Viajar no es un derecho, sigue siendo un privilegio

Jorge Gobbi
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6 de mayo de 2017  

El viaje siempre ha estado marcado por características positivas. La mayoría de las veces está vinculado con el tema de conocer lugares interesantes o de acceder a una nueva oferta cultural y gastronómica. O a la posibilidad de entrar en contacto con otras sociedades. Para muchos, el viaje es visto como una forma de dar sentido a la vida, y de pelear contra la rutina. Todos estos atributos se combinan con cambios en la forma de organizar el descanso en los últimos 25 años. Por empezar, destinos y gobiernos buscan romper la estacionalidad para recibir turistas todo el año. Y también está la mayor cantidad de feriados que, combinados con días de vacaciones, nos dan más flexibilidad a la hora de elegir fecha de viaje.

Las escapadas en distintos momentos del año se volvieron norma para una buena parte de la sociedad. Hoy hay más gente que trabaja por su cuenta, de forma independiente, y puede elegir de otra manera sus momentos de viaje. Los que lo hacen en relación de dependencia tienen también más posibilidades de hacer escapadas a lo largo del año, gracias a que prácticamente todo el mundo es ubicable vía mensajero instantáneo.

Este boom por viajar en cualquier época del año ha hecho que, para muchos, el viaje deje de ser visto como un privilegio. Y que, en cambio, empiece a ser considerado un derecho, y una posibilidad cada vez más cercana. Los argentinos viajamos más que la mayoría de los latinoamericanos. Y tendemos a hacerlo a destinos más lejanos y estamos dispuestos a pagar precios más altos en hoteles y pasajes. La percepción de que el viajar es un derecho justifica endeudarse o hacer perder días de colegio a los chicos. La gente elige gastar, a veces por encima de sus posibilidades, para poder viajar. Lo hace porque es un bien simbólico importante.

Pero, ¿irse de viaje siempre justifica endeudarse, faltar a clases, atrasar el trabajo? Hay viajes y viajes: es más complicado sostener la idea positiva del viaje cuando son para hacer compras o visitar parques de diversiones. Es cierto que pueden ser muy importantes para la familia, pero también que se los puede buscar programar para momentos del año donde tengan menor impacto. La mayor accesibilidad al viaje ha instalado una gran presión social por viajar. Si no viajás, sos virtualmente un fracasado. Pero aunque en nuestro entorno se den muchos viajes, sigue siendo una gran minoría de la población, no mucho más allá del 30%, la que accede a ellos. El viaje no puede ser visto como un derecho. Sigue siendo un privilegio al que buena parte de la sociedad no puede acceder.

El autor es profesor universitario y autor de Blog de Viajes

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