Un estudio de Harvard reveló que trabajar desde casa puede ser un problema para la salud mental
Una investigación encontró más problemas de salud y uso de fármacos ligados al teletrabajo
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La adopción del trabajo a distancia impacta de forma negativa en la salud mental de los empleados al incrementar los niveles de aislamiento social, una consecuencia silenciosa que afecta con mayor severidad a quienes residen sin compañía.
Una investigación académica de gran alcance realizada en Estados Unidos y publicada por la revista ‘Science’ determinó que, a pesar de la alta aceptación y preferencia generalizada por esta modalidad laboral, los profesionales experimentan un deterioro progresivo en su bienestar emocional debido a la falta de interacción social directa en sus entornos de trabajo.
El estudio fue desarrollado por investigadoras vinculadas al Banco de la Reserva Federal de Nueva York, junto a especialistas de la Universidad de Harvard y la Universidad de Virginia. El equipo analizó datos históricos extraídos de encuestas aplicadas a 568.000 personas entre los años 2011 y 2024, excluyendo deliberadamente el período crítico de la pandemia (2020 y 2021) para evitar distorsiones estadísticas.
Los resultados demuestran un incremento sostenido del malestar psicológico generalizado, estimando que el teletrabajo es el responsable directo de aproximadamente un tercio de dicho aumento.

Las métricas del informe señalan que, antes de la crisis sanitaria global, los ciudadanos pasaban un promedio de 5,4 horas de su tiempo de vigilia en soledad durante los días laborables. Tras la masificación del empleo remoto, las personas bajo este esquema sumaron algo más de una hora a ese registro.
La desconexión social se agudiza drásticamente entre los trabajadores que viven solos: la probabilidad de pasar una jornada completa sin ningún tipo de contacto humano presencial se elevó en 7 puntos porcentuales, alcanzando al 83% de este subgrupo.
El análisis de los hábitos entre 2022 y 2024 expone que los empleados solteros o sin cohabitantes pasaron el 45,9% de sus días de teletrabajo en completa soledad y un 31,1% sin interacción social externa. La investigación subraya que este aislamiento no se compensa mediante actividades recreativas o socialización fuera de la jornada laboral.
Históricamente, las oficinas y centros de trabajo han operado como los núcleos principales para la construcción de lazos afectivos y amistades, superando a otros espacios tradicionales como centros religiosos, vecindarios o clubes deportivos.

El deterioro en los indicadores de bienestar emocional se refleja de manera cuantitativa en el uso del sistema sanitario estadounidense. De acuerdo con los registros analizados, los teletrabajadores presentan un 4,6% más de probabilidades de acudir a consultas con profesionales de la salud mental en comparación con el personal que ejerce sus funciones bajo la modalidad presencial.
Las autoras desestimaron la hipótesis de que este incremento responda a una mayor flexibilidad de horarios para asistir a citas médicas, puesto que las revisiones de rutina y los exámenes físicos generales no registraron subidas e incluso mostraron una tendencia a la baja.
Paralelamente, se constató un alza de 1,8 puntos porcentuales en la prescripción y consumo de medicamentos para tratar cuadros de depresión y ansiedad, mientras que las recetas de fármacos destinados a patologías de la salud física, tales como las estatinas para el control del colesterol, mantuvieron sus niveles habituales sin alteraciones significativas.
Existe una marcada contradicción entre la percepción inmediata de los trabajadores y las repercusiones clínicas reportadas. Datos recolectados en 2024 exponen que el 24% de la fuerza laboral considera el teletrabajo a tiempo completo como el escenario ideal, e incluso una proporción importante manifiesta su disposición a aceptar reducciones salariales de entre el 4% y el 10% a cambio de mantener este beneficio.
Las investigadoras advierten que la población activa no suele asociar el desarrollo de trastornos anímicos con sus dinámicas laborales remotas debido a que los síntomas psicológicos tardan un tiempo considerable en manifestarse de forma evidente.
Como acotación metodológica, el documento refiere que el cierre de la toma de datos en 2024 limita la observación de la capacidad de adaptación a largo plazo que puedan desarrollar los usuarios, como el establecimiento voluntario de redes de apoyo alternativas fuera del ámbito de las corporaciones.
Por Katherine Shirley Bravo
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