
Te conozco mascarita
En Caracas, Venezuela, los días de carnaval son de los niños. La tradición se despliega por las calles, donde los más chicos pasean con orgullo sus disfraces
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Caracas, sus calles y parques conservan el ritual de cada año. Carnaval es la ocasión para distenderse, para bailar, para estar alegres. Y la tradición indica que los reyes de los festejos, aunque no de manera excluyente, son los niños. Cuatro días seguidos de asueto oficial dan rienda suelta a la imaginación de las familias, que salen a la calle con sus chicos vestidos para la ocasión.
Con el mar al costado y sumergida entre colinas, Caracas brilla bajo un sol que devuelve millones de colores. Caras ocultas bajo creativos maquillajes, baldes de agua que caen desde los balcones, músicos y comparsas son el marco para que los más chiquitos luzcan sus disfraces: abejitas, superhéroes, beisbolistas, toreros, conquistadores, princesas y hasta una réplica en miniatura de Chávez, el presidente, de traje de fajina y boina roja.
Las familias caraqueñas hacen los atuendos con sus propias manos, muchas veces.
Y es tal el orgullo que sienten, que sus pequeños son retratados en las tapas de los diarios locales.
Cuatro días para olvidarse de los problemas De Sabana Grande a Parque del Oeste, de Plaza Bolívar a Chacao, de Plaza El Cristo de Baruta al anfiteatro de Caricuao. La vaina está chévere: payasos, magos, malabaristas, pinta caritas, colchones gigantes y hasta concursos de disfraces son los dueños de las calles caraqueñas. Y los niños, los aliados del Rey Momo.
Dura sólo cuatro días. Para el pueblo caraqueño y sus chicos, son días de ensueño.






