
Una dupla original
Rubén Troilo y Constanza von Niederhausern, al frente de Garza Lobos, crean cada pieza desde el principio hasta el final, con tramas propias y mucho detalle
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En un atelier blanco, luminoso, Rubén Troilo da vueltas alrededor de un maniquí. Mira una prenda, la sostiene con las manos mientras parece pesarla, vuelve a colocarla en el maniquí. Concentradísimo, observa un top de gasa bordado que le resulta demasiado pesado, con riesgo de perder la soltura de una prenda de verano.
Ese cuidado por el detalle, esa virtud de diseñar a primera vista, es lo que colocó a Garza Lobos, la marca que creó con Constanza Von Niederhausern, en un lugar de crecimiento sostenido, en una etiqueta con diseños que sorprenden.
Antes de encontrarse y de crear Garza Lobos, Constanza se dedicaba a la obtención de fibras de camélidos sudamericanos. "Mi familia es del sur, de Trelew, donde tenemos campo. Yo buscaba un desafío. Siempre me gustó la moda, soy pilchera. Empecé a investigar de qué se trataba esquilar llamas, guanacos, vicuñas. Trabajé mucho con Oscar Adot, papá de Laurencio (falleció hace pocos meses), una gran persona y creador de Tecnología AM 2, un gran invento que permite separar el pelo no deseado de la fibra. Era amiga de la mujer de Rubén y nos hicimos muy amigos", dice.
Pero antes de esa amistad, Rubén trabajó en DuPont, una empresa química que se dedica a hacer hilados, en la que había ganado un concurso de diseño. Allí recibió capacitación en procesos industriales sobre el uso de texturas en función del diseño. En ese entonces, dice, el desafío era conocer lo que realmente buscaba y compraba el consumidor. Y ese acercamiento lo logró en 2000, al ingresar a TrosmanChurba. Cuando la dupla se separó, él siguió camino con Jéssica Trosman, hasta 2010.
"Tenía ganas de hacer otra cosa y charlando con Constanza me contó lo que hacía con las fibras. Yo me sentía experimentado en ese tema, porque las fibras de camélidos son muy deseadas en teoría, pero luego hay que comprobarlo con la demanda", dice Rubén. "Y en la Argentina el producto resulta muy caro", agrega ella.
Esa fue la primera idea. El punto de encuentro. Crear una marca que incluyera esas fibras, y con perfil exportador. Así arrancaron en julio de 2010. Luego de confeccionar las primeras muestras llegaron a la conclusión de que era más fácil crear una marca con continuidad que sólo ofrecer una línea de productos con una fibra más sofisticada.
¿Cuándo sintieron que la marca ya tenía identidad?
Rubén: Creo que fue en el primer desfile en BAFWEEF, cuando hicimos la primera edición de todas las cosas que teníamos dando vueltas. Reunimos telas elaboradas por nosotros mismos de llama, otras con una técnica de estampa que tiene que ver con el marmolado y, siempre, con el uso de los colores. Tuvimos que juntar todos esos elementos por primera vez para armar una colección. Desde ese momento tuvimos la sensación de que sabíamos de qué se trataba la marca. En los siguientes pasos fuimos incorporando novedades.
Constanza: Y uno se va acomodando, antes de BAFWEEK apenas teníamos venta al público. Estábamos en un espacio de trabajo en Avenida de Mayo, pero no era un lugar de ventas. Hasta que encontramos el local de Palermo.

¿Qué hace cada uno? ¿Cómo se dividen el trabajo en la marca?
Constanza: Hacemos cosas juntos y otras por separado.
Rubén: Se supone que por mi perfil soy un diseñador más profesional, y Cuti es más intuitiva.
"Más de minita (agrega ella entre risas), tengo más perfil de clienta. La parte más técnica es de Rubén. Mi interacción es con Rubén, y él habla con las modelistas."
Y si algo no les gusta, ¿lo dicen? Sí, dicen los dos. "Nunca hay algo que absolutamente no nos gusta –aclara Rubén–. Y cuando visualizamos algo antes de darle forma, tenemos la confianza en el otro para apoyarnos."
Trabajás sin bocetos, directamente sobre el maniquí.
Rubén: No dibujo. No me gusta porque hay muchos elementos que no se pueden transmitir con el dibujo. Si boceto algo y dejo que la otra persona actúe sobre ese dibujo es como si estuviera diseñando la persona que lo interpreta. Siento que no le di toda la información. A mí me importan mucho ciertos detalles que no se pueden dibujar. Necesito ver muchas veces lo que se está haciendo, hay cosas que al principio no me gustan y cuando veo el proceso se me ocurren formas de cambiarlas. Soy muy sensible a las medidas, te puedo decir cuánto mide algo sin usar un centímetro, soy muy obsesivo con eso. Soy bastante fanático de los detalles.
¿Cuántos prototipos quedan en el camino?
Rubén: Muchísimos. Hay cosas que ni llegan a calificar de prototipos. Trato de usar géneros similares a los de la prenda final, para ver su peso y caída. Al mismo tiempo elijo los materiales y voy verificando si lo que quiero hacer se podrá lograr con ese material. Cuando tengo las dos decisiones avanzo un poco más.
Mientras habla vuelve a mirar el top de tul que descansa sobre el maniquí. Detrás de la prenda hay un trabajo inmenso, son tiras y tiras de tul con costuras en el borde, unidas y atravesadas, formando una trama propia. La tela está fabricada por la misma persona que confecciona la prenda.

Ese top integra la colección primavera-verano que se presentó en el Tattersall de Palermo, en el marco de la pasarela Designers Look BA. Una composición de color y textura con un perfecto manejo de la vibración de colores cálidos y fríos, con contrastes en la medida justa. ¿Géneros? Los ideales para esta temporada, como sedas y algodones, todo con estampas propias. Como las fibras de animales autóctonos tienen propiedades térmicas muy versátiles, las incorporaron en algunos abrigos de verano.
¿Cuándo comenzaron a pensar la colección verano?
Rubén: Siempre digo que la nueva colección es consecuencia de la anterior. Quedás enganchado para bien o para mal con lo anterior, siempre te deja un sabor. Hay logros que te hacen pensar si querés insistir con eso o si te tomás vacaciones de esa idea. Es una cuestión de sentir que lo que estás haciendo es fresco. Pero no lo das sólo vos, sino el contexto. Si todos hacen lo mismo deja de ser fresco. Tiene que ver con lo que hacés y con lo que otros hacen.
Constanza: Nuestra reflexión es que las cosas que presentamos tienen que ser lindas y nuevas. Aunque parezca muy elemental es muy difícil. En esta colección comenzamos a trabajar en abril.
Rubén: Tenemos distintos trabajos en paralelo. Lo que vendemos masivamente en el local, los productos que son continuos y que hicimos por primera vez hace unos años, los básicos, los que le sumamos un detalle, un contratono, una estampa... Y el desfile, que tiene que ver con la comunicación de la marca y con el show. Los desfiles son banco de pruebas de algunas ideas más arriesgadas.
¿Dónde se inspiran?
Rubén: En lo que hicimos, en la nueva mirada de lo que hicimos.
Constanza: En las telas, el material es muy disparador para lo que hacés después.
¿Con qué técnicas textiles innovaron?
Constanza: En estampa rescatamos el marmolado, una técnica oriental que utiliza un hongo,
Rubén: Cuando comenzamos a usarlo hicimos caseramente unas muestras nosotros, y luego buscamos a alguien que tuviera herramientas para desarrollarlo.
Constanza: Ahora hacemos nuestros propios dibujos.
¿Proyectos?
Constanza: Como en la Argentina el guanaco no tiene su marca propia, porque siempre lo vendieron como vicuña, nuestra idea es hacer un sello de calidad con el guanaco. Algo que trasciende la marca.
¿Cómo se relacionan con las tendencias?
Constanza: No estamos detrás de las tendencias.
Rubén: Es importante que un diseñador tenga un conocimiento de lo contemporáneo desde las cosas que pasan. Pero estar conectado al mundo no implica hacer lo que hacen otros diseñadores.
¿Qué consumen de la moda?
Rubén: Para mí la ropa es algo funcional.
Constanza: A mí me encanta la moda. Tengo mi vestido de fiesta que mando a hacer, pero cotidianamente me visto cómoda. Si me compro un suéter, busco uno de calidad.
¿Qué piensan del diseño argentino?
Constanza: Veo todo muy experimental, se puede ser muy creativo, pero la ropa se tiene que poder usar y la tenés que vender. En los primeros años de la Facultad está bien que vueles, pero después tenés que saber crear una matriz comercial. Ninguno de los dos estudiamos diseño. Rubén estudió economía y yo, publicidad.
Rubén: Está muy bien estudiar diseño. Si yo hubiera estudiado, me habría sumado mucho. Lo que creás es moda en cuanto trasciende.
Constanza: Tiene que darte ganas de ponértelo.
Y ellos saben de qué se trata. Los tapados de la colección invierno, con cortes impecables y juegos de colores inéditos, despertaron suspiros además de aplausos. Por eso, Rubén se anima a aconsejar a los estudiantes que dan sus primeros pasos en el diseño de indumentaria. Como dice Rubén, "hay cosas que no debería descuidar, como valorar las decisiones más simples. Si decidís que un vestido sea 10 centímetros más largo, esa es una idea contundente visualmente. Pero a veces los estudiantes no se dan cuenta de eso, piensan que una idea nunca es alargar o acortar 10 centímetros un vestido. Consideran que tiene que ver con algo muy superior. Podés hacer una colección súper creativa simplemente cambiando algunas proporciones, o largos, y sería fresco e innovador igual. Piensan que la innovación es algo muy difícil, y lo es. Pero a veces es una elección de camino". Y ellos saben de qué se trata.






