
Una mamá olímpica
Suba o no al podio, ella ve en su hija a una verdadera campeona. Esta es la historia de Mirta Méndez, la madre de la yudoca Paula Pareto
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LONDRES.– Al principio no hay lágrimas en los ojos de Paula Pareto. Sí hay fuerza y garra al enfrentarse en el tatami con su contrincante belga, y tal vez algo de dolor. Después llegará la bronca cuando los jueces la declaren fuera del podio olímpico por un tecnicismo del judo, y decepción. Frente a los periodistas que la esperan, no faltará el enojo y, como siempre, la amabilidad.
Hasta que abraza a su mamá. Sólo ahí, en esos brazos que tantas veces la animaron y mimaron, llora desconsoladamente. En un murmullo, Mirta Méndez la consolará: "Hijita, no te preocupes, hiciste feliz a mucha gente". Y la peque, hija, contestará: "Es que quería que me vieras ganar. Quería llevarme la medalla a casa". Después llegarán las risas, alguna broma y la mirada siempre positiva de una madre.
Fue largo el camino para llegar a los Juegos Olímpicos Londres 2012. Para Paula hubo muchas horas de entrenamiento y prácticas desde que ganó hace cuatro años la medalla de bronce en Pekín en la categoría de hasta 48 kilos. Esa vez, Mirta no pudo acompañarla, y festejó la victoria en su casa de Tigre, del otro lado de la pantalla. Para ella, médica pediatra y mamá también de Estefanía (27) y Marco (24) era imposible costear pasajes, hotel y estadía.

A Londres llegó con una invitación de la firma de Procter & Gamble, que armó para la ocasión una casa para mimar a las madres de 150 atletas del mundo, 20 de América latina. En ese espacio podían almorzar, distenderse y compartir charlas de mujeres con historias distintas, pero con tanto en común. El viaje se convirtió en una gran oportunidad de ver competir a su hija en las grandes ligas, y de conocer la ciudad con Marco. Disfrutó cada segundo, caminó desde el Big Ben hasta el Palacio de Buckingham, probó con gusto el fish and chip y la cerveza tradicional, y hasta se perdió en Notting Hill. Cada minuto fue una fiesta, sobre todo cuando dos días antes de la ceremonia inaugural de los Juegos se encontró en un mall con su hija Paula (alojada en la Villa Olímpica). No hablaron de la lucha que se acercaba ni de sus rivales. Sólo de buenas anécdotas y de su futuro en la carrera de Medicina en la Universidad de Buenos Aires, donde cursa el 5° año.
Mamá profesional. Pediatra de sus propios hijos, reconoce que sólo una vez fue incompatible su profesión con su vocación de mamá. "A los seis meses, Paula se enfermó de neumonía y no pude atenderla, me desbordé." Ya en ese entonces notaba que su hija tenía una destreza natural, cuando en un segundo de distracción (ese segundo que las madres siempre lamentan) se cayó desde el cambiador, y lo hizo sentada.
A los 3 años, Paula ya daba sus primeros pasos con buen ritmo en la danza clásica, que a los 5 cambió por la gimnasia deportiva. A los 9 llegó al judo, junto con su hermano Marco, y fue para quedarse. Enseguida en la escuelita deportiva descubrieron sus habilidades, y ya no hubo dudas cuando ganó una medalla de oro en su primer torneo nacional. En ese entonces, Mirta compartía las horas entre el consultorio, la casa y la crianza de sus tres hijos, con la gran ayuda de su mamá. Se separó de Aldo, papá de Paula, hace diez años.
"Siempre fue muy buena en los deportes, también como futbolista. Juega con sus amigas del secundario, en un equipo que bautizaron Paulita y el resto. Creo que es su cable a tierra."
Mamá de judoca. Mirta no habla de sacrificios, sí de decisiones. Ella eligió acompañar a su hija en el camino del deporte de alta competición. "Paula siempre elige con total libertad, y yo la apoyo en todo", dice Mirta, que a veces la lleva desde su casa de Tigre hasta La Plata, donde entrena dos veces por semana. Y está pendiente de su salud y su dieta, que incluye cítricos, bananas y cereales.
Tampoco se lamentó cuando los sacrificios fueron económicos. Recuerda que los bolsillos flacos no le permitían viajar a los Panamericanos de judo de Puerto Rico, en 2005. "Le dije que vendería el auto para llevarla. Pero antes de hacerlo me lo robaron, y con el dinero del seguro finalmente pude costear el viaje."

Sí, Paula habla de sacrificios. "Mi mamá hizo por mí cosas que no sé si haría. Cuando yo tenía 18 años iba a en tren a buscarme al Cenard, donde me entrenaba, y volvíamos a casa a las 12 de la noche. Y eso que al día siguiente se tenía que despertar a las 6 para trabajar."
Mamá preocupada. Hace unos años, un diagnóstico médico fue contundente. Paula tenía una incipiente hernia de disco cervical, y el neurocirujano sentenció: "Olvidate del judo". Pero después del reposo obligatorio, retomó los entrenamientos y llegó a subirse al podio en Pekín, y obtuvo el oro en los Juegos Panamericanos de Guadalajara. Por eso, cada vez que su hija lucha, la mamá no está pendiente del resultado. "No importa que gane, porque sé que siempre da todo. Mi único temor es que se lesione. Lo que quiero es que mentalmente esté sin presiones, porque eso lleva a las lesiones." Sufre con cada mala caída, con cada golpe, con cada movimiento brusco. También se preocupó cuando, tres días antes de competir, Paula se desmayó en el trayecto de España a Londres. Desde un restaurante de la pintoresca galería Covent Garden, no dejó de escribirle mensajes desde su Blackberry.
Mamá espectadora. Nervios, tensión, alguna risa nerviosa. No es fácil acompañar a Mirta en la tribuna cuando ve luchar a su hija. En especial para su hijo Marco que, aún más tensionado que ella, intenta contenerla. Es que cuando la Peque está en el tatami, Mirta también pone el cuerpo, como si luchara con ella. Y pasa del silencio absoluto al grito: "Fuerza Paula, vamos".
Siempre con mirada positiva, es de esas personas que se paran del lado optimista de cada situación, y el destino parece listo para retribuírselo. Por ejemplo, cuando pasea por el Tower Bridge y sin programarlo se encuentra con una verdadera fiesta de fuegos artificiales y con el paso fugaz en lancha con David Beckham a bordo. O cuando asiste al salón Wella londinense, invitación de P&G, para un cambio de look total, y con una mezcla de inglés-italiano-castellano le dice al estilista que está en sus manos, pero eso sí: "Que quede bella (pronuncia en italiano)". Y así es. Termina siendo la más linda, como toda mamá. Hasta el tiempo parece favorecerla: en su estadía no hay ni atisbo de la típica llovizna londinense.
Con esa misma mirada positiva llega a la tribuna de los Juegos Olímpicos. Lleva las uñas pintadas con los colores de la bandera argentina, camisetas celestes y blancas, un cinto bordado con el nombre de la hija y hasta agua bendita por el padre Ignacio, de Rosario, a quien visitaron cuando comenzaron los problemas cervicales. Aunque el resultado no es el esperado, no dejar de sonreir cuando consuela a su hija con un abrazo.
UNA PASION COMPARTIDA
"Es muy ordenada, disciplinada y tiene mucho tesón. Pone en todo el alma y hace todo por cumplir sus metas." Así describe Mirta Méndez a su hija Paula Pareto. Son las mismas características que repiten las otras mamás de atletas, que comparten con ella la experiencia en la casa de P&G. Por ejemplo, María del Carmen, mamá del mexicano Juan René Serrano, cuenta que su hijo se dedicó al tiro con arco a los 13 años,
y con todos los pronósticos en contra: "Se había quebrado los dos brazos en un accidente y tenía miopía, pero siempre fue perseverante".
Lo mismo que el gimnasta chileno Tomás González Sepúlveda. Sus padres, ambos deportistas, decidieron acompañarlo cuando, a los 8 años, planteó dedicarse a esa disciplina. "No había forma de disuadirlo", dice su mamá, Marcela. Para que no dejara todo por las competencias, ella ideó una currícula flexible para que no dejara el colegio.
Las mamás invitadas a compartir los Juegos Olímpicos Londres 2012 no fueron elegidas al azar. "Buscamos historias de mujeres comprometidas, con sacrificio, perseverantes y que necesitaran apoyo", explica Juan Fernando Posada, director de marketing para América latina de P&G.
ELEMENTAL
Tiene 26 años. Vive en Tigre y se entrena en Estudiantes de La Plata.
Fue 13 veces campeona de torneos nacionales de judo y recibió numerosos premios internacionales. Subió al podio en Pekín, en 2008, con una medalla de bronce. El año último se llevó la medalla de oro en los Panamericanos de Guadalajara.
En los Juegos Olímpicos Londres 2012 obtuvo el 5° puesto en la categoría de hasta 48 kilos.





