
Tijeras terroristas
Una peluquería puede llegar a ser también un icono de la cultura rock. Al menos es el caso de Roho, el local de Caballito que planea poner un pie en Palermo Viejo
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Desde Gary Glitter y David Bowie en adelante, el rock y la moda avanzaron hacia el siglo XXI tomados de la mano. T-Rex, Kiss, Poison, o la mismísima Madonna, todos ellos aceptaron con naturalidad la idea del concierto de rock no como un simple hecho musical, sino como un espectáculo en su totalidad.
Esta premisa no se aplica solamente a la escenografía de un recital, al vestuario y al maquillaje del artista. Corto, largo, platinado, afro, rapado. El pelo, "el marco de la cara", como sabiamente lo definió Valeria Mazza en una publicidad de champú, se transformó en varias ocasiones en el sello personal de muchos músicos. Y en el orgullo de los peinadores que exhiben sus obras de arte sobre las furiosas cabezas rockeras.
En Buenos Aires, estos artistas con vocación de peluqueros se concentraron en el barrio de Caballito y Roho en la predecesora de las peluquerías "con onda" que empiezan asomarse con timidez en las zonas más comerciales de Palermo Viejo y Barrio Norte Naranja, turquesa, verde, rosa. Roho es un arco iris pop, un salón de belleza sacado de un film de la década del setenta -con la sofisticación que esto implica-. Butacas y paredes de todos los colores en un estilo retro, un enorme sillón de plástico rojo, secadores que parecen haber sido sacados de la peluquería de Doña Rosa. Y Pan Sonic sonando como telón de fondo.
"Venir acá es como meterse dentro de un video de Pulp. No es como esos locales que tratan al cliente como si saliera de una fábrica", dice Oscar Fernández, que junto con Horacio Cabrera es uno de los dueños asociados del Roho.
La peluquería abrió en 1994. Oscar era amigo de los integrantes de algunas bandas de rock y muy pronto Juana La Loca, Los Brujos y otros grupos empezaron a recurrir a las tijeras de Roho. Sin embargo, tuvo que pasar un tiempo para que la firma pudiera entrar de lleno en el mundo de la moda. Comenzaba la década del 90, los cortes y colores furiosos que Roho intentaba imponer resultaban "raros" y su camino por la pasarela de la moda estuvo lleno de obstáculos. Pero los tiempos cambiaron, la vanguardia se hizo fashion y el local de Roho comenzó a sonar cada vez más entre los diseñadores.
Gustavo Cerati, Diego Arnedo, Ruth Infarinato, Altocamet, Adicta, Babasónicos, Turf y El Otro Yo. Todos ellos son habitués de la peluquería. "Este es el estado embrionario de la moda", se enorgullece Oscar. Porque Roho no sólo les corta el pelo a músicos, sino a los que están detrás de ellos: publicistas, directores de arte y diseñadores.
Moda para el pueblo
Este año, los dueños de Roho fueron espectadores del San Pablo Fashion Week y de allí volvieron con otra idea del lugar que la moda debería ocupar en la Argentina.
"Fue impresionante, parecía una cancha de fútbol -se emociona Oscar-. Acá, la Buenos Aires Fashion Week fue un acontecimiento tan exclusivo que para asistir necesitabas una entrada de Javier Lúquez. Y eso me parece un error fatal. La moda debería ser para todos."
Con este concepto, Roho se propone imponer su estética a todo aquel que se aventure por el local de Caballito, ya sea un juez, un médico a una abuela. "Ahora remixamos estilos de fines de los años 70 y principios de los 80 con un toque futurista. Está bueno que la secretaria de una oficina tenga un corte supermoderno", afirman. "Me gusta pensar que somos terroristas del pelo -reflexiona Oscar-. No nos fijamos en cómo le va a quedar el corte, porque la moda no es una cuestión de belleza; es una cuestión de actitud."
Con esto en mente, Roho se prepara para abrir un nuevo local en Palermo Viejo con una ambientación inspirada en paisajes de San Martín de los Andes y Bariloche.
Pero no todas serán rosas para el Roho palermitano. Al zambullirse dentro del circuito de la moda más fashion de Buenos Aires, este salón de belleza correrá el riesgo de perder uno de sus tesoros más preciados: la exclusividad. "No abrir otro local sería detener nuestro crecimiento. Aunque sabemos que parte de la magia va a desaparecer, porque van venir las modelos y gente que no nos interesa peinar", se queja Oscar. Pero luego esboza una sonrisa. "Nosotros a Palermo Viejo le decimos Palermo Bobo. Ahí van todos los que se creen cool y modernos. Pero si tenemos que instalamos allí, vamos a encontrar la forma de ser los más bobos de todos."






