
Viajar para dar el sí, en el mar o la montaña
Aunque entre los argentinos son todavía incipientes, las bodas de destino son una opción para los que quieren celebrar un casamiento diferente; las playas uruguayas son las preferidas, pero también se eligen las bodegas mendocinas
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Ryan y Sabrina llegaron a su casamiento, en la playa, montados en un cuatriciclo. El es sudafricano y ella, argentina. Se conocieron en un crucero. Se despidieron sin saber si iban a volver a verse. Pero se reencontraron en Uruguay, y en ese país decidieron casarse, a la orilla del mar, rodeados de amigos y familiares que llegaron para acompañarlos desde la Argentina, Brasil, Sudáfrica y Noruega.
Los casamientos de destino -destination weddings, en inglés- son aún incipientes en la Argentina, pero están fuertemente instalados en países como Estados Unidos y algunos de Europa. En estas latitudes, las parejas se inclinan por las playas uruguayas -Punta del Este, José Ignacio y Carmelo- pero también por los viñedos cuyanos.
La revista especializada Brides sostuvo recientemente que el 15% de sus lectores optó por esta modalidad creciente. "Es una tendencia que empieza a verse en las parejas que quieren casarse, pero de una manera diferente -dice Ana Laura Branchi, editora y directora para la Argentina del sitio especializado en bodas Zankyou-. Suelen ser casamientos más íntimos, que se extienden por dos o tres días y se dan mucho en parejas donde uno de los novios es extranjero o que se casan por segunda vez y no quieren hacer algo multitudinario."
Muchos de los argentinos que viajan a Uruguay para casarse confían la organización a una empresa local. Laura Delfino, de Komma Eventos, una compañía radicada en el país vecino, contó que las parejas que se inclinan por una boda de este tipo "llegan, junto con sus familiares unos diez días antes del casamiento, alquilan una casa grande y se quedan una semana luego de la ceremonia".
"El resto de los invitados -agrega Delfino- llega el día previo al casamiento, se queda en un hotel y no permanecen más que el fin de semana en el que se lleva a cabo la celebración". Otra opción también muy elegida es concretar el enlace en un hotel donde la pareja y los invitados se quedan a pasar el fin de semana. El Four Seasons de Carmelo recibe cada año una veintena de parejas argentinas que cruzan el río para casarse. Los aromas a pinos y eucaliptos, y la tranquilidad propia del lugar son más que suficientes para soñar con una boda ahí. Pero muchos también lo eligen por una cuestión emotiva.
Según Mariana Planes, representante de ventas del hotel, "el 60% de la clientela está compuesta por argentinos. Muchos de ellos solían viajar con sus familias a Carmelo de pequeños y vuelven para compartir el momento más importante de su vida junto a su pareja".
Algunos novios e invitados llegan en sus propias lanchas. Otros desembarcan en traslados fluviales privados y muchos -la mayoría- prefieren manejar las cerca de cuatro horas que separan a Carmelo de Buenos Aires.
Planes cuenta que las bodas que ahí se desarrollan son muy exclusivas. "A los novios les recomendamos siempre tomar el hotel en su totalidad para que puedan disfrutar de todos los servicios de manera exclusiva. Podemos alojar hasta 90 personas en 44 habitaciones".
Las bodas en la playa, como la de Ryan y Sabrina, suelen ser la postal más deseada por los novios que eligen este tipo de celebración. "Internet permite que los novios tengan acceso a imágenes y relatos de ese tipo de bodas, que alimentan esa fantasía y terminan haciéndola realidad", analiza el fotógrafo Emiliano Rodríguez, de Mansilla Fotógrafos, un estudio especializado en este tipo de acontecimientos.
"Hay otros que son viajeros por naturaleza y que utilizan el casamiento como una excusa más para viajar -agrega Rodríguez-. Y están los que se sienten identificados con cierta cultura y la forma que tienen de concebir el matrimonio en determinado país y viajan para vivir esa experiencia".
Pero la de la playa no es la única posibilidad. De hecho, hay infinidad de variantes, como las wine weddings que se celebran en las bodegas mendocinas. En Luján de Cuyo, tierra del Malbec, Bodega Séptima organiza casamientos con el mágico entorno de los viñedos y las montañas. "Tenemos un salón para 200 personas y una terraza en altura con vista a la coordillera que es un gran atractivo para los novios", cuenta Laura Bravin, de la bodega. Al otro día se invita a todos a recorrer los viñedos con una copa de buen Malbec en la mano.






