
Sumergido en Karlovy Vary
Los baños termales de Carlos y una sensual manera de beber
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A veces me toca realizar actividades completamente diferentes en la misma cuidad. Fue así en mi visita a la ciudad de Karlovy Vary, en la República Checa.
Esta es una ciudad balneario famosa por sus aguas termales que tienen, según los expertos, cualidades curativas.Fue nombrada así en honor a Carlos IV, emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico, llamada Karlsbad en alemán y su traducción literal es los baños termales de Carlos.
Aquí es donde la crema y la nata de la sociedad europea venía a relajarse y a socializar durante el siglo XIX, donde venían a aliviarse de molestias físicas y mentales.
Sus palacios-hoteles, como el Gran Hotel Pupp, el Imperial o el Sanssoucci eran y son el centro de grandes fiestas y reuniones.
Es una ciudad que gusta a primera vista. Colorida, pequeña y elegante. Con una arquitectura deliciosa que parece sacada de un cuento y atravesada por el río Tepla, caliente en checo, uno puede caminar por aquí y sentirse transportado a otra época.
La lista de personajes que han elegido esta ciudad es enorme. Beethoven, Chopin o Goethe, por citar algunos, pasaron temporadas aquí probando las curativas aguas.
Una de mis visitas a esta ciudad se dio en el marco del Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary, en el cual tuve la oportunidad de competir con la película en la que participé Cuando ella saltó, y debo decir que fue una experiencia inolvidable, no sólo por la inclusión del film en la competencia oficial, sino también por la oportunidad de conocer más profundamente a su gente.
Años más tarde me tocó volver. Esta vez, junto a mi equipo de Resto del mundo, con el cual realicé un sinfín de actividades de lo más variadas.
Empezando por la fábrica de cristales Moser. Si hablamos de cristales, Bohemia es una de las regiones por excelencia y aquí todavía se producen productos fabricados con el método inmemorial del soplado del cristal. No sólo pude ver a estos artesanos realizar su trabajo con una precisión despampanante, también me dejaron probar y darme cuenta de la dureza de la labor, no por nada los aprendices pasan años antes de que se les sea permitido el trabajo en la primera línea de producción.
Una vez probada la futilidad de mis intentos nos dirigimos hacia el centro para degustar las diferentes aguas termales. Digo diferentes porque empezando por su famoso géiser que despide agua a más de 70°C uno puede, previa compra de las típicas jarras-pipas de la región, descubrir vía oral las propiedades curativas de las más de diez fuentes medicinales que surgen en el casco urbano de la ciudad. Unas son buenas para los problemas hepáticos, otras para los digestivos y algunas para tratar algún reuma. Cada una más bonita, desde simples pérgolas hasta la increíble Columnata del Molino, con sus 132 m de largo y 124 columnas.
Lo cierto es que pude ver la belleza de la ciudad y sus perspectivas maravillosas, a través de algo tan lúdico y como, según dicen, saludable. Pero para completar el día faltaba algo fuera de lo ordinario. La invitación había llegado de la mano de un amigo local. Todos saben que una de las cervezas más ricas del mundo se produce en este país y que para ellos forma una parte importante de las costumbres.
– Sí o sí tenés que probar esto –me dijo.
Y así termine en el Pivo Spa. Claro, pivo en checo significa cerveza y nada ni nadie me preparó para encontrarme desnudo y metido en una gran tina llena de agua caliente y cantidades ingentes de lúpulo, cebada y malta en ella, con dos tremendas jarras de medio litro de cerveza en cada una de mis manos.






