
Una chica brava
Con fama de dura y perteneciente a un clan de enérgicos artistas, Julieta Ortega disfruta del éxito de Graduados en televisión, lidia con el asedio mediático y, sobre todo, celebra su activo presente de madre, actriz y mujer atenta a la moda
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Es inteligente, original y tiene tal facilidad de palabra que, a la hora de las preguntas, lo que se recibe es puro deleite. Ninguna de sus respuestas son azucaradas ni pensadas para gustar. Fresca. Segura. Julieta Ortega llega a la charla luego de un día intenso de grabación y se suelta de a poco, con ácida sutileza y esa impronta de chica brava. "Asumo que tengo carácter y sí, creo que soy fuerte. Idéntica a mi madre. Lo que pasa es que ella es rubia de ojos claros y entonces se le nota menos que a mí", dice risueña, mientras le da un sorbo al café con leche.
Minutos después, de muy buen modo, aclarará que pasará por alto ciertos temas que la agobiaron en los últimos tiempos (léase su supuesto romance con Andy Kusnetzoff y el también supuesto escándalo Tinelli & Valdéz & Sebastián Ortega, uno de sus hermanos).
"Lo primero, lo del romance, es simplemente mentira. La verdad es que no sería nada grave ni prohibido; es algo que podría haber pasado tranquilamente, sólo que no pasó. Y lo otro no es un tema al que deba referirme yo. Me agarraron en un principio; dije dos palabras. No debería haber dicho ni una. Pero a veces es difícil. Te buscan, te buscan. Traté de ser lo más prudente posible y de contestar con el máximo cuidado. Pero ni siquiera hay que hacer eso."
Te irrita el tema.
Me molesta que crean que hay una familia pendiente del tema. No es así. Mi papá estaba en los Estados Unidos pensando en su show y fueron a buscarlo para que hablara. En fin…, cosas que pasan en todo el mundo.
¿Cómo está él de salud [Estuvo internado el mes pasado en la Fundación Favaloro, por una neumonía leve]?
Fue un susto, pero por suerte pasó. Ya respiramos tranquilos, está todo muy bien.
¿Hablás de respirar como una forma de alivio o…?
No lo digas, ¡por favor! No. No hago ningún camino espiritual ni respiro de ninguna manera consciente. Sólo respiro [risas], que no es poco. Hablando en serio, no es que tenga prejuicios, pero no creo en toda esa movida de las energías y respiraciones. Por lo menos no va conmigo.
¿En qué creés?
En la buena gente. La realidad es que conocí un montón de personas que respiran divinamente, dicen cosas generosísimas, pero después te quieren matar. Meditan, pero están totalmente fuera de sí. Obviamente no generalizo, pero me parece que todo ese movimiento tiene mala prensa en la Argentina porque acaparó mucho burgués buscándole sentido a algo. Igual, que cada uno busque donde pueda. Pero a mí me conmueven otras cosas.
¿Qué te gusta, te emociona o te inspira confianza?
La gente interesante. La gente culta. Los artistas apasionados. Las charlas largas, profundas y sinceras. Los buenos libros. Yo creo en las buenas acciones. Me enamoro de la gente que tiene algo diferente para dar. Soy feliz con mis amigos y aprendo de ellos. Generalmente ando con personas más grandes, duendes de la vida, como el poeta Fernando Noy, Pablo Ramos, Rita Cortese. Me encantan los personajes que no tienen edad. Igual, yo con eso tengo un tema.
¿Miedo al paso del tiempo?

No. Sólo que no sé por qué jamás registro las edades. Ni siquiera la mía. Bueno, ahora sí porque es un número redondo, los cuarenta. A partir de entonces sumo o resto para calcular la de mis hermanos. Pero si me preguntan ahora cuántos años tienen mi mamá o mi papá, seguro la pifio. No me importa saberlas. Es algo raro. Siento que la gente que actúa, escribe o se dedica al arte no tiene edad. Y no pasa por un tema físico. Lo de sin edad no tiene que ver con el estereotipo de mina operada, sino con el espíritu.
¿Hemos dado con una chica natural?
En algún sentido, sí. Soy más bien relajada. Me gusta mucho la moda y estoy atenta a ella. Me encanta ver gente cuidada y con onda, pero me choca mucho ver mujeres de cincuenta vestidas como si tuvieran veinte. Creo que la juventud, la frescura y el estilo pasan por otro lado.
¿Qué es el estilo, según tu punto de vista?
Es ser fiel a uno mismo, sentirte representada con todo aquello que te ponés. Es el equilibrio, el condimento justo. Las carteras falsas son el antiestilo. Me ponen muy de mal humor. ¡Comprate la auténtica o no compres nada! Y ni siquiera, así puedas, es necesario. No estamos en Los Ángeles o Nueva York, donde las mujeres salen a pasear con sandalias de 1200 dólares y no pasa nada. Acá, el exceso de lujo se torna vulgar. Es desatinado, sin sentido. Por supuesto, hablo de excesos. A mí me encanta tener mis buenos bolsos y cachemires eternos. Adoro las carteras Balenciaga, que no son tan obvias, no las descubrís fácilmente.
¿Qué equipo repetís a menudo?
Mis botas Uggs, que me cuesta sacármelas hasta octubre. Si miran mis fotos callejeras rumbo al trabajo estoy siempre con ellas. ¡Un plomazo! Pero me encantan. Y jeans, cachemires que uso hasta con agujeros y se convierten en la obsesión de mi mamá. Ella es tan impecable que no lo entiende. Todo lo suyo parece nuevo, siempre. En cambio a mí me gustan las cosas de calidad, pero con historia; el bolso de cuero un poquito abolladito, con algún rayón. Esas pequeñas cosas nos diferencian. Después somos iguales.
Y ahí viene el mito de la bravura heredada…
¡Es verdad! [risas] Tenemos mucho carácter, sólo que a mí se me nota más. Pero mi mamá es increíble de fuerte. Está totalmente blanqueado en la familia que es ella quien decide todo en la casa. Toda la vida fue así. La que logró que todas las piezas funcionaran armoniosamente fue ella. Y no resultó tarea sencilla. Seis hijos son un montón. Si a eso se le suma marido cantante, famoso, que además un día es gobernador… Y los hijos adolescentes, la vida en Miami, la vida en Tucumán, yo que estaba estudiando teatro en Los Ángeles. La verdad es que somos una familia muy difícil de encasillar.
Pero debe estar orgullosa; si este era el plan, le salió muy bien. Cinco de los seis viviendo en la Argentina. Todos artistas exitosos.
Precisamente por eso, porque no hubo ningún plan, a veces nos juntamos y decimos… ¡wow! A menudo coincidimos en la casa de mamá y papá, generalmente los domingos. Y es increíble. Todos con proyectos interesantes, pero absolutamente diferentes. Todos libres y satisfechos, cada uno con su historia y su proyecto. Creo que lo que nos potenció fue esa cosa de supervivencia. No siempre vivimos en la Argentina como hijos de. Durante un tiempo mis hermanos eran chicos anónimos que estudiaban en los Estados Unidos y hacían surf. De pronto, de un día para el otro, eran los hijos del gobernador y se fueron a vivir a Tucumán. Yo, mientras, becada en Los Ángeles, estudiando con Anna Strasberg. Mi sueño no era ser famosa, sino ser una buena actriz.
Había que demostrar, ¿no?
Y… de alguna manera eso estaba. De la política siempre salís dañado. Y queda. Cargás con mucho amor, pero también con mucho odio heredado. Hay gente que te quiere por herencia y otra que no te quiere por la misma razón. En aquellos tiempos, mi mamá fue la gran responsable de lograr la unión entre los hermanos y ayudarnos a utilizar las alas. Influyó, claro, que siempre fuimos chicos muy curiosos. Y tuvimos una excelente educación familiar.
¿Estás feliz con todo lo que lograste?
Sí, soy más o menos algo muy cercano a lo que quería ser. Y todavía falta.
¿Hablás puramente de lo laboral?
Sí. Bueno, pero también en lo personal. A ver…, no hay muchas mujeres que puedan decir que les tocó el mejor ex marido del mundo. Y el mío lo es. Con Iván [Noble] nos separamos, pero tenemos una excelente relación, detalle importantísimo, ya que somos padres de Benito, que tiene 6 años.
Dice la leyenda que son tan modernos que vos les presentás candidatas…
¿Qué? No sé de dónde salió eso. Mentira. Nunca haría eso. Nos llevamos muy bien y él me cuenta cada tanto algunas de sus cosas. Yo fui quien estuvo en pareja luego de la separación y, la verdad, se portó como un duque. Él siempre me dice: "Qué bueno, qué bien nos llevamos". Y yo le digo que no se ilusione, que eso pasa porque no tiene novia [risas].
Y sí, sos brava.
No, él merece que le vaya muy bien porque es bárbaro. Es un tipo muy respetuoso, nunca le ha presentado ninguna mujer a mi hijo, y eso que salió con muchas. En tres años jamás lo hizo y me dijo que cuando lo haga, antes hablaremos y veremos la forma de llevarlo adelante con Benito. La verdad, no es algo que tenga obligación de hacer. Pero repito, ¡es el mejor ex marido del mundo!
El amor después del amor. ¿Se sienten amigos?
Tampoco soy tan moderna como para ser amiga de un ex amor. No suelo tener relación con mis ex novios. Creo que eso puede darse después de muchos años. Sigo relacionada con Iván por mi hijo. Lo considero familia más allá de que ya no estemos juntos. La verdad es que hay gente para todo, pero aquellos que son pareja y de un día para el otro pasan a ser amigos… No sé, yo desconfío. Me parece raro. Igual todo es preferible al escándalo. Eso sí me aterroriza. Qué desagradable es estar en el medio de la tormenta.
No estuviste en medio de la tormenta, pero últimamente tuviste que tener mucha cintura para esquivar el tema de tu hermano Sebastián [por el romance de su ex mujer con Marcelo Tinelli].
Sí. Molesto. Es violento cuando tenés gente siguiéndote para averiguar algo que no vas a decir. Especialmente cuando ves una cámara encendida en la puerta de tu casa, cuando volvés de trabajar y sólo tenés ganas de abrazar a tu hijo. Pero hay que tener calma. Son las reglas del juego. También pasa en otras partes del mundo; no es un invento argentino. Pero bueno, uno se hace mucha mala sangre.
¿Se puede no escuchar, no mirar, no leer, o la tentación es más fuerte?
Lo intentás, pero siempre hay alguien que te cuenta algo que no querías saber. La realidad es que estoy en un año de mucha exposición, en el programa más exitoso de la televisión [Graduados], así que todo lo que pase conmigo o mi alrededor, vende. Compañeros míos como Nancy Dupláa, tienen másteres en estos asuntos y no se les mueve un pelo. A otros, como Daniel Hendler o Paola Barrientos, les cuesta más. Pero no hay que amargarse. Yo a veces me tengo que atar los dedos para no twittear algo que me indigna.
¿Lo lográs?
Sí, me pasó el otro día de estar en el auto y escuchar una mentira total. Como conocía al locutor, llegué a parar para llamarlo. Hasta que el sentido común me detuvo. ¡Sería un disparate! Por suerte tengo un instinto de control que me cuida de esas cosas.
Instinto de control: no es poca cosa.
Es muy raro que yo pierda el control. Además no bebo alcohol, jamás en mi vida estuve borracha. Nunca tomé una copa de vino, y eso que tuve un marido experto en el tema. Mis amigas ya están resignadas. Siempre quieren corromperme, pero a esta altura no lo van a lograr. La desventaja de este asunto es que siempre ando muy alerta. Demasiado. Nada me anestesia, así que generalmente estoy en carne viva. Además tengo una memoria bárbara. Es casi imposible que no recuerde algo.
¿Quiénes son tus amigos? ¿Con quiénes te gusta estar?
Gente linda del medio. Poetas, músicos. Leticia Brédice es mi gran amiga y tenemos hijos de la misma edad. Nos juntamos en casa o en lo de mamá. Nosotras hablamos y ellos se disfrazan. Tenemos chicos histriónicos. El mío tiene una personalidad avasalladora. Es muy fuerte, gracioso, rápido. Se lleva el mundo por delante y hay que pararlo todo el tiempo.
Los genes.
Y, sí. Le gusta mucho la música, el fútbol. Es muy intenso, dice malas palabras. Es muy… muy varón. Me cuesta. Me encanta.
Julieta, ¿entonces estás sola?
Vivo con Benito y Lelú, una especie de abuela postiza; es la señora que me cuidó cuando yo era chiquita. Sola de hombres, sí. No salgo con Andy ni con nadie. ¿Busco? No, no busco. ¿Si espero que llegue? Ojalá. Según la carta astral debería llegar en octubre, este mes. Pero no sé…
Y entonces te animarías a...
A mucho. A lo mejor a todo. A veces pienso que si llegara un amor me animaría a tener otro hijo. Pero tendría que enamorarme mucho y creer que esa situación va a ser estable. Después lo analizo y creo que estoy más cerca de enamorarme de una persona que ya tenga chicos. No sé. Tampoco debería hablar de estas cosas. A mí me dan tanto miedo estas charlas, así, tan largas. Uno se larga, habla tanto…Y todo queda grabado.

Pero ya está. Acaba de fallarte el alerta, el control.
Bueno, pasa. ¿Será que lo estoy perdiendo? Tampoco está bueno el estereotipo. ¿Viste que si una mujer es fuerte, con carácter, enseguida la tildan de yegua? En cambio, si sos hombre, tenés un temple bárbaro. Sos personal. A mí siempre me gustaron las mujeres fuertes. Mi mamá, mi madrina, Ana María Picchio, Rita Cortese, Tina Serrano, Mirtha Busnelli, Fabiana Cantilo, Alejandra Pizarnik, Eva Duarte.
También tenemos presidenta con carácter.
Bueno, está bien. A mí me parece interesante que sea mujer y, más allá de adherir o no a su política o estilo, me molestan ciertos insultos que le hacen por el sólo hecho de ser mujer. Esa cosa de mina, de criticarla por la ropa, una cartera o su condición, no me va. Odio el machismo en las mujeres.
¿Qué otras cosas te crispan?
El fanatismo, de un lado o del otro. La pelea. La gente que habla de vos sin conocerte. Pero, por sobre todas las cosas, que se metan con mi familia. Yo los quiero mucho, demasiado. Y la injusticia, la mentira, la falta de respeto, me vuelve loca.
Mis hermanos y mis yo
- Martín
El que más tardó en volver. Sensible. Siempre detrás de cámara. - Sebastián
Temperamental. Fuerte como yo. Con pensamiento propio. Lo admiro tanto y es tan noble. - Luis
Es lo más. Si no fuera mi hermano, sería mi amigo del alma. Un gran director de cine. Canta. Es un gran artista, sumamente coherente con su pensamiento y forma de vida. - Emanuel
Ahora vive en los Estados Unidos. Se hizo hombre de familia muy joven. Es un amor. - Rosario
Un encanto de persona; tiene una voz dulce y suave: así como canta, es ella.






