
TANGO en París
Hace más de una década, ocurrió en Francia el segundo descubrimiento del tango. Al principio, pareció una moda condenada a la fugacidad. Pero sigue. Cada vez son más los lugares donde se aprende a bailar al viejo estilo porteño
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PARIS.- Domingo de agosto, siete de la tarde. Estamos al borde del Sena sobre la orilla izquierda, más allá del puente de Sully. Al fondo se ve la catedral de Notre Dame. Turistas, estudiantes y simples caminantes se instalan por allí, a observar el panorama, escuchar música, charlar, leer. Una clásica estampa parisiense.
Y de repente, desde uno de los anfiteatros, un tango brota de una radiograbadora. Sobre el piso de cemento, un hombre esparce un polvo blanco: ácido bórico. Sirve para suavizar las asperezas del suelo. Algunas personas sentadas en las gradas cambian sus calzados; las mujeres sacan a relucir zapatos de taco y los hombres unos brillosos y acharolados. En algunos minutos más se larga el baile, más precisamente, como nos aclara alguien con acento francés, se larga la milonga.
Hay gente de todas las edades. Minifaldas y vaqueros se entremezclan con polleras anchas y pantalones al cuerpo. Unos hacen sus primeros pasos en la danza, para otros parecería que el tango no tiene secretos. Algunos bailan reconcentrados, con pasos simples, austeros y rigurosos; otros hacen firuletes y piruetas.
Allí encontramos a Carole, Guy, Danièle. Con ellos tratamos de conocer y comprender esta pasión tanguera que no cesa desde la década del 80.
Hace ya unos diez años que los muelles del Sena acogen a los apasionados de esta danza rioplatense durante los meses de verano. Fue la iniciativa de una de las tantas asociaciones tangueras existentes en Francia. Sin embargo, la presencia del tango en la tierra del cancán no es reciente, ni comenzó sólo hace diez años; ella data de principios de siglo, casi inmediatamente después de su nacimiento en las costas del Río de la Plata.
Durante la época de los años locos, Carlos Gardel hace irrupción en la escena francesa, en 1928, agregándole al baile la palabra, el canto. Su presencia contribuye a que el tango se instale definitivamente y pase a formar parte del repertorio de la noche parisiense. Son La Coupole, en Montparnasse; el Florida, en Montmartre, y el Balajó, de la calle Lappe, en Bastilla, espacios danzantes de moda de la época, donde el tango pasará a ocupar un lugar privilegiado.
Esto va a durar hasta después de la Liberación, en 1945, momento en que hará irrupción en las boîtes de moda la música de origen anglosajón. La danza individual se impondrá, desplazando a la de pareja, que quedará relegada a las noches del 14 de Julio, a las reuniones familiares y a las guinguettes, pequeños cafés populares al aire libre donde se bebe y se danza. El tango parece también eclipsarse.
Sin embargo, hasta este momento de renacimiento tanguero que se vive desde los años 80, el tango argentino no había desaparecido completamente. A fines de los 70, parte de la diáspora argentina, originada por la dictadura, se instala en París. En el exilio, es normal y casi necesario que se constituyan espacios de encuentro. Por iniciativa de un grupo de intelectuales, entre los cuales se encontraban Julio Cortázar y Eduardo Cantón, abre sus puertas, en 1981, el café Les Trottoirs (Las Veredas) de Buenos Aires, en el número 37 de la calle Lombards, próximo a Les Halles, zona céntrica de París. Allí los argentinos se reunían para recordar, bailando, cantando, discutiendo, sobre el país que quedó allá lejos.
Pero Les Trottoirs no fue sólo lugar de encuentro de argentinos. Carole, a quien presentamos más arriba, secretaria en un conservatorio de música, de 35 años, nos cuenta que desde muy joven se vio atraída por la danza de pareja, pero que nunca había podido engancharse completamente con ninguna en especial. "Me habían hablado de Les Trottoirs como un lugar original, así que fui una noche. Allí vi a Carmen, una uruguaya que bailaba apasionadamente y me dije que eso es lo que buscaba desde hace años. Fue como un enamoramiento a primera vista y desde ese momento nunca dejé de bailarlo." Carole perseveró: en 1997, en el Festival Internacional de Tango en Toulouse, ganó el primer premio junto con su partenaire masculino.
Les Trottoirs también jugó un papel importante para Guy, milonguero de alma, cerca de los 50, profesor de danzas de salón en uno de los centros de animación cultural de la Municipalidad de París. Su historia con el tango se remonta a su infancia. Guy saca a relucir con orgullo su descendencia de una abuela argentina. Para él, el aprendizaje del tango pasó por observar a sus padres. "En mi casa, cuando yo era chico, ambos lo bailaban. Lo mío era el rock, el tango a los 10 años no te dice gran cosa, te parece que es cosa de viejos. Más tarde comencé a bailarlo por lo que había visto de mis padres, pero sin haber tomado cursos, tenía un conocimiento espontáneo, sin técnica, aunque ahora pienso que tal vez había adquirido lo esencial, un cierto sentido, una emoción." En los años 80, sensibilizado por la situación latinoamericana, se acerca a Les Trottoirs y allí redescubre el tango, "a la argentina, más sentido, con una identidad propia, más sensual, diferente del tango a la francesa, más valseado. Al oír esa música me sentí completamente yo, como si fuera parte de mi forma de ser".
En 1983, con el estreno en el Teatro Chatelet del espectáculo Tango Argentino con el Sexteto Tango, Carole y Guy, así como muchos otros franceses, reforzaron su inclinación tanguera. Este espectáculo recorrió varios países en Europa y también se representó en Estados Unidos. Su repercusión fue mundial.
"Allí me di cuenta de que yo no bailaba el verdadero tango, y tuve una pequeña crisis. A muchos les pasó lo mismo. Inmediatamente tomé cursos con Eduardo Arquimbau y Pablo Verón, y todo cambió", cuenta Carole.
Desde entonces, la danza porteña se abrió hacia un nuevo espacio comunitario, el salón de baile, que intentó recrear el clima de las viejas milongas porteñas. El Bistrot Latin, que se encuentra en la planta alta del Cine Latina, en el número 20 de la calle du Temple, ocupó desde entonces un lugar prototípico.
A fines de los años 80 se produjo una explosión de asociaciones y espacios consagrados a la difusión y práctica del tango en Francia, así como también de festivales y espectáculos. Se pueden contar sobre el territorio francés unas 22 asociaciones. La primera, Tango-Tango, en la ciudad de Grenoble fue creada en 1987. Después aparecieron casas gemelas al Sur, en Alés, Marsella, Toulouse, Uzés, Niza, Montpellier, Tarbes, Burdeos, Lyon; al Este, en Estrasburgo; al Norte, en Lille... Estos espacios nacen inicialmente de redes de amigos y conocidos que comparten la pasión por la danza orillera y posteriormente se institucionalizan transformándose en grupos asociativos sin fines de lucro. Sus actividades son variadas, aunque por supuesto las principales son los cursos, la organización de bailes públicos y las prácticas.
Pero los cursos en esas redes asociativas no son los únicos lugares de enseñanza del tango en Francia. La Universidad de París, como la de Toulouse y la de Estrasburgo, han iniciado cursos de esta danza. En esos cursos no son sólo dispares las edades y la vestimenta, sino principalmente lo son sus participantes. La Francia de los múltiples y diversos orígenes culturales está representada a través de estos encuentros tangueros universitarios. Senegaleses, alemanes, cingaleses, chinos, argelinos y por supuesto franceses bailan confundidos en un mismo espacio al son de La Cumparsita o de Melodía de Arrabal.
Danièle, parisiense de cuarentitantos, vive hace diez años con Lalo, un argentino del exilio. "Cuando encontré a Lalo, inmediatamente me hizo conocer el tango, la música, las letras. De la misma manera que me enamoré del hombre, también me enamoré de la música. Leí mucho. Discépolo, Cadícamo... Este universo me tocó profundamente. Pertenezco a una cultura urbana, siempre viví en ciudades. Siempre me sentí muy ligada a las canciones, a la música, a la literatura que hablan de la ciudad. Cuando descubrí el tango argentino volví a encontrar eso. Aunque no hable de mi ciudad, me transmite sensaciones parecidas, la cultura del barrio, una cultura sin raíces muy visibles."
Es interesante constatar que muchas francesas tangueras reconocen haber partido del prejuicio de que el tango era un baile machista y, sin embargo, haber sentido una gran atracción por esta danza.
Carole nos confiesa que es "bastante feminista" y que, sin embargo, cuando se acercó al tango sintió algo muy profundo. "En general se ve al tango como algo muy machista, pero cuando uno está metido adentro comprende otra cosa. En el rock, que es lo que bailaba antes, cada uno hace bailar al otro. Por lo menos, yo lo siento así. En el tango no es cuestión de roles desdibujados, todo lo contrario." Antes que poner el acento sobre sus obvios componentes eróticos, Carole prefiere la imagen de "un exilio interno" y, sobre todo, de un sufrimiento. "Muchos de los que bailan tango aquí son en cierta medida exiliados internos, alejados de la familia, en busca de un grupo, en busca de una identidad. Yo siempre digo que para bailar tango en serio es necesario haber vivido, haber sentido verdaderamente. Porque en el tango hay un costado dramático. Hay una nostalgia de algo que falta, pero la gente no habla de eso, lo baila. Todo pasa por la danza, las sensaciones, las miradas. Es muy interior."
Es cada vez más frecuente que un buen día estos tangueros franceses, solos o en grupo, preparen sus valijas y, como en un viaje iniciático, partan para Buenos Aires. Van en busca de las fuentes, parten como si fueran en peregrinación a la tierra de los ancestros.
Carole nos cuenta que su viaje tuvo para ella un significado casi religioso: "Aunque sea una vez en la vida hay que ir a Buenos Aires y bailar el tango allí, para mí fue como un bautismo -exagera-. Nosotros traemos las cosas de Buenos Aires, los cassettes de música, zapatos de baile, el mate, videos. Y el viaje es toda una inversión, porque ir a Buenos Aires es caro y allá la vida cuesta. Nos preguntábamos cómo hacen los argentinos para pagarse las milongas..." Muchas veces no se enamoran de Buenos Aires a simple vista, pero en unos pocos días van encontrándole a la ciudad sus secretos. Guy, que no oculta el afecto especial que tiene por nuestra ciudad, subraya el bienestar que en ella siente, un bienestar que no encuentra en París. "Nunca me sentí solo en Buenos Aires, nunca... Allá la gente tiene una mirada cálida, que no expresa desprecio. En Francia, si te miran es para enjuiciar."
"El contacto inmediato con el otro, eso es fascinante en el tango. En Europa, nos cuesta mucho tocarnos, y eso también se ve en Francia. Nos cuesta mostrar los afectos a través del cuerpo. En la Argentina vi que todo el mundo se besa al encontrarse, aunque no se conozcan. Aquí mantenemos una distancia. Eso, de alguna manera, nos hace sufrir", reflexiona Carole.
Una pequeña guía
Sitio Web: para obtener información al día sobre lugares y fechas de bailes, milongas, cursos, espectáculos, consultar el sitio Web de la asociación Le Temps du Tango: http://www.perso.club-internet.fr/tango/FOL-F.HTM
Biblioteca del Tango: creada recientemente por Coco Díaz, funciona en la embajada argentina: 6, rue Cimarosa 75016 París. Teléfono: 01-45531469.
Dónde ir a bailar:
Bistrot Latin. Dirigido por Alfredo Palacios y Isabelle de la Preugne. Tel: 01-42772111.
Cabaret Sauvage: dirigido por David Liebart y Flavia Nasio. Tel 01-40317671.
Le Tango: dirigido por Nathalie Clouet. Tel: 01-40180918.
Espace Montreuil: dirigido por Claudia Rosemblat. Tel: 01-48050060.
Los Latinos: dirigido por Federico Guerin.
Tel: 01-43078073.
Balajo: dirigido por Alain de Caro. Tel: 01-39785068.
Muelles del Sena: sábados y domingos de junio a septiembre. Dirigido por Marc Pianko. Tel. 01-46552220.
Cercle Omnidanses Paris Bercy. Dirigido por Augusto. Tel. 01-47078728.
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