Turrones, esos viajeros

En Buenos Aires es posible conseguir surtidos de los mejores importados
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23 de diciembre de 2001  

Ningún visitante de Jijona podrá olvidar el aroma a almendras tostadas que inunda las calles de esta localidad tradicionalmente turronera. Allí, tanto como en Alicante, el turrón integra los menús de los restaurantes, con flanes y mousses, y hasta hay pescados con salsa de turrón. Hasta el menos gourmet de los vecinos sabe que un turrón más aceitoso es reflejo de mejor calidad, por el alto contenido de almendras, y que, en su forma tradicional, aunque no envejecen, tienen un período de consumo de excelencia durante el primer año de elaboración. Por su alto valor nutritivo estuvieron presentes en los bolsillos de los cruzados durante los siglos XII y XIII, y también en las carabelas que se aventuraron a descubrir América. Lo cierto es que es uno de los productos más viajados del mundo entero. En Buenos Aires, hay surtido de importados. Recién inaugurado, con especialización en vinos y delikatessen, Doglia es muy selectivo en materia de turrones de calidad suprema (más de 50% de almendras). Los españoles Alemany se caracterizan por su calidad, buena ecuación en materia prima (almendras, miel y aglutinante) y fácil identificación para su consumo óptimo. Desde $ 4 hasta 17, se destacan el turrón blando granulado de Jijona, el duro imperial de Alicante, y el crocantísimo Guirlache, todos con ventana transparente en el paquete para hacerlo más tentador.

En Nana Lou, un reducto mínimo en pleno centro de Las Cañitas, se consigue una figurita difícil en materia de turrones: Antica Torronería Piemontese, un turrón mórbido (de pasta ligeramente chiclosa), con frutas abrillantadas, avellanas y almendras (180 g, $ 6). Además, en lata, minitortas imperiales De la Viuda (12, 10 unidades); minitortas de chocolate con leche, almendras y pasas de uva, también en versión de chocolate amargo con frutas secas (ambos, 16 unidades, 12). De 1880, versión de Alicante y de Jijona, realizados con almendras Marcona seleccionadas (ambos, 300 g, 11).

Con más de 7 años como empleada de Diki, María Liverani, oriunda de Bologna, explica en perfecta mezcla de italiano y español las características de su público: "A nuestros clientes les gusta probar cosas nuevas". Por eso, además de los clásicos El Lobo, Carlos V, El Almendro, De la Viuda y 1880, ofrece los turrones españoles Pico 66 (torta de almendras, turrones de chocolate), y la famosa barra dura, para cortar con hachita de cocina, de 30 cm por 10, y un kilo de peso, tradicionalmente servido en las mesas del norte italiano. Entre los mórbidos: Piamontese, bañado con chocolate, almendras, avellanas y pistacho (9), y el Panforte de Siena, con mezcla de frutas abrillantadas.

  • Doglia: Arenales 1237, delivery según pedido por el 4813-3628. Nana Lou: Báez 283, Las Cañitas, 4772-7826. Diki: Libertad 1157, 4812-5695.
  • Recortes

    Brunchs de fin de año

    Además de los buffets de Nochebuena y Fin de Año, el Hotel Caesar Park tuvo la buena idea de armar brunchs para el día de Navidad y el 1º de enero de 2002 en su Restaurant Agraz. A partir de las 12.30, propone una lista de entradas, platos principales y postres a elección ($ 35) con bebidas incluidas, vinos de Bodegas Terrazas y champagne Chandon; los menores de 10 años tienen un menú divertido para ellos y para los padres: no pagan. El primer almuerzo del año en Agraz, lo mismo más una mesa especial con las dulzuras tradicionales. Es la cocina del chef Germán Martitegui, también para festejar en casa con los pavos rellenos tradicionales y sus guarniciones o pechuga de pavita fileteada en venta en la Pâtisserie del hotel (a pedido, 4819-1247). Posadas 1232, Capital, 4819-1129.

    Menús día en San Isidro

    En O’Farrell Café-Food-Wine, una nueva idea para mediodía y la tarde: sándwiches grillados de varios ingredientes –salmón gravlax, colita de cuadril, mozzarella, quesos suizos– con ensaladas y otras guarniciones en platos completos ($ 10). Sweet desserts (5), Tea Time Breads and Cakes (3), tés y cafés calientes y fríos, jugos y licuados. Av. del Libertador 15274, San Isidro. 4742-4869.

    El concurso andino

    A fines de noviembre tuvo lugar en Mendoza el V Concurso Internacional Vinandino 2001 que organizó el Instituto Nacional de Vitivinicultura como lo hace desde 1993, cada dos años.

    Esta vez concursaron casi setecientas muestras, presentadas por 19 países. Los premiados fueron más de doscientos y los argentinos se conocieron en una optimista reunión en el reciente Restaurant Sucre de la Capital Federal.

    Los objetivos básicos de Vinandino son estimular la producción de vinos argentinos de calidad superior, hacerlos conocer en los demás países del mundo, favorecer la promoción y estimular el consumo moderado y la cultura del vino.

    El concurso se desarrolló en el bello Hotel Hyatt de la capital mendocina, con la asistencia de expertos y técnicos extranjeros que constituyeron las mesas de cata con los wine makers y enólogos argentinos.

    El primer premio mayor con Gran Medalla de Oro –fueron tres– fue para un vino argentino, el Bonarda Nieto Senetiner 2000, elaborado por el enólogo Roberto González –desde 1991 en la bodega mendocina de Perez Companc–. Este varietal italiano tuvo ya una medalla de oro en la London Wine Fair 1999 con el Bonarda de La Agrícola, y según algunos podría ser otra variedad simbólica argentina como el malbec y el torrontés.

    Las medallas de oro fueron unas treinta y las de plata más de cien; las dos restantes Gran Medalla de Oro, para España y Hungría. La mayoría de las de oro fue para la Argentina, otras para Alemania, Chile, Brasil, España y Sudáfrica.

    Los vinos que superan los 95 puntos ganan Gran Medalla de Oro, entre 91 y 95 de Oro, y entre 86 y 90 de Plata; hubo muchos altos puntajes, de ahí la cantidad de premios. Una de las conclusiones fue la tendencia a resaltar los aromas y reducir la madera en favor de lo frutado. El experto australiano Markides resaltó el viñedo como factor fundamental y el sabor y carácter del vino argentino; el norteamericano Spetch que la gente –en su país– está más dispuesta a pagar más por botella.

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