
La ciudad es un espectáculo dispuesto para ser consumido por la vista de los que la habitan.
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El langostino mantis tiene en su aparato visual 16 clases diferentes de fotoreceptores, 12 grados de sensibilidad para filtrar los colores y puede distinguir materia invisible para el resto de los seres de la tierra, como luz polarizada, ultravioleta y multiespectral. Sus dos ojos se mueven y trabajan de manera independiente y son los más complejos del reino animal.
El hombre tiene mejor vista que el perro pero peor que la del águila, aunque suele necesitar anteojos y pagar cinco mil dólares por un trasplantes de córneas (claro, si otro humano se las cede en donación o paga el equivalente a un departamento de un ambiente en el mercado negro).
Mirar es casi lo único (junto con respirar y oir) que el hombre puede hacer casi sin darse cuenta. Aun los ciegos, según el grado de deterioro de su afección, pueden mirar: desde oscuridades negro- verdosas hasta puntos brillantes multicolores (que, claro, no conforman ningún objeto y son solo manchas de luz desenfocadas –se dice que así era la ceguera de Borges).
Mientras tanto, los demás sólo nos contentamos con abrir un ojo de vez en cuando siguiendo el mantra "total, para lo que hay que ver".
Ahora, presione play y mire. Luego, siguiendo las instrucciones, deje de mirar.






