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Historias para conocer

Viajó a Europa a descubrir su destino: y al volver abrió una parrilla con nombre de mujer

Verónica De Martini
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12 de agosto de 2019  • 13:55

Sebastián Levy Daniel tiene 40 años, nació en Flores y se convirtió en Chef gracias a su curiosidad y optimismo por la vida. Viene del seno de una familia de la colectividad judía muy unida, compañera, con padres muy presentes que siempre le dieron todo su apoyo y le trasmitieron que con optimismo se puede conseguir lo que uno desea.

Cuando terminó la secundaria se encerró en su habitación durante seis meses para estudiar Filosofía hasta que le interesaron la fotografía y el video, empezó la carrera de cine pero a los 21 años decidió irse a Europa a encontrarse consigo mismo y buscar su propósito en la vida: "no sabía cuál era mi destino, qué era lo que tenía ganas de hacer, tenía mucha energía, ganas, curiosidad, había algo fuerte que me llamaba pero no sabía qué era", cuenta Sebastián. Se fue a Palma de Mallorca y pasó una semana desde la mañana a la noche entregando su currículum hasta que Juan, el dueño de un bar frente a la playa, lo contrató para hacer todo: preparar tragos, limpiar platos, servir tapas, era una actividad constante. Juan quedó fascinado con lo bien que trabajaba su nuevo empleado, y un día hablando "le conté que quería volver a Buenos Aires y tener un bar restaurante, que descubrí eso. Él me dijo que es un trabajo muy esclavo, que es lo peor que podía hacer pero le dije que eso era lo que quería", Sebastián había descubierto su destino en la vida y no se iba a rendir tan fácil. Lo llamó a su padre para contarle y pasó el resto de los meses recorriendo Europa y sacando fotos de cuántos bares y restaurantes se cruzara, la idea se le había vuelto una obsesión.

Llegar a Buenos Aires y concretar el nuevo sueño

"Llegué a Buenos Aires y cual ansioso y obsesivo que soy hice el currículum y lo dejé en setenta lugares en Cañitas y Palermo. Pasaron tres días y nadie me llamaba. Mi viejo me aconsejó que vaya a los lugares que más me gustaron e insistiera. Así que al cuarto día fui a Bar 6 y con mis 22 años pedí hablar con el dueño del lugar, le conté de mi experiencia en Europa y que recorrí todos los restaurantes de Palermo y Cañitas pero quería trabajar ahí, aunque fuera gratis y que no pensaba parar. Me fui y a la media cuadra apareció el dueño y me preguntó ¿Querés empezar a trabajar hoy?", y así empezaron los siguientes dos años de Sebastián, entre trabajo, cursos de gastronomía y la ayuda de su padre para armar la parrilla.

Al principio no sabía si hacer un bar o un restaurante pero notó que la parrilla era algo que le gustaba al argentino y decidió dar un paso más y hacer una parrilla pero moderna.

Le llevó año y medio la obra del restaurante ubicado en la esquina de Fitz Roy y Costa Rica, armaron un sotáno con oficinas, frigorífico, baño de personal, cámara. "Papá fue mi inversor pero confió en que luego yo me haría cargo del negocio, él quería seguir trabajando en su rubro, la indumentaria. Mi mamá decía que estábamos locos, que empezáramos con algo chico para probar, con cuatro o cinco empleados. Nosotros empezamos con diecisiete empleados y a los meses fuimos cincuenta. Después mamá no podía creer lo que estos dos locos habían logrado y que nos estaba yendo tan bien", recuerda Sebastián.

La decoración del lugar fue inspiración de los colores de Jujuy y la Patagonia. Es que Sebastián para lograr una parrilla bien argentina decidió viajar por el norte y el sur de nuestro país y conocer las materias primas para crear platos bien argentinos, " en el Norte en una semana probé más de sesenta empanadas distintas y demás comidas regionales para inspirarme. La idea era sacar ciertas cosas clásicas y hacerlas modernas" explica el Chef y dueño del lugar, que logró inaugurar hace quince años la primera parrilla minimalista y con onda moderna.

La azarosa historia del nombre

A todos los emprendedores les lleva tiempo encontrar el nombre para su negocio, es que es darle un nombre a un hijo y no suele ser una tarea sencilla. Lo único que sabía era que tenía que ser un nombre femenino y sin artículo. Empezó toda la familia de Sebastián a escribir veinte nombres por día, y fue su hermana quien propuso Miranda porque había probado un helado con sabor a vino tinto en una heladería llamada así en Salta, de ahí en más el nombre empezó a resonar en sus oídos y aparecer frente a sus ojos: primer punto a favor es que no estaba registrado, unos días más tarde Sebastián estaba mirando Sex and The City y escucha que una de las protagonistas se llamaba Miranda, "qué casualidad", pensó. A los días viendo un programa de historia hablaban de Cuesta de Miranda en Venezuela, días después en la radio anuncian un nuevo grupo que se llamaba Miranda, buscó junto a sus padres fotos de la infancia para corroborar lo que creía recordar su mamá: en el año 1976 en su luna de miel habían comprado un tapiz hecho por un tal R. Miranda, "Es sin duda el nombre para nosotros" dijo la familia entera.

Pero el sueño empezó realmente cuando Sebastián decidió viajar por el país y llegó a Salta. No dudó en ir a la heladería Miranda de la que le había hablado su hermana. Entró y lo atendió un señor muy amable de unos 75 años, en la heladería había un cartel con la historia del dueño: Ricardo Miranda, quien se había dedicado a hacer tapices entre el año 1974 y 1978. Sin duda, fue el nombre de la parrilla quien encontró a Sebastián y no al revés.

El secreto del éxito: ser positivo

En una época donde los restaurantes no se mantenían abiertos de la mañana a la noche, Sebastián apostó al cambio y ofrecer a sus clientes un lugar donde poder pasar el día entero si quisieran. Buscó también atrapar al público femenino, no quería que su parrilla sea un lugar de encuentro entre hombres, "si viene la mujer el hombre viene atrás", fue el lema junto a su padre. Así que pensó en un plato para las mujeres, que fuera saludable, que no engorde, con proteínas y vegetales, y así sumó a la carta la ensalada Jacinta, la protagonista hasta el día de hoy: una ensalada muy femenina en honor a su abuela Jacinta.

En gustos personales Sebastián apuesta al asado , "el corte más difícil y con más discusiones con el proveedor, tiene hueso, grasita, tiene un sabor especial, es espectacular", confiesa el Chef que también busca en su restaurante, y a cualquier lugar a donde va a comer, que el plato sea real, que lo que describa en el menú sea lo que luego llegue a tu mesa.

Once años después abrió su segundo restaurante, Brandon, y ahora apunta a abrir algo más chiquito, con un nuevo sistema gastronómico, sin mozos y con costos más bajos para los comensales y el lugar.

Quince años después Sebastián mira para atrás y se sorprende del camino recorrido, no puede creer lo que vive, su parrilla fue un éxito desde el principio: " la religión y las cosas místicas siempre me interesaron, soy muy positivo, creo que todo se puede y lo puedo lograr. Con mi papá decíamos que iba a haber un antes y un después con Miranda, nunca dudé de que iba a ser un éxito", dice con seguridad el chef que supo desde el principio que estaba apostando al éxito en el rubro gastronómico y los años le fueron dando la razón.

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