Una auténtica bodega boutique
Se trata de empresas pequeñas, de producción limitada, que hacen el vino con uvas propias y no lo embotellan de terceros ni hacen elaborar sus uvas afuera. Un parámetro indiscutible es que estas instalaciones no producen más de 300 mil botellas por cosecha
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El sector joven del periodismo del vino adoptó con entusiasmo la expresión bodega boutique. Mientras a algunas bodegas tradicionales no les satisface, otras muchas se han plegado a la novedad (hoy termina una feria de bodegas boutique). Son pequeñas, de producción limitada, hacen el vino con uvas propias, no embotellan vino de terceros, ni hacen elaborar sus uvas afuera. Un parámetro indiscutible es que las bodegas boutique no producen más de 300.000 botellas por cosecha. Esto redunda en lo artesanal del proceso, ya que suelen ser los propietarios, con un enólogo, los que están en los viñedos y la bodega. Como Federico Cassone, hijo de un acreditado cirujano mendocino cuyo bisabuelo piamontés, Celestino, se afincó en Mendoza en el siglo XIX e inició la saga viñatera. Hoy sus descendientes elaboran en la pequeña bodega de Mayor Drummond, Luján de Cuyo, construida en 1999 entre viñedos propios de 90 años. Comenzaron produciendo 80.000 botellas y la cosecha 2002 dejó 220.000, de las que exportan el 70 por ciento, producción boutique.
Entre sus primeros vinos presentaron un Obra Prima Rosado Cabernet Sauvignon, una revelación entre los rosados argentinos; un Malbec, y un Cabernet Sauvignon equilibrados y bienvenidos en tiempos de abuso de la madera. Luego salieron los Finca La Florencia como segunda línea de varietales elaborados en tanques de acero, sin madera (salvo el Chardonnay).
En estos años de bajo perfil los Cassone optimizaron la tecnología, buscaron el asesoramiento de enólogos importados y anduvieron por el mundo investigando qué prefieren los mercados extranjeros. Conclusión: fruta, frescura, cuerpo sensato, que sean fáciles de beber y para acompañar comidas; nada de vinos de concurso, sostiene el asesor Bernard Portet y acuerda Federico que, según sus hermanos, es el wine maker de la familia, el que se pasa el día entre la bodega y los viñedos.
Todos los varietales tintos pasan un año en botella en la bodega, elemental, los Obra Prima (23) previo año en barricas de roble francés, total o parcial, sólo para equilibrar la fruta. El Malbec tiene buen cuerpo, suavidad y el toque dulce de las uvas perfectamente maduras; el Cabernet Sauvignon es más sobrio y más elegante, con largo final en la boca, ambas para la cocina en serio. El americanizado Obra Prima Rosado de Cabernet Sauvignon 2002 (15), fresco, floral, frutado y cosquilleante, apunta a los más jóvenes, nada que ver con el 1999.
Los Finca Florencia tintos 2001 muestran muy buena relación calidad-precio ($10), y son más argentinos -o menos europeos- que sus antecesores, de buen cuerpo y con la fruta más notable, madera nada. El Finca Florencia Chardonnay 2002 fermenta y se cría en roble francés, complejo, con aromas de frutas blancas, fresca acidez y suavidad de miel en la boca.
aliciaadelgado@hotmail.com






