Todos tenemos un poco de Marcos y otro poco de Claudia, según dicte la ocasión

Darío Rial
Diego Tuya
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31 de agosto de 2013  

Contigo pan y cebolla, les escuchamos decir muchas veces a nuestras madres, y acto seguido trataban de convencer a los padres de la imperiosa necesidad de cambiar las sillas del comedor...

Muchas cosas han cambiado desde la época en que el hombre proveía y disponía hasta estos días en los que es común ver mujeres que son sostén de familia, contratos prenupciales, matrimonios que duermen en camas separadas, o parejas en las que cada uno decide cómo administrar su dinero sin rendirle cuentas al otro. Lo que no cambia es que el dinero sigue siendo un tema central en la pareja, y Marcos y Claudia no son la excepción.

La campaña del Banco Galicia tiene una estructura clara: hay una tensión, que tiene que ver con el manejo del dinero en la pareja, y un solucionador que es el banco. Ese conflicto existe y existió siempre en todas las parejas. Hasta ahí no hay secreto. Pero eso apenas alcanza para asegurarnos que tenemos un insight con el que el consumidor se va a enganchar. De ahí a lograr que se sienta identificado con esta pareja y con la propuesta del banco hay un recorrido. En ese camino se mezclan varios factores, pero el más fuerte tiene que ver con la honestidad de los personajes.

Marcos y Claudia son una pareja joven, sin hijos, y en la que el reparto de fuerzas parece estar balanceado. Sin embargo, las situaciones que atraviesan, los conflictos que enfrentan, los argumentos que utilizan son representativos para todo el mundo, y eso es lo que hace que logren enganchar a un universo de personas mucho más amplio y convertirnos a todos en un poco Marcos o un poco Claudia según la ocasión. Eso es algo que en el equipo de la agencia cuidamos mucho; de hecho, muchas de las cosas que les pasan a Marcos y Claudia son las que nos pasan a nosotros, o sea, que cuidamos más la campaña que nuestra propia intimidad…

Marcos y Claudia logran desdramatizar situaciones que en la vida real pueden ser muy angustiantes, como, por ejemplo, que te inviten a un casamiento que para tu pareja es importante y que eso en lugar de representar una alegría represente una carga por toda la plata que vas a tener que gastar, y lo hace desde un lugar muy sincero, muy humano, desde la imperfección y no desde el lugar odioso de la pareja perfecta.

Por último, creemos que muchas veces el manejo del dinero dentro una pareja adopta un lugar simbólico; en el fondo lo que está en juego es otra cosa, pequeñas batallas que damos todos los días y que van definiendo nuestro lugar en la relación. La discusión entre Marcos y Claudia no es siempre si gastar o no gastar, sino en qué vale la pena gastar y en qué no; hay un trasfondo que es más filosófico, y ese trasfondo adopta en cada espectador la forma de la pequeña batalla que le está tocando librar en ese momento.

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