
Una amiga: ojalá la tuvieran todas
Mañana se celebra el Día del Amigo, en honor a la llegada del hombre a la Luna. Aquí, testimonios de la amistad entre mujeres que, lejos de basarse en la envidia y la competencia, como reza el mito, está llena de complicidades y solidaridad
1 minuto de lectura'
Bien miradas, las exitosas series televisivas Amas de casas desesperadas y su aparentemente polo opuesto ficcional, Sex and the City , brindan cierta pista de lo que significa la amistad entre las mujeres.
En una y en otra, estas amas de casas-madres de familia-abnegadas esposas-exitosas profesionales-insatisfechas existenciales, se reúnen, comparten secretos, consejos, alegrías y pesares. Y según concuerdan los especialistas esto es, en definitiva, lo que constituye la esencia de la amistad femenina.
"Las mujeres vivimos una época de gran exigencia. Poder compartir con pares lo que nos pasa es aliviador y nos hace sentir menos solas. Es sentir que no me pasa sólo a mí . La amistad entre mujeres establece redes, permite pasarse recursos para enfrentar los mandatos sociales, además de constituir el encuentro del alma gemela", explica la psicoterapeuta Irene Loyácono.
En este sentido, el estudio Respuestas femeninas al estrés: Cuidar y hacer amistades, no pelear o escapar (Female responses to stress: Tend-and-befriend, not fight-or-flight ), publicado en 2000 por las investigadoras Shelley Taylor y Laura Cousino Klein, de la Universidad de California en Los Angeles, sugiere que reunirse con otras mujeres, así como proteger a niños y niñas, es la respuesta femenina al estrés de la vida moderna.
Para Loyácono, el compartir vivencias y experiencias desde un mismo punto de vista, el femenino, ayuda a legitimar lo que cada una vive día a día. Porque, ¿quién entiende a las mujeres? Simple: otras mujeres.
"La mujer necesita poner en palabras lo que le pasa, y lo quiere hablar con el hombre, pero él no la entiende, porque no tiene sus mismas necesidades. Entonces, busca a una mujer, a su amiga", completa la psicóloga clínica Rosa Hughes.
Esa compañía produce una enorme alegría, un sentimiento que caracteriza la amistad. Según explica Hughes, es un afecto de complicidad humana hecha de gestos y palabras.
En todas estas historias de amigas, los celos, la envidia, la rivalidad, son palabras que no aparecen en los relatos. Los especialistas señalan que estos sentimientos negativos surgen en todas las relaciones entre mujeres, pero en la amistad que perdura, a medida que se vuelve más fuerte, se resuelven y dejan de influir. "Una amiga; ojalá la tuvieran todas. Aunque sea una. Es un regalo, es un sostén, es una alegría", destaca Hughes.
La amistad en tiempos de internet
Mora Alvarez y su mejor amiga, Olivia Parenti, están sentadas en el living de la casa que los Alvarez tienen en el barrio La Pionera, del country Estancias del Pilar. Mientras hablan, se aseguran de que nadie escuche lo que tienen para decir.
Y lo que tienen para decir es que son íntimas amigas. "Porque sí." Porque se cuentan y comparten todo.
¿Qué es todo? Por empezar, tienen un plan de telefonía celular que les permite hablar gratis todo lo que quieran. Que es muchísimo. Además, está el Messenger y el mail. "Una vez -cuenta Mora- pasamos un mes sin hablar, porque estábamos de vacaciones y todavía no teníamos el plan (de telefonía). Fue un horror."
"Sí -asiente Olivia-, extrañaba verla, no tenía a quién contarle mis cosas."
Lo que más les gusta es estar juntas. Y hablar. Hablar es clave. "Nos vemos todo el tiempo: en el colegio, salimos juntas, vamos juntas de vacaciones", cuenta Olivia. "Pero no se nos acaban los temas", agrega Mora.
"Podría contarle mis cosas a mi hermana, que me lleva dos años, pero prefiero contárselas a ella", elige Olivia.
Ambas tienen un sueño: seguir siendo amigas cuando sean grandes, ir a la facultad juntas y vivir, solas, en un departamento en Buenos Aires.
Una más de la familia
Luli Bacigaluppe es soltera, abogada y trabaja en un estudio jurídico, entre otras cosas. Belén Schatz estudió Turismo, trabaja en una agencia de viajes, está casada y tiene un hijo, que es ahijado de Luli.
Se conocen desde el colegio primario, y fueron juntas a la secundaria, en Concordia, lo que implica que hicieron carrozas de flores de papel, compartieron el viaje de egresadas a Bariloche, no cumplieron con el rito estudiantil de cantar una serenata de madrugada a los profesores (porque los padres de ambas se opusieron) y esperaron que sus padres las fueran a buscar a cada fiesta o boliche cuando, según cuentan ahora, "todo el mundo se volvía en remise".
Sus padres parecían ponerse de acuerdo casi siempre para las prohibiciones y para los permisos. Que, claro, casi nunca eran los mismos que los del resto de sus conocidos. "Todo eso nos desconcertaba y a la vez nos unía", recuerda Belén. "Pero nos divertíamos mucho", cuenta Luli.
Su amistad fue fundamental cuando se mudaron a Buenos Aires. "Nos unió mucho. Fue una época espectacular, lejos de nuestros padres, solas: ¡éramos libres!", dice Belén.
-¿Alguna vez sintieron envidia de lo que hacía o tenía la otra?
Belén: -No. Creo que si nace la envidia es por falta de comunicación. La amistad tiene que ser desinteresada, no buscar más del otro que no sea la mutua compañía, el consejo.
Luli: -No, para nada, a mí me alegran las cosas buenas que le pasan a Belén.
-¿Es posible la sinceridad total entre amigas?
Luli: -Si tenés una amiga, estás dispuesta a que te diga cosas que no te gustan porque sabés que te lo dice alguien que te quiere.
-¿De qué está hecha la amistad?
Belén: -De disponibilidad; yo sé que puedo contar con Luli para lo que necesite, sé que va a estar en los momentos clave. Creo que la indiferencia es la muerte de la amistad.
Luli: -Del interés, la preocupación permanente. Belén siempre está pendiente de lo que me pasa, me llama todos los días.
Y ellas estuvieron juntas en los momentos clave de sus vidas: Luli se pasó toda la noche sentada, esperando, cuando Belén tuvo a su primer hijo, Felipe, que es su ahijado. Y también estuvo ahí para despedir a Belén antes de que se fuera de luna de miel. Pero Belén también fue el sostén y el consuelo de Luli en cada ataque de ansiedad previo a los exámenes orales.
"La vida nos regaló estar cerca. Pero uno siempre está expuesto a que pueda perderse la amistad, a algunos hechos de la vida que te pueden separar. Por eso, a la amistad hay que regarla", dice Belén.
Alegrías y sinsabores
Sentadas a lomo de un burro, en una foto de los años 70, están Claudia Parodi y Zulema Rose. Se ven divertidas en ese viaje por La Rioja que hicieron como integrantes del equipo de pelota al cesto del Club GEBA, donde se conocieron hace 40 años.
Desde entonces, Claudia, con sus 57 años, y Zulema, con sus 60, compartieron, ellas sí, toda una vida: fiestas, viajes, noviazgos y casamientos de una y de otra, padrinazgos, trabajos, quintas vecinas, sinsabores y alegrías.
Amigas desde adolescentes, Claudia y Zulema se ríen todo el tiempo. Dice Claudia que el solo hecho de hablar con Zulema para ella es una alegría. Y que está en esta entrevista "porque la de las ideas raras siempre es Zule", y ella, la que se suma.
En todos estos años hicieron que sus maridos se convirtieran también en íntimos amigos; los involucraron en un negocio exitoso de fabricación y venta de camisas (idea de Zulema), compraron quintas próximas en la localidad de Moreno, compartieron fiestas de Año Nuevo con sus familias. Y llegado el momento de las pérdidas, también lo pasaron juntas.
"Esta es una época de transición -Claudia se pone seria-, de pérdidas: mi madre tuvo Alzheimer y por varios años debí cuidarla. Así es la vida. Zulema estuvo ahí, siempre." Cuando Zulema perdió a su madre, también contó con Claudia.
Se conocen en las palabras y en los silencios. "Con los años me volví más reservada, más cuidadosa, pero de ella no tengo que preservar nada", dice Claudia. "No necesito que me diga nada: yo sé lo que le pasa con sólo mirarla", retruca Zulema.
Ahora quieren recuperar lo que quedó relegado, dice Claudia. Así que ya planean otra vez fines de semana juntas, esta vez en el barco de los Rose.
"La amistad es como cultivar una planta: siempre la ves diferente, la ves crecer, y la cuidás. Siempre que hablamos, que nos vemos, para mí es una alegría", concluye Claudia. Y Zulema asiente.






