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Jardinería

Un refugio de plantas y animales en plena Ciudad

Belén de Ancizar
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17 de marzo de 2019  • 00:00

Solnaturi nació en 1999, luego de que Claudia Furman decidiera cambiar el rumbo de su vida. Comenzó a recolectar semillas y plantas nativas para luego reproducirlas en su propio hogar.

Armó, poco a poco, un jardín y un vivero agroecológicos. Decidió estudiar Gestión Ambiental y siguió formándose en áreas afines. En su jardín conviven las plantas que estaban originalmente en el lugar, exóticas y nativas, aunque su intención y foco son las autóctonas: árboles, arbustos, herbáceas, trepadoras, e incluso tiene un rincón para las acuáticas.

Claudia Furman, el alma mater de Solnaturi.
Claudia Furman, el alma mater de Solnaturi. Fuente: Jardín - Crédito: Inés Clusellas

Ya suma unas 300 especies de plantas nativas. Las estudia y observa en sus recorridas diarias, además de registrar cada nuevo visitante que descubre. No utiliza cebos ni comederos y tampoco introduce orugas de mariposas. Así, 44 especies de aves y 103 de mariposas fueron registradas y fotografiadas hasta ahora en este jardín-refugio urbano. Este número sorprendió a la Legislatura Porteña, que entregó un reconocimiento a su dueña por su aporte al incremento de la biodiversidad en la ciudad de Buenos Aires.

Orthemis nodiplaga es una de las especies de insecto que visita su jardín.
Orthemis nodiplaga es una de las especies de insecto que visita su jardín. Fuente: Jardín - Crédito: Inés Clusellas

El principal interés de Claudia hoy es el cultivo de especies que están en peligro de extinción, como es el caso del ombusillo endémico de los talares de la provincia de Buenos Aires. Ella se ocupa de juntar las semillas, hacer los plantines y buscar la manera de que vuelvan a su ambiente.

Izquierda: Modiolastrum lateritium: decorativo cubresuelo para pleno sol. De llamativas flores de color anaranjado pleno, que contrastan con su follaje verde oscuro. Derecha: Lantana megapotamica: arbusto apoyante, cuyas flores atraen a varias especies de mariposas, y sus frutos, a aves frugívoras.
Izquierda: Modiolastrum lateritium: decorativo cubresuelo para pleno sol. De llamativas flores de color anaranjado pleno, que contrastan con su follaje verde oscuro. Derecha: Lantana megapotamica: arbusto apoyante, cuyas flores atraen a varias especies de mariposas, y sus frutos, a aves frugívoras. Fuente: Jardín - Crédito: Inés Clusellas

Actualmente el jardín está abierto al público, con cita previa. Claudia es quien guía en el recorrido, contando detalles de las plantas y respondiendo todo tipo de dudas. Además, allí se realizan talleres, funciona un pequeño vivero de venta al público y la puerta está abierta a voluntarios interesados en la temática. Su objetivo es la educación ambiental.

En un pequeño jardín puede generarse un ecosistema, atraer mariposas, picaflores, aves que se alimenten de semillas, de frutos o de insectos. También nos visitarán mariquitas y otros coleópteros.
Claudia Furman

Cortarramas (Phytotoma rutila) comiendo brotes del sen del campo.
Cortarramas (Phytotoma rutila) comiendo brotes del sen del campo. Fuente: Jardín - Crédito: Inés Clusellas

Será importante entonces incorporar plantas hospederas o nutricias de mariposas, plantas con frutos carnosos para brindar alimento a las aves frugívoras, como los celestinos, y algunas compuestas y gramíneas autóctonas que servirán de alimento a las aves semilleras, como jilgueros dorados y chingolitos.

Izquierda: Lycium cestroides, la planta nativa que más atrae a los picaflores. Tiene frutos consumidos por aves nativas. Derecha: Sphaeralcea bonariensis, una explosión de pequeñas flores color durazno. Atrae varias especies de mariposas: la dama cuatro ojos, la ajedrezada menor y la ajedrezada de l
Izquierda: Lycium cestroides, la planta nativa que más atrae a los picaflores. Tiene frutos consumidos por aves nativas. Derecha: Sphaeralcea bonariensis, una explosión de pequeñas flores color durazno. Atrae varias especies de mariposas: la dama cuatro ojos, la ajedrezada menor y la ajedrezada de l Fuente: Jardín - Crédito: Inés Clusellas

"Embarcarnos en este viaje de ida nos enseñará a ser pacientes, observadores, a adecuarnos a los ciclos naturales", dice Claudia. También brinda una excelente oportunidad para descubrir las agradables sorpresas que deparan el mundo vegetal y su fauna asociada. Inspirar a otros a sumarse a esta movida sustentable es la premisa.

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