortuna que hace falta para comprar un globo, se necesita la aprobación de la Fuerza Aérea para volarlo; la institución también exige los mismos requisitos técnicos de seguridad que para un Boeing 747.
Norberto Barozza es piloto e instructor de globo, planeador y transporte de línea aérea. Y no sólo desempeñó con éxito el desafío aéreo desde un avión de carga durante la Guerra de Malvinas, sino que, junto con Rolf Hossinger, es señalado como uno de los personajes más queridos del ambiente aerostático. Todos lo conocen como El Comodoro.
El émulo de Eduardo Newbery cuenta: "El 2 de abril de 1987 hicimos el primer cruce en globo sobre el Río de la Plata. Lo realizamos tres globos en conjunto, de banderas uruguaya, española y argentina, como comienzo de los festejos por los 500 años del Descubrimiento de América". La misma hazaña que llevó a la desaparición del Pampero y Newbery, cuando éste intentaba alcanzar la gloria con un vuelo nocturno sobre las aguas.
En el mundo, los aerofans se entretienen haciendo acrobacias aéreas, como mantener el equilibrio sobre una cuerda desde un globo a otro, a más de 4000 metros de altura; cruzando las desoladas arenas del desierto del Sahara, y hasta remontando vuelo sumergidos en la profundidad del agua.
Dos siglos después del invento de los hermanos Montgolfier, los globos no han sufrido demasiadas modificaciones
En su estrepitosa Vuelta al mundo en 80 días , el gentleman Phileas Fogg utilizó todos los medios de transporte: trenes, coches tirados a caballo, barcos mercantes, un elefante para cruzar la India... y hasta un trineo a vela; aunque el cruce del Atlántico en globo apenas fue un recurso imaginado en la desesperación por llegar a Londres a tiempo. Pero Julio Verne se sacó las ganas de una odisea por los aires con su Viaje en globo , así como Wells dio rienda suelta a su imaginación con selenitas que se trasladaban de uno a otro lado de la luna en globos como los nuestros.
Mucha tinta han derramado los escritores al respecto. Es que a bordo el tiempo adquiere una dimensión especial. Allí se descubren momentos capaces de envolver la vida con un halo de serenidad. El ensueño es roto apenas por la brisa suave en el rostro y el esporádico rugir del gas, que cada tanto desconcierta el pastar de alguna vaca allá abajo.
El ascenso imperceptible, casi natural. La manera más noble de navegar los cielos. El silencio. Las imágenes perfectas de una tierra distante. Los límites de la contemplación se confunden en el hilo mágico e irreal de un alma que se desprende del cuerpo. Aunque después, quizá, llegue el aterrizaje forzoso.
Cómo son las pruebas
- La caza de la liebre. Se realiza cuando la intensidad del viento es suave (5 km/h). Un globo hace de liebre y el resto hace de zorro. La liebre traza un perfil de vuelo difícil de seguir para los otros, cambiando rápidamente de altura y dirección. A los 15 o 20 minutos de la salida de la liebre, despegan el resto de los globos, que deben aterrizar lo más cerca de la liebre posible y dejar una marca (1) que se puede lanzar desde el aire.
- Flyin. Es una de las pruebas más vistosas para el público porque los globos convergen en el centro. Se fija un lugar para el blanco (cruz de tela vistosa), como el centro de una plaza, una cancha de fútbol u otro lugar despejado donde el público pueda estar presente. Se establece una distancia mínima para el despegue de los globos y cada piloto elige libremente el sitio de partida tratando de imaginar los vientos que mejor lo llevarán al blanco. Generalmente esta prueba se combina con la de la llave, prueba en la cual se coloca sobre la tierra una columna de seis metros de altura con un premio importante en la cima (generalmente un lingote de oro o plata, las llaves de un auto 0 km, etc). El piloto que logre tomar el premio con la mano es ganador. Hace falta un vuelo de máxima precisión, el margen de error es la longitud del brazo. Es la más difícil de todas las pruebas, el promedio de cumplimiento es del 1%, aunque se conocen varios ganadores.
- Blanco declarado por el piloto. Cumpliendo una distancia mínima desde la partida, y en declaración jurada ante el juez, el piloto designa el lugar donde va a dejar caer su marca. Se trata de una prueba que no siempre es vistosa, pues a veces los pilotos prefieren salir de lugares diferentes.
- Prueba mínima de distancia. Es una de las pruebas más vistosas para el público, pues los globos despegan y aterrizan en un área de no más de 300 metros. Se hace con viento muy suave, casi calmo. En media hora o 45 minutos, los pilotos tienen que recorrer la menor distancia posible.
(1) La marca consiste en una bolsita de arroz o arena, que pesa 60 gramos. Posee una cola de tela de 1,70 m de largo y 10 centímetros de ancho. Es de color rojo, amarillo o naranja, para descubrirla fácilmente en caso de aterrizar en terreno sembrado.
La guía del globo
V
uelos e informes
- La Encantada, Capilla del Señor. (0323) 92063.
- Escuela Cuatro Vientos: 203-8459.
- Garuda: 798-9552 y (0488) 44528.
- Asociación Aerostática Argentina: 941-2999.
Precios (variables, según cantidad de pasajeros): desde $ 45, vuelos cautivos; y $ 120, vuelos libres de una hora.
D ónde comprar un globo
- Ultramagic S. A. * (España). Tel: 34-3-804-2202. Fax: 34-3-803-5604.
- Aerodromo Gral Vives: AP 171, 08700 Igualada.
- Representante en Argentina: Promaer Inc. Arenales 1395, Avellaneda. Tel/Fax: 203-8459.
- Cameron Balloons * (Inglaterra). Tel: 44 (0) 117 9637216. Fax: 44 (0) 117 9661168. St John Street, Bedminster, Bristol BS3 4 NH, UK.
- Balloons Works * (USA). Tel: (704) 878-9501. Fax: (704) 878-9505. 810 Salisbury Road, Statesville, NC 28677, USA.
(*) Unicas fábricas reconocidas en la Argentina por la Dirección Nacional de Aeronavegabilidad.
Carolina Robbiano
Fotos: Carolina Robbiano






