
Un momento para cada vino
Se presentó en sociedad la nueva línea de Finca El Portillo, de bodegas Salentein, con etiquetas realizadas por la artista plástica Marita Lavoisier, con las tonalidades de las montañas mendocinas
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Los vinos de Finca El Portillo nacieron en Bodegas Salentein, pero acaban de lanzarse con colores propios, mejor dicho, copiados de la Cordillera, y nuevas etiquetas. La artista plástica Marita Lavoisier reprodujo las tonalidades de las montañas desde los 4000 metros hasta el pedemonte, de las distintas composiciones de tierra, el color de la atmósfera y la vegetación predominante en cada franja.
Desde la de alta montaña hasta la fértil de álamos y viñedos, la pintora llevó sus impresiones a maderas de olivo que se expusieron en el Malba para la presentación de las nuevas etiquetas de la colección.
La nueva bodega exclusiva, para estos vinos del joven enólogo Laureano Gómez, por inaugurarse para la vendimia 2004, está muy cerca de la capilla ecuménica, y se construye con tierra apisonada como primitivamente, inspiración de la arquitecta Bormida. Con este mismo pensamiento de recuperar naturaleza y tradiciones aplicado a los viñedos y el vino se identificaron los siete varietales de Finca El Portillo, que provienen de fincas situadas entre los 1050 y los 1200 metros sobre el nivel del mar. Cada etiqueta tiene su color y cada color, su planta simbólica.
El Cabernet Sauvignon, el higo de la tuna; el Malbec aguaribay, la pimienta rosa; el Tempranillo, el cacto; el Merlot, el piquillín; el Syrah, la blanquilla; y de los blancos, el Sauvignon Blanc, el chañar, y el Chardonnay, el coiron. Carlos Pulenta, impulsor del grupo Salentein, aclara que los vinos de Finca El Portillo no son una segunda marca de Bodegas Salentein, tienen estilo y enólogo propios. El considera que los vinos son para momentos, sea servidos con bocados o comidas bien elegidos, o para beberlos solos.
El verano que está llegando es el mejor para los dos blancos. Tanto el Sauvignon Blanc 2003 como el Chardonnay se recomienda servirlos bien fríos y en una copa adecuada y mediana (no la más chica de los juegos antiguos). El primero, sin madera, con sensación dulce de frutas tropicales y cítricos en boca, se disfruta mucho con bocados salados, aceitunas, anchoas, frutas secas saladas; el Chardonnay, con algo de roble, más amarillo y más alcohólico, con la miel y frutas blancas maduras que caracterizan la variedad, es para sabores intensos de mar, pescados y mariscos, y muy especialmente para ahumados. Los tintos 2002, cada uno con su varietalidad bien marcada, gozan de un amplio abanico de acuerdos, bien estructurados, con unos 14 grados de alcohol, salvo el Tempranillo (13.5º), el más fácil de beber solo y el más divertido para tapeos y picadas. En verano, refrescarlos. Muy buena relación calidad-precio, $ 9 y 12 el Sauvignon Blanc.
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