
"TENEMOS QUE RESPETAR LO QUE NOS RODEA"
Para Obdulio Menghi, destacado biólogo argentino, la conservación de especies es un desafío vital
1 minuto de lectura'
Obdulio Menghi de (55 años), biólogo de la Universidad de Buenos Aires, estuvo radicado en Suiza desde 1973 hasta junio de 1998. Tras integrar el grupo de trabajo de la Unión del Fondo Mundial para la Naturaleza, se desempeñó como coordinador científico de la Convención Cites, dedicada al control del comercio internacional de especies amenazadas de fauna y flora silvestre.
"Hubo que comenzar de cero -dice- en una convención de díficil aplicación. Piense que estábamos hablando de conservación allá por 1975, donde había que generar una concientización que no existía. Y sobre todo en el tema de especies amenazadas, cuando el tráfico ilegal era floreciente y movía millones de dólares. Por ese motivo se creó la Convención Cites."
En la primera convención sobre medio ambiente, en Estocolmo, en 1972, los países concluyeron que una de las causas de la desaparición de especies animales y vegetales era el comercio internacional sin control.
Menghi continuará ahora con su tarea en nuestro país, aprovechando veinticinco años de experiencia acumulada en esta materia.
-¿Qué país fue el primero en dar la voz de alarma?
-En realidad, no fue un país. Fue la la misma Convención de Estocolmo la que alertó sobre el papel que jugaba el comercio internacional sin control. Muchos países tomaron esa idea y sacaron una conclusión en esa conferencia sobre el medio ambiente. En 1973 se convocó a una conferencia plenipotenciaria, en Washington, y ahí se redactó el texto actual de la Convención y se listaron las especies en dos apéndices principales. El Apéndice Uno, que incluye aquellas especies cuyo comercio internacional está absolutamente prohibido, y el Apéndice Dos, donde se ubican todas las especies cuyo comercio es posible bajo un estricto control. En el Apéndice Uno figuran, entre otros, el jaguar, el gorila, la vicuña, las ballenas. Cuando un estado ratifica este tratado, designa una autoridad administrativa para aplicar la convención en su país. En el caso de la Argentina, fue el entonces Ministerio de Agricultura, en 1981. Luego, cuando se creó la Secretaría de Recursos Naturales, ésta empezó a ser, por razones obvias, la que aplica la convención a través de la Dirección Nacional de Fauna y Flora Silvestre.
-¿Cuántas naciones en el mundo adhieren a este tratado actualmente?
-Son 145 países los que forman esta red de control internacional. Después, en la reunión de Río de Janeiro, se crea la Convención de Biodiversidad, que no incluye en ese comercio de fauna y flora las especies maderables. Sólo ahora comienza una discusión en la Cites sobre controlar también las especies maderables. Hay muchas controversias con otros organismos. En esos tiempos sólo hablábamos de cactos, orquídeas, palmas, helechos, etcétera. Había sólo una especie que atañe a la Argentina y a Chile, que es el alerce... Ahora existe esa discusión. Hay que unir experiencias porque, bueno, cada uno tiene su jardincito y no le gusta que se lo toque y eso es nefasto. Hay que trabajar juntos, sobre todo en la Comisión de Biodiversidad.
-¿Cuál es el continente más afectado?
-En lo que se refiere al comercio de fauna y flora, el mundo está dividido en países consumidores y productores. Dentro de los consumidores, están los países ricos -Japón, Estados Unidos y los europeos- y los países productores de fauna, como los africanos, los de América latina, y una gran parte de Asia. Hay países como Vietnam, China, Indonesia, Malasia, con grandes recursos naturales, que están empezando a despertar. Creo que el continente más conflictivo es Africa, por los enormes problemas que enfrenta, como la explosión demográfica, la falta de cierta independencia en la toma de decisiones, y la miseria. Allá es un tema un poco tabú, especialmente por cuestiones religiosas. Todo eso hace que lo que se emprenda sea complicado.
-Es el principal desafío.
-Si. América latina es un subcontinente que yo creo que en mi tema ha tomado una gran conciencia. Yo vi su evolución desde 1975 hasta hoy, y hay una gran concientización, desde México hasta la Argentina. Hay problemas, pero hay voluntad de seguir adelante.
-¿Y la Argentina?
-Nuestro caso es muy sintomático. En 1981 era muy difícil de aplicar la Convención, porque había que regular un comercio sin control. Desde 1989, cambió mucho. La Dirección Nacional de Fauna está haciendo un muy buen trabajo.
-¿Hay un esfuerzo parejo en estas cuestiones entre las organizaciones no gubernamentales y los organismos oficiales?
-Mire, hay dos tipos de organizaciones no gubernamentales. La de los países ricos, que tienen una visión deformada de lo que hay que hacer en nuestra región, e incluyo a Asia y a Africa. Es fácil hacer conservación sentados en un sillón en Paris o en Ginebra, pero es muy difícil hacerla in situ, donde todavía existen recursos naturales para tratar de conciliar el modo de vida de la gente con las especies que comparten el hábitat. Son países que han destruido la mayor parte de sus recursos naturales, y eso los condiciona a imponer reglas de juego que no son aplicables a los países del Sur. Hay una necesidad de ayudar al Sur imponiendo soluciones que no son las más correctas. Hubo toda una gran evolución de los años 70 a esta época en cuanto a cómo acercarse a un problema de conservación, porque no se puede ir a Africa y decir: ustedes tienen que conservar tal o cual especie porque es el patrimonio genético de la humanidad. No es así. Cuando hay miseria, pobreza, explosión demográfica, el discurso tiene que ser diferente. Hay que decir: ustedes tienen este capital, que es esta especie. Este capital lo vamos a tratar de mantener en el tiempo, y sólo vamos a utilizar el interés. En el fondo, se trata de una decisión política.
-Y también está el aspecto cultural. ¿Cómo se les dice a los japoneses, por ejemplo, que capturen menos ballenas?
-Exactamente. Hay una manera de actuar, que creo debe ser sobre la base del respeto y la comprensión. Yo viajé por todo el mundo y me di cuenta de que el discurso debe ser otro, económico. Si un país ve que una especie sigue ciertas pautas de manejo, ese ecosistema continuará. Solamente utilizando el interés y dejando intacto el capital se entenderá que se puede conservar la especie. Es fundamental el respeto con que se acerca uno a los países. Nosotros tenemos para mostrar un éxito grande en el nivel mundial: existen 23 especies de cocodrilos en el mundo, y todas ellas estaban amenazadas en 1975. Después de un trabajo arduo, tanto en Africa, como Asia y América, hoy sólo ocho continúan amenazadas. Eso, gracias a la concientización. Se logró porque la gente entendió que el cocodrilo genera mucho dinero, y que por eso no hay que destruirlo; hay que aprovechar el interés que genera, pero preservando el capital, que es el cocodrilo o el caimán.
-El problema es mundial pero la solución no es global.
-Sí, así es. Hay que ir in situ. Esa es una de las razones por las cuales volví a la región. Hay mucho por hacer. Hay que trabajar en el nivel de país, y en el nivel de región.
-¿Sobre qué escenario estamos parados en la Argentina?
-La Argentina, como muchos otros países, está en una disyuntiva muy grande: tomar conciencia de que estamos serruchando la rama en la cual estamos sentados. Creo que tiene enormes posibilidades, pero hay que apurarse. La Argentina es un país quizá vacío en cuanto a comunidades humanas, pero no implica que las políticas de conservación y manejo no se vuelvan prioritarias. Y esto se da en la mayoría de los países de la región. Creo que hay que pararla un poco con el discurso de los ecologistas... Y digo expresamente ecologista porque es una palabra que no me gusta. El ecologista y el ecólogo es un poco la misma diferencia que existe entre el borracho y el enólogo. A veces hay que evitar los extremos.
-El del ecologista es un discurso político.
-Claro, y se queda ahí, en el discurso. Ese es el peligro que corre la conservación de la naturaleza. Ahora, el divismo internacional en lo que se refiere al ecosistema lo encuentra hoy en el Amazonas. Todo el mundo habla de eso. Es muy importante, pero hay otros ecosistemas que son mucho más frágiles. El chaco-paraguayo, el chaco-boliviano, son tanto o más importantes que el Amazonas. Y, sin embargo, nadie habla. Porque hay pocas especies, son frágiles, y no tienen el discurso del Amazonas.
-A propósito, ¿dónde está más herida la Argentina en lo que hace a sus ecosistemas?
-Creo que Misiones tiene que moverse mucho, ha perdido enormemente lo que tenía en bosques. Después, el Chaco; y la Patagonia, en tercer lugar. Con el guanaco, en la Patagonia, si no tomamos una decisión rápidamente, no digo que vaya a desaparecer, pero se va a diezmar mucho la población. Tiene un poder económico muy grande, que hay que proteger para darle un uso racional al animal. Nunca va a competir con las ovejas, que suman 35 millones, mientras que habrá apenas unos 500.000 guanacos. Pero su lana vale 80 veces más que la de la oveja.
-Otro desafío es cambiar esa expresión que dice: qué me hace a mí un puma más o un puma menos; un helecho más o un helecho menos; un quebracho más o un quebracho menos.
-Exactamente. Al mismo nivel que, por ejemplo, a nadie se le ocurriría destruir el Cabildo para hacer un edificio. ¿Por qué no queremos destruir el Cabildo? Porque es nuestro patrimonio. Lo mismo es el jaguar. Es único y una vez que desaparece es para siempre. Hay otro malentendido importante, y que se da a veces en las ONG, la etimología, si bien no tiene que ser muy importante, debe serlo cuando hablamos de conservación. Conservacion es diferente de protección.
Si hacemos un cuadro, tenemos la conservación, y abajo tenemos tres casilleros: protección, uso consultivo y uso no consultivo. En el casillero de preservación está aquello que no se puede tocar, porque desaparece: los parques nacionales, el jaguar, por ejemplo. Eso no se toca. El uso consultivo es aquel en que vamos a usar el interés de ese capital; y el no consultivo, que sería una belleza escénica para el ecoturismo. Ahí obtenemos un recurso económico sin tocar nada. Lo que ocurre es que algunas ONG confunden conservación con preservación. Hay un discurso que se diluye porque, en realidad, si profundizamos en la discusión estamos viendo que los dos somos conservacionistas, pero que uno no admite el uso consultivo, que es sacar el interés dejando el capital. Quiere sólo la protección. Eso es lo que pasa sobre todo con las ONG europeas, que quieren transformar al Sur en un museo. Y nosotros no podemos permitir eso. Y no creo mucho en eso de la protección total. Requiere un enorme insumo económico que nuestros países no puede afrontar.
-En estos últimos veinte años, ¿cuál fue la mayor alegría que vivió y cuál fue la mayor frustración?
-La mayor alegría fue recuperar los dos tercios de las especies de cocodrilos en el mundo. Fue un gran éxito. La recuperación de la vicuña, en el Perú, también. Logramos pasarlas del Apéndice Uno (especies que no hay que tocar) al Apéndice Dos. Chile, Bolivia y la Argentina se están uniendo, afortunadamente, a ese plan que rescató a la vicuña peruana. Hacia fines de los años 70 quedaban en el Perú unas 15.000 vicuñas, y hoy tenemos casi 100.000, donde las comunidades locales están usufructuando el valor de su lana, que es la más fina del mundo. Otro gran éxito es Venezuela. Ha marcado rumbo en América latina en cuanto a la conservación de los caimanes. El programa piloto de Venezuela se está repitiendo en muchos países de la región. Otro éxito es la recuperación del cocodrilo del Nilo en toda Africa, con países que tienen beneficios económicos conservando el animal. Y fracasos... Sí, hay grandes fracasos. Este es un tema bastante depresivo. El rinoceronte, por ejemplo. Quizás haya sido un error nuestro no haber considerado el aspecto cultural de la utilización del cuerno de rinoceronte. Hemos trabajado en la conservación in situ, en Africa, y olvidamos el mercado asiático de millones de personas; de no utilizar el cuerno.
Creo que ahí fallamos. El animal está en absoluto peligro de extinción. Quedarán unos 4000 animales en Africa. La calidad de vida de los habitantes de esos lugares compartidos con el rinoceronte es paupérrima, y la caza furtiva hizo estragos. El tigre en Asia -otro ejemplo- está en absoluto peligro de extinción. Su osamenta se utiliza para un brebaje antirreumático en comunidades asiáticas, y eso es muy difícil de parar. Se cree que habrá entre 50 y 100 tigres en la naturaleza. También ahí hemos fallado.
-¿Y con las ballenas?
-La Cites las protege desde 1986, todas están en el Apéndice Uno. Y siguen ahí. Pero hay que continuar con estudios científicos. Algunas especies se han recuperado, pero hay que ser muy cauto en la utilización de estos animales.
-¿Qué tecnología usan para sus trabajos?
-Según las especies. Está el caso de las tortugas marinas, que están también en el Apéndice Uno de la Convención, aunque hay algunos países, como Cuba, que están queriendo utilizar las especies de carey, pero son migratorias y no sabemos si lo que pretende Cuba lleva un perjuicio a la misma población cuando se retira de la costa cubana. Ahí, por ejemplo, se utilizan marcadores por satélite para ver cuál es la migración de las tortugas marinas.
-En el caso concreto de nuestro país, ¿estamos mejor o peor de lo que suponemos?
-Estamos mejor de lo que se supone. Tenemos que estar muy alertas y tratar que los políticos, que toman decisiones, no hagan discursos y se comprometan realmente. Hay que estar siempre con la guardia alta. Los éxitos son cosas concretas, pero hay que trabajar con infinita paciencia y con mucho amor.
-Con la misma paciencia que tuvo la la naturaleza para crear todo lo que creó.
-Exactamente. El mundo se desarrolló con mucha paciencia, pero desde los años 20 a esta parte hubo un boom tecnológico tan grande donde lo otro no pudo seguir, y eso es difícil. Es difícil retener las riendas.
-Esa es la asignatura pendiente.
-Claro. ¿Sabe qué? El hombre fue el último animal en aparecer y, si seguimos así, va a ser el primero en desaparecer. El hombre, hasta que no entienda que los pulmones también pueden ser branquias, y las manos también pueden ser alas, va a tener problemas. Tenemos que respetar lo que nos rodea.
Antártida: Paz y Ciencia
Desde 1991 la Antártida fue designada Reserva Natural Mundial, consagrada a la paz y a la ciencia.
El Protocolo de Madrid dispuso una moratoria de 50 años para la explotación minera y petrolera, además de proteger la flora y la fauna, eliminar la basura y controlar el turismo.
Los amenzados en la Argentina
Estas son especies consideradas en peligro de extin-ción en nuestro país por los organismos locales e internacionales.
Reptiles: lampalagua o boa de las vizcacheras, ñacanina, yacaré overo, yacaré negro, tortuga verde, tortuga laúd.
Aves: macuco, ganso de monte, pava de monte chica, moitú, guacamayo rojo, guacamayo verde, chorlo esquimal, guacamayo violáceo, yacutinga, cauquén de cabeza rojiza, chorao, macá tobiano, pato serrucho, aguilucho blanco, guacamayo canindé, suri cordillerano.
Mamíferos: venado de las pampas, ciervo de las pampas, ciervo de los pantanos, ballena azul, ballena jorobada o gruñona, ballena franca austral, ballena boreal, ballena pigmea, ballena enana o minke, cachalote, mono de noche, mono caí común, perezoso bayo, perezoso gris, tatú-aí, vizcacha colorada, rata pehuenche, zorro colorado, zorro gris chico, lobo marino de dos pelos, oso hormiguero, tatú carreta, lobo gargantilla, lobito de río, chungungo, aguará guazú, tirica, margay, ocelote, yaguareté, chancho quimilero, mono carayá rojo, huillín, chinchilla chica, chinchilla cola corta, huemul.
Amenazas a la biodiversidad
- Existen alrededor de tres mil plantas con reconocidas propiedades curativas contra distintos tipos de tumores y aproximadamente tres cuartas partes de éstas se encuentran en las selvas tropicales amenazadas por la destrucción, el avance de la agricultura y los incendios.
- El comercio ilegal de especies de fauna y flora silvestre es el segundo negocio ilegítimo en el nivel mundial, después del tráfico de drogas.
- "El uso racional de los recursos locales por parte de los pueblos cuya forma de vida está ligada con la fertilidad y la riqueza natural del suelo supone lisa y llanamente su autoconservación. Cualquier comunidad que sepa que sus hijos y nietos van a seguir viviendo en el mismo sitio que ellos estará mejor capacitada para adquirir una visión a largo plazo de cómo actuar, que una comunidad que no se sienta vinculada con el lugar que habita."
Alan Thein Durning
- El comercio global de especies salvajes se estima en el orden de los 5000 y los 8000 millones de dólares anuales, de los que un 70% corresponde a transacciones legales. (Informe Worldwatch).






