
TODO ES GENETICO
Las investigaciones de Dean Hamer están llamadas a provocar controversia. Si uno será gay o fumador, entre tantísimas otras cosas -asegura-, está escrito en los genes. Sin embargo, se cuida de declararse fatalista: saber con qué equipaje venimos al mundo nos ayuda a trabajar sobre nuestros puntos flojos, sostiene
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Antes se creía que heredábamos el color de los ojos, el tipo de cabello o la forma de las manos, pero se suponía que nuestras cualidades mentales dependían de la educación. Sin embargo, las últimas investigaciones parecen demostrar que no sólo el aspecto de una persona, sino también su conducta, sus sentimientos y su modo de experimentar la vida están determinados en gran parte por sus genes.
El doctor Dean Hamer, jefe de la Sección de Estructura Genética y Regulación del Laboratorio de Bioquímica del Instituto Nacional del Cáncer de los Estados Unidos, seguramente estará de acuerdo con aquello de lo que natura non da, Salamanca non presta. Es que, sobre la base de descubrimientos propios y de sus colegas, está llegando a la conclusión de que desde el color de la piel hasta el nivel de agresión de un individuo, sus preferencias sexuales, su peso o su cociente intelectual son, en su mayor parte, hereditarios. O, dicho en la jerga de los laboratorios de biología molecular, son rasgos genéticamente obtenidos.
Con más de ochenta papers científicos publicados y tres patentes en biotecnología, Hamer, de 47 años, investiga en un área novísima de la ciencia: la ingeniería del temperamento. Por medio de esa especialidad, intenta descifrar cuáles son las raíces genéticas de la personalidad. Sus hallazgos plantean un número de inquietantes cuestiones científicas, sociales y éticas.
Desde que su laboratorio accedió a las primeras planas de los diarios por vincular un gen con la inclinación a la homosexualidad masculina, Hamer es ya uno de los investigadores más reconocidos -y discutidos- mundialmente.
Antes de la publicación en Buenos Aires de su segundo libro, El misterio de los genes (Editorial Vergara, 1998), en el que explora los conocimientos reunidos hasta el presente y plantea provocativas hipótesis acerca de la conformación y el desarrollo de la psiquis humana, mantuvo una entrevista telefónica exclusiva con La Nación.
Doctor Hamer, ¿cómo inició su estudio de los aspectos genéticos de la personalidad?
-Me dedico a la biología molecular desde aproximadamente los 20 años; es decir, desde hace alrededor de veinticinco. Pero hace cinco que me dedico de lleno al estudio de la base genética del comportamiento.
-¿Cuando usted dice genética del comportamiento se refiere a que nuestra personalidad es hereditaria, es decir, que la recibimos antes del nacimiento de nuestros padres, abuelos, tatarabuelos, etcétera?
-En cierta forma, sí. Las últimas investigaciones sobre genética, biología molecular y neurología demuestran que muchos rasgos de la personalidad se heredan al nacer, y también que muchas diferencias entre los estilos individuales son el resultado de diferencias genéticas.
Numerosos aspectos de la personalidad y el comportamiento están influidos por los genes. Por ejemplo, actualmente, nuestro laboratorio de los Institutos Nacionales de Salud está estudiando el papel que tienen los genes en comportamientos relacionados con el riesgo, como fumar, que es la mayor enfermedad prevenible en los Estados Unidos."
-¿Encontraron un vínculo entre el hábito de fumar y la conformación genética individual?
-Sí. Nuestros estudios demuestran que el hábito de fumar es heredable en un 53%. Además, descubrimos que hay unos genes para empezar y otros para continuar fumando. Algunos de estos genes afectan directamente la sensibilidad a la nicotina, otros probablemente actúan indirectamente mediante diversos rasgos de la personalidad. Es decir, generando conductas que pueden hacernos más propensos a desarrollar adicciones. Ahora estamos tratando de identificar esos genes, estudiando relaciones de ADN y asociación de alelos. (Alelo: estados diferentes de un mismo gen; por ejemplo, los genes mutantes.)
Papá y mamá legan a sus hijos algo más que el color de los ojos. Características de tipo psicológico suelen reproducirse dentro de la familia
-¿Cómo es esto?
-Ya descubrimos dos asociaciones potencialmente relevantes. Primero, una secuencia en el receptor de la dopamina D4, que estaría relacionada con el rasgo de temperamento de búsqueda de la novedad; es decir, el tipo de comportamiento que exhiben aquellos individuos que buscan continuamente nuevas sensaciones. Esta particularidad genética está asociada con esa tendencia, que a la vez está frecuentemente asociada con el hábito de fumar.
-¿Quiere decir que -para utilizar una metáfora de los tiempos actuales- estamos programados desde antes de nacer para ser como somos?
-De algún modo, sí. En lo que se refiere a algunos aspectos de nuestra personalidad no tenemos muchas posibilidades de optar. Nuestra forma de ser tiene una dimensión que es puramente biológica, innata.
-¿Entonces, somos esclavos de nuestros genes?
-No, no... Yo dije que una de las dimensiones de la personalidad es biológica: es lo que los psicólogos denominan el temperamento. Pero hay otro plano que resulta de una fantástica flexibilidad, que nos permite adaptarnos a los desafíos y obstáculos de la vida: el carácter. La personalidad está determinada por ambos: temperamento y carácter. La clave está en la interacción entre el hardware con que nacemos y el software que agregamos. Pero nuestras investigaciones están orientadas a estudiar el temperamento: qué es, cómo reconocerlo y de dónde proviene. Y a través de ellas estamos trazando un mapa de la base genética del comportamiento.
-Hasta ahora se tendía a suponer que más que de un temperamento innato el psiquismo dependía del entorno, las relaciones familiares, las circunstancias vividas...
-Bueno, digamos que la influencia de un factor y otro es variable. Por ejemplo, muchas personas comparten la capacidad innata de aprender más de un idioma, pero sólo serán bilingües quienes reciban la posibilidad de aprenderlo a edad temprana.
-¿Qué porcentaje de importancia le asignaría usted a los genes y cuál al medio ambiente?
-Tomemos el caso de la facilidad para la escritura. Si estudiamos a individuos que viven en un mismo medio cultural, diría que es cincuenta y cincuenta. Pero si observáramos un medio histórico diferente, digamos de hace diez mil años, cuando la escritura no existía, entonces la influencia de los genes sería mucho mayor.
-¿Y qué genes -entre los que se relacionan con características psicológicas- se identificaron hasta ahora?
-Mi propio laboratorio, en el Instituto Nacional del Cáncer, descubrió un vínculo genético en la homosexualidad masculina. Desde el descubrimiento del gen gay, hemos hallado los genes de otros dos rasgos de personalidad: la búsqueda de novedad y la preocupación.
-Hay personas más inquietas que otras, eso es indudable. Un psicoanalista diría que eso se debe a las experiencias infantiles de cada uno.
-Nuestro trabajo demuestra que el deseo de buscar experiencias nuevas y emociones fuertes es principalmente una predisposición heredada. Los estudios con gemelos han demostrado que la búsqueda de novedad es heredable en un cuarenta por ciento en un grupo como el nuestro. Aunque hay factores no genéticos importantes, tales como el estilo de crianza y la educación, nuestros estudios están demostrando que ninguna influencia por sí sola es más profunda que la composición genética.
-Su respuesta no sólo llama a la controversia, sino que además produce un cierto desconsuelo...
-Pues no debería, porque los genes no son instrucciones fijas. Son como instrumentos musicales: no determinan con exactitud qué música tocarán ni con qué virtuosismo, pero sí el alcance de lo posible. También podría decirse que son como el cuaderno y el lápiz: qué se escribe con ellos dependerá de muchas cosas.
-Hace un tiempo se difundió la teoría de que existen personas que tienden al optimismo y otros al pesimismo. ¿Eso también es genético?
-Los genes controlan ciertos aspectos de la química cerebral que, a su vez, influyen sobre nuestra manera de percibir el mundo y reaccionar ante esa información. Ya se individualizó un gen que lleva a evitar daños, tornando a la gente ansiosa, temerosa y tímida. Ciertos estudios fascinantes demuestran que la timidez o la extroversión se heredan al nacer y duran toda la vida.
Mi laboratorio descubrió que la evitación de daños recibe la influencia de algo así como un Prozac genético, un mecanismo cerebral natural capaz de controlar el nivel de ansiedad. Quienes lo poseen tienen, por lo tanto, mayor capacidad para evitar la depresión.
-¿Cómo llegaron a estas conclusiones?
-Además de los exámenes genéticos, fue necesario trazar el perfil psicológico de grandes números de personas. Una de esas vastas investigaciones realizada en cientos de niños demostró, por ejemplo, que la evasión del daño -una condición que abarca ansiedad, miedo, inhibición, timidez, depresión, cansancio y hostilidad- es una de las tendencias más persistentes de la psicología humana y uno de los aspectos de la personalidad que se expresan más tempranamente.
-O sea que la timidez también es innata...
-Entre otros, Kagan, de la Universidad de Harvard, y Fox, de la Universidad de Maryland, hace mucho demostraron que la evitación del daño tiene raíces biológicas. Una prueba es que se puede medir en reacciones físicas, como la frecuencia cardíaca. También, la saliva de las niñas más tímidas tiene doble proporción de cortisol (la hormona del stress). Pero para comprobarlo fue necesario estudiar gemelos idénticos, que son como clones genéticos. Un estudio del Instituto de Genética de la Conducta de Boulder demostró que entre el 50 y el 60 por ciento de la timidez, en bebes gemelos, es heredado. En ese sentido, el hecho de que los padres malcríen o no a sus hijos no parece tener mucha importancia.
-Muchos de sus estudios se realizan en ratas de laboratorio. ¿Las coincidencias con la conducta humana no podrían deberse a factores aleatorios?
-Nunca extrapolamos directamente, sino que trabajamos con animales para encontrar pistas que nos orienten hacia los genes en los que debemos buscar.
-Se calcula que hay alrededor de cien mil genes, pero no hay cien mil rasgos de temperamento. ¿Esto significa que hay varios de los primeros involucrados en cada uno de los segundos?
-Sí. (Se ríe.) Cuando decimos que el comportamiento depende en cierta medida de factores genéticos, no significa que a cada rasgo le corresponde un gen. La ingeniería de la personalidad es muy compleja, y probablemente en cada rasgo intervienen varios cientos, ya sea directa o indirectamente.
-Dado que el temperamento depende de los genes ¿por qué no se repite entre los integrantes de una misma familia?
-Pues hay muchas tendencias que sí se repiten. Un caso sugestivo es el de la familia Hemingway, muchos de cuyos integrantes acabaron suicidándose víctimas de la depresión. El escritor Ernest Hemingway se mató a los 61 años. Su padre, 33 años antes. Su hermano y hermana también murieron por la misma causa, y su nieta Margaux se suicidó hace dos años, a los 41. Sin embargo, el hecho de que un rasgo de personalidad se repita en el seno de una familia no lo convierte necesariamente en innato: si fuera así, la religión o las comidas favoritas también lo serían.
-A la luz de estos hallazgos, ¿cree usted que queda algún lugar para los tratamientos psicológicos tal como los conocemos, o sólo para la farmacología?
-Lo que demuestran estos estudios es que la raíz de muchos comportamientos y de un modo de ver la vida está en la química del cerebro, genéticamente determinada. Este conocimiento es una herramienta valiosa, y como tal no puede ignorarse. A medida que entendamos más y más el sustrato genético de la personalidad, podremos determinar en qué medida es conveniente que los tratamientos sean farmacológicos o psicológicos, y cómo prevenir los problemas. Por otro lado, siempre tenemos la posibilidad de modificar el temperamento, aprovechando lo que tiene de útil y amortiguando las tendencias biológicas o los instintos menos deseables.
Aunque el temperamento determina las respuestas iniciales a los estímulos, el modo en que una persona interpreta esas respuestas y actúa ante ellas depende del carácter, que es adquirido.
-En cuanto a la utilización práctica de estos conocimientos, ¿usted piensa que en el futuro se podrá determinar de antemano, por medio de la ingeniería genética, la personalidad de nuestros hijos? ¿Podremos producir seres humanos a la carta?
-Sería muy difícil, entre otras cosas porque no se sabe muy bien cómo actúan las diferencias en la composición genética y la experiencia. Del mismo modo en que una mala niñez no siempre lo destina a uno al fracaso, o que la abundancia no asegura la felicidad, los genes determinan el plano general, pero se expresan en función de la experiencia. Aun si lo intentáramos, no podríamos producir personas a pedido. Porque cada individuo tiene innumerables posibilidades, somos una combinación extraordinariamente compleja de experiencia e instrucciones genéticas. Nacemos con un lápiz y un papel en la mano, pero debemos escribir nuestra propia historia.
Texto : Nora Bär
Los genes y la obesidad
"Los experimentos más recientes demuestran que los genes son determinantes en cuanto al peso físico, más que ningún otro factor o combinación de factores. El cálculo más aproximado dice que el peso corporal se hereda en un setenta por ciento. Esto significa que la fuerza de voluntad todavía tiene su importancia, pero se requiere un esfuerzo extraordinario para cambiar el diseño original del cuerpo.
"Las pruebas sobre el papel de los genes provienen del estudio de gemelos, evaluados por su índice de masa corporal. En un estudio de 93 pares de gemelos, criados en hogares diferentes, se descubrió que el índice de masa corporal tenía una correlación del setenta por ciento. En otras palabras: si un gemelo era gordo, el otro tenía una buena posibilidad de ser gordo también. (...) Los estudios realizados en varias generaciones de la misma familia demuestran que no sólo se hereda la obesidad, sino el tipo y la localización de la grasa. Una investigación demostró que la cantidad de grasa abdominal era heredable en un 56%, lo cual sugiere la existencia del gen de la barriga.
"(...) La buena noticia es que el peso corporal puede cambiar: es posible desafiar con éxito a los genes. Y pese al dominio de éstos, el ambiente siempre importa. Cualquiera sea la herencia genética, nadie engorda si no come más calorías de las que puede quemar.
"El poder del ambiente resulta obvio en lugares como China continental, sobre todo en las regiones más pobres del Oeste. Los chinos Han, que viven principalmente a base de arroz, son menudos y escuálidos. Pero estas mismas gentes echan carnes cuando se trasladan a sociedades más ricas, como Hong Kong y Taiwan."
(Dean Hamer, El misterio de los genes)
Cómo actúan los genes
Los genes son nada más y nada menos que elementos químicos que dirigen la combinación de otros elementos químicos. Se componen de ácido desoxirribonucleico o ADN. La información contenida en el ADN se convierte en proteínas cuya función más importante es actuar como enzimas, transformando un elemento químico en otro. Según demuestran las últimas investigaciones, diferentes enzimas elaboran y degradan más de trescientos elementos químicos que influyen en el pensamiento, la acción y, al parecer, también las sensaciones.
No todos los genes actúan directamente sobre las células, algunos activan o desactivan otros genes. El capital genético hace que un ser humano sea diferente de otro. Si todos tuviéramos el mismo código genético seríamos absolutamente iguales, ya que nuestros organismos estarían determinados por las mismas reacciones químicas.
Cuando menos, es muy interesante
Acá hay que hacer varias observaciones. En primer lugar, el descubrimiento de que ciertas cualidades de la personalidad humana dependen en gran parte de la herencia genética no es nada nuevo. Hace más o menos veinte o veinticinco años que en los libros aparecían árboles genealógicos de las familias Bach y Couperin para mostrar cómo se heredaban las particularidades de la capacidad musical en las distintas generaciones.
En cuanto a la capacidad matemática, se hizo lo mismo con la familia Bernoully, en Francia. De modo que ya se sabía que hay cualidades psicológicas, no fisiológicas, que están de alguna manera regidas por los genes.
Lo segundo que vale la pena hacer notar es que en realidad los genes lo que facilitan son propensiones. Que una capacidad o que una tendencia llegue a realizarse depende no solamente de los genes, sino también del contexto, que puede favorecer o no el desarrollo de esa tendencia. Lo tercero ya lo había señalado el genetista Dobzhansky en su libro sobre genética y población: que en realidad un gen, al producir una enzima, está determinando cierta inclinación, pero sólo en la presencia de todos los demás genes. De manera que, por así decir, no es solamente el gen, sino todo el contexto genético el que determina lo que va a pasar. Uno puede tener un gen con propensión a la matemática, pero si los demás se inclinan a la violencia o a la pereza, a lo mejor de todo eso no sale completamente nada.
Y la cuarta dificultad es que muchas de las características psicológicas de la personalidad humana son bastante difíciles de definir. Por ejemplo, supongamos que yo quiero hacer una investigación genética sobre la inteligencia y la herencia. Los psicólogos saben muy bien que no hay una sola cosa que se llame inteligencia. Hay, me atrevería a decir, centenares, como lo demuestra la cantidad enorme de tests que, en realidad están midiendo cosas distintas: el famoso test de Binet mide la capacidad de resolver problemas; el test de Raden está más bien destinado a medir la capacidad que se tiene para aprender y recordar una forma. Por consiguiente, me parece que proceder muy rápido a transformar un tipo de conducta en una variable aislada para ver si efectivamente está regida o no por genes parece muy problemático.
Si es cierto, de todas maneras, que se ha hecho una investigación con muestras grandes, el descubrimiento sería importante. Estas dos propiedades que se marcan, que son el amor incansable hacia la novedad y la tarea continua de evitar hechos desagradables, me parece que es muy interesante que se puedan caracterizar genéticamente. Pero quiero decir con todo esto que desde el punto de vista metodológico esta investigación tiene que verse con mucho cuidado. A veces resulta que algún investigador -por importante que sea- puede tener un entusiasmo un poco dogmático respecto de lo que está haciendo y no comprender todas las complicaciones que existen detrás de este tema.
Por lo cual creo que conviene esperar un tiempo y ver las polémicas en torno de este tema que se producirán en el propio ambiente científico.
En general, cuando se descubre que algún gen está involucrado en determinada enfermedad, esto no quiere decir que inmediatamente se podrán utilizar recursos farmacológicos. Hay que aplicar más bien algo que por ahora es bastante complicado y bastante temido por sociólogos y enemigos de la eugenesia: hay que tratar de cambiar los genes, hacer trasplante génico y poner células que tengan un gen que sea conocidamente anticancerígeno.
Esto es bastante complicado, pero, vistas todas las cosas que técnicamente se han inventado en este siglo, muy bien puede llegar a hacerse en el futuro. De manera que, a lo mejor, así como algún día tal vez se podrá curar el cáncer con trasplante génico, se podrá también curar ciertos tipos de esquizofrenia.
De todas maneras, los descubrimientos y tesis de este investigador están continuando toda una línea y habrá que seguirlocon atención. Son justamente contribuciones de las que se pueden decir, por lo menos, que son muy interesantes.
Gregorio Klimovsky
(Filósofo de la ciencia)






