
Un Chanel rosa bombón
La película Coco antes de Chanel se propone, como su nombre lo indica, contar quién fue Gabrielle Chanel antes de convertirse en la extraordinaria figura que revolucionó la moda, inició un estilo imperecedero e influyó de una manera profunda en la vida de las mujeres. Con una actriz de enorme parecido, como Audrey Tautou, la directora, Anne Fontaine, hizo un film visualmente exquisito y muy bien informado. Pero, por algún motivo, frente a un personaje de la magnitud de Chanel, Fontaine prefirió poner el énfasis en sus enredos románticos: ver si la aceptaba como amante el aristócrata Etiènne Balsam, o si su verdadero amor, el industrial Arthur "Boy" Capel, se separaría alguna vez de su esposa y se casaría con ella. El tipo de problemas que podría tener, por ejemplo, un personaje de Meg Ryan.
Mientras mira los objetos de lujo en el castillo de Balsam con una codicia difícil de imaginar en una persona de tal genio, Gabrielle encuentra, con la ayuda de sus amantes, el camino que la lleva a abrir primero una tienda de sombreros, y en algún momento va a inaugurar su casa de modas, que es justo cuando termina la película. Curiosamente, la mirada de Fontaine para contar esta historia tiene fuertes condimentos del estereotipo femenino: es rosada y romántica, y por momentos parecería que se hace la tonta.
En el caso de Chanel, cada paso de su carrera fue un acto político, y Fontaine los menciona con increíble ligereza, como si fueran temas de conversación a la hora de tomar el té. Un día, mientras ayuda a su hermana con un vestido de gala, toma una tijera y corta los cordones del corsé. La hermana se sorprende. "Así vas a estar más cómoda", explica Chanel, y es fue todo. Chanel suprimió el corsé de la vestimenta femenina y así le dio a la mujer la oportunidad de respirar. ¡Respirar! Una vez que alguien puede respirar normalmente está en condiciones de pensar un proyecto más ambicioso para su propia vida. Chanel se cortó el pelo en los comienzos de 1900, cuando las mujeres cultivaban bucles y torzadas bajo sombreros gigantescos cargados de plumas.
Ese gesto libertario y provocador, completamente revolucionario, mereció en la película el siguiente diálogo: "Te cortaste el pelo", le dice Etiènne Balsam después de un rato de estar juntos. "Sí, es más cómodo", contesta ella y, otra vez, eso fue todo.
Chanel sacó las plumas de los sombreros femeninos para trascender el estilo de la cocotte. Cultivó el negro como un color de fuerza simbólica, cargado con la mística austera de las monjas del convento donde se crió. Un color superador de la pobreza, también, que ella usaba cuando cantaba de jovencita en un café concert.
Chanel incorporó para la mujer los casimires masculinos, y en la película se hace un blazer de tweed soñado. Fontaine lo muestra, sí, con la estética de una página de moda y sin otro comentario. Cuando está con su amor, Boy Capel, descubre la sensualidad del jersey, una tela hasta ese momento destinada sólo a ropa interior y que ella va a utilizar para hacer vestidos, con el propósito de que las mujeres tengan un contacto diferente con los géneros que las visten. Vestidos no sólo para que puedan subir y bajar de los coches en el Derby sin tropezarse, sino también para sentarse a trabajar, porque estallaba la guerra y las cosas iban a ser diferentes.
Chanel mira a unos marineros en la playa, con sus remeras rayadas y sus anchos pantalones blancos. Cultiva su propio estilo con monacal austeridad y diseña el camino de la distinción como lenguaje para redefinir el concepto del lujo. Pero en la película todo esto pasa a segundo plano; acá sólo importan los besos de Capel.
La autora es periodista






