
Vida de extra
Una actividad que se convirtió en una alternativa para actores, y por que no, para quienes no encuentran trabajo
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Adolescentes, chicas/os atractivas/os, con aros, tatuados, dobles, enanos, bebes, orientales, gordos, mellizos, negros, rubios, rostros particulares. Abundan los adjetivos en las bases de datos de las agencias cuando se trata de agrupar por sus rasgos físicos a los miles de interesados en trabajar como extras en la Argentina. Una actividad, sin escuela y con salida laboral, que se convirtió en el recurso de supervivencia de miles de desocupados: jóvenes y jubilados, amas de casa, universitarios o sin estudios o profesionales.
En verdad, muchas veces poco importa el color del pelo o si se tiene una cara linda o recordable. Por lo general se busca gente sin dotes actorales que acompañe y dé veracidad a una situación que se desarrolla ante cámaras en primer plano, tanto en televisión como en cine o publicidad. "Ese soy yo", dicen ellos después, con la ilusión de encontrarse detrás de algún protagonista en una décima de segundo de imagen. También hay búsquedas particulares que dependerán del producto: hoy, para la imagen cosmopolita que se busca en el país, por ejemplo, dicen que los extras más buscados y mejor pagos son negros y orientales.
Hacer la ola en una cancha a la cuenta de tres, bailar en una disco, caminar por una calle, reírse ante cada gag de un programa televisivo, hacer de doble de un famoso o estar presente en una campaña política son algunas de las situaciones más frecuentes.
Un extra puede llegar a ganar entre 50 y 100 pesos por una jornada de 12 horas. Si se hacen cuentas, a esa cifra diaria no se llega con un trabajo temporario ni, en muchos casos, con uno fijo. Y con el agregado de que, si se tiene un poquito de suerte y la cara del extra se hace reconocible, tiene que firmar un contrato y puede llevarse un dinero que a veces araña los 1000 pesos. Y ni hablar si, en el caso de una publicidad, el comercial se vende luego a otros países o el extra, de casualidad, aparece en una foto de la campaña gráfica: 5000 pesos. Cling, caja. Pero esto es casi como ganarse la lotería. Aunque es parte de la aventura diaria.
El extra puede tocar así el cielo con las manos en un mes "bueno". Pero también puede pasarse horas esperando que un teléfono suene o que surja algo en la Bolsa de Trabajo del Sindicato Unico de Trabajadores del Espectáculo Público (Sutep), donde están registrados unos 10.000 extras. Los afiliados presentan su documento al llegar y, al rato, un "planillero" al que se le rinde veneración, sale al salón y pega el grito: "Necesito 20 para Showmatch", y se arma el revuelo. O a las dos horas, otro avisa: "Se busca una mujer negra para hacer de madre de Michael Jackson", y todas las que están sentadas en el banco asoman la cabeza para ver si hay alguna que dé con el physique du rol. Y si la búsqueda es más específica, puede escucharse: "Se pide un señor que haga de cardenal Bergoglio para «CQC»" o "buscamos dos muchachos para hacer de muertos en la película del director de «Los simuladores»".
Pero si bien esta actividad crece, el sindicato se agranda y aumentan las producciones extranjeras, el extra no tiene sus derechos bien definidos. "Sólo están estipulados el tiempo de una jornada mínima, según la edad, y el pago de horas extras. Porque hay un vacío legal: los extras no son monotributistas, no tienen obra social. Y que se los respete en el lugar de trabajo dependerá del planillero (que es el nexo entre el rodaje y el sindicato), de las agencias de representación de extras y de los realizadores", explica Marcelo Pietronave, joven secretario general de la rama Extras del Sutep. "Yo fui, por ejemplo, a controlar la filmación de «Peligrosa obsesión». Estaban todos bajo la lluvia, pero para Pablo Echarri y Mariano Martínez tenían dos dragones que les tiraban calor y toallas secas. Entonces tuve que discutir que a los extras se los tratara igual. Recuerdo que cuando llegué al rodaje de la película «Oro nazi en la Argentina» eran las 10 de la noche y nadie había comido. Dije: «Acá no se filma más» y tuvieron que parar".
Desde su pequeña oficina en Villa Urquiza, el representante de Extras, Sebastián Mariño, dice que hace todo lo posible por conseguir el mejor trato para las personas que contrata. "Pero estamos lejos de Estados Unidos, donde el extra es muy respetado, por ley no se lo puede tocar. No es como acá que una vestuarista te dice: «Levantá los brazos» y te cambia cinco veces de remera o que un asistente te grita: «¡Ahora! ¡ahora!» y te empuja para que entres en el plano."
Las motivaciones del extra no son las mismas que las del actor. Aunque sean considerados sus hermanos menores, no todos los extras buscan reconocimiento en las pantallas. "Yo siempre me escondo -dice José Lemos-, porque si me identifican, después no vuelven a llamarme para un mismo programa de TV. No busco hacerme famoso, sino trabajar bien en lo que me pidan, ya sea estar parado en una cancha, estar sentado en un café o tener que reírme durante ocho horas frente a Sofovich."
Para algunos, la necesidad de trabajo es tal que cierran los ojos y aceptan poner la cara para dar falso testimonio en programas religiosos que prometen dejar de sufrir. Mientras espera que salga un trabajo como bailarina, Andrea, de 25 años, cuenta: "Una vez tuve que decir que había tenido un accidente y que gracias a «ellos» me había recuperado. Me pagaron 30 pesos. Me habían dicho que el programa saldría en Cuba, pero al final lo vi en el cable y me quise morir de verdad".
Desde que perdió su puesto de telefonista en una empresa, María, de 45 años, trabaja como extra. "Quedé fuera del sistema laboral por mi edad. Y hoy vivo de esto. También estoy estudiando actuación porque quisiera acceder a otras posibilidades. La mayor satisfacción que podés tener como extra es cuando te dan la posibilidad de hablar. Eso no te lo quita nadie."
Un modo de subsistencia
El tan apreciado bolo: el mínimo fijado para un extra en televisión es de 40 pesos; en publicidad, 50, y en cine, 62. Las horas extra se pagan aparte. Algunas agencias de extras pagan un fijo de 80 pesos por una jornada de 12 horas. Pero si trabajan menos, el extra cobra igual.
Un sueldito: algunos extras cuentan que por mes pueden ganar entre 700 y 1500 pesos.
Ganar la lotería: en publicidad, si tienen la suerte de "recalificar" pueden ganar, además del bolo mínimo, 5000 pesos más, y cobrar 1000 pesos cada vez que una campaña publicitaria se venda a otro país. El precio es en dólares, si se trata de una agencia extranjera.
Casos de recalificación: en cine y televisión, sólo si el extra habla. En publicidad, en el caso de que el extra hable, aparezca en primer plano o interactúe con el producto.
Fines de semana: en cine y televisión, si un extra trabaja un sábado después de las 13 gana el 50 por ciento más. Y los domingos y feriados, un ciento por ciento más.
Cambios de imagen: algunas agencias pagan diez pesos al extra que acepta cortarse el pelo o la barba para una película.
Los dobles: entre Larry, Charly y De la Rúa
"Yo hago de Larry, el de Los Tres Chiflados, de Carlos Bianchi y también de doble de Héctor Alterio." La afirmación de Alberto Chafetelli puede dejar absorto a quien lo escucha. ¿Cómo alguien, sin pasar por el quirófano, consigue ser el doble de personajes tan disímiles? Chafetelli es un personaje famoso en el sindicato donde se reúnen los extras y también en los canales de TV. "Yo era ayudante de escenografía de Canal 13. Pero como era vaguito me echaron y entonces empecé a trabajar como extra. Y me va bien. Aparecer en programas de TV como extra me sirve para hacer después mis shows." Chafetelli también tiene anécdotas vividas con su propio personaje. "Yo iba al programa de Mauro Viale en la época del caso Cóppola. Recuerdo que una vez le tiré un vaso de agua a un actor y nos agarramos a las piñas." Néstor Dimicolli es fanático de Charly García y, encima, se le parece. Desde los años 80 se maquilla el bigote y lo imita en cantobares. Hoy vive de trabajar como doble del cantante en programas de TV. Marcelo Tinelli, Susana Giménez, Fabio Alberti, Diego Capusotto y Jorge Rial lo tuvieron en sus programas. También Charly lo tuvo en sus shows. "Cuando me vio a la salida de un recital se mataba de risa. Y le dijo a los fans que lo perseguían que me pidieran autógrafos a mí. Después, cuando presentó en el Teatro Opera «La hija de la lágrima», me hizo subir al escenario y me dedicó «Chiquilín»", cuenta Néstor.
A Armando Incarbone, su parecido con un famoso no le da muchas alegrías y hasta le trae problemas en la calle. Aunque sí el hecho de haber trabajado de doble de De la Rúa le proporcionó 7000 pesos y un viaje a Europa. Un día, su sobrina le sacó una foto y la llevó al sindicato de extras. "A partir de ahí me empezaron a llamar -cuenta Armando-. Fui a «Videomatch», «Sorpresa y 1/2»; también al programa de Chiche Gelblung. Lo mejor fue grabar «CQC» en Casa de Gobierno un año después de la renuncia de De la Rúa. No me dejaron sentar en el sillón presidencial, pero sí me subí al helicóptero. Eso sí: al edificio tuve que entrar oculto en un remise porque la gente siempre me hace gestos obcenos y me grita de todo, por eso lamento parecerme a él. Como jubilado no me daría la cara pedir la pensión que él está pidiendo."
Hacete el distraído
Se dice que Agustín Souza, de 29 años, actor, es muy astuto para sacar la mejor tajada del trabajo de extra. "Hay gente que se esconde en los baños. Yo aprovecho las 12 horas en las que tengo que estar parado para que filmen una publicidad. Trato de estar siempre predispuesto, de buena onda y en el lugar preciso -cuenta-. En el comercial de Personal, por ejemplo, tenía que bailar en una pista junto con cientos de extras. Bailando me fui acercando a los protagonistas y conseguí salir en una foto de gráfica. Entonces, además del básico me hicieron un contrato por 5000 pesos. Cada tanto me pasa y está bueno." Hernán Godoy, de 24, jamás pensó que trabajaría en publicidad y que su cara "rara" se transformaría en "recordable". "Un amigo que tiene una agencia de extras me dijo: «Conmigo vas a ganar plata». Y no me puedo quejar. Trabajo seis veces al mes. Puedo ganar entre 800 y 5000. Es una lotería. Pero me deja tiempo para estudiar y estar con mis amigos".
Acróbatas tanos de 1900
Los hermanos Achu y Pablo Jelin (de 25 y 20 años) son artistas de circo, acróbatas, animadores, actores. Fueron contratados como extras calificados para el film "The Golden Door", del italiano Emanuele Crialese ("Respiro"), que se filma en Buenos Aires. Una película de época de 10.000.000 de euros sobre la llegada de inmigrantes italianos a Nueva York, en la que trabajan 1500 extras. Achu dudó en presentarse. Recordó una experiencia anterior, en la cancha de River, para una publicidad: "La pasé mal. Hacía frío, después calor y tenía que estar sentado durante 12 horas en una tribuna con 2000 personas, por 50 pesos". Pero trabajar en una muy cuidada superproducción lo entusiasmó. "Además, tenemos que actuar con los protagonistas -agrega Pablo, a quien además de los $ 150 que recibirá por jornada, le pagaron 10 por cortarse el pelo-. En una escena en un barco tenemos que ayudarlos a que se suban sobre nosotros para que puedan ver la llegada a Nueva York." "Yo aspiro a ser actor del Teatro San Martín y no extra, pero por ahora este trabajo es una alternativa", opina Achu. "Yo sé que tal vez ni se me vea en la película. Pero cuando actúo, pienso: «Ojalá que en este momento el chabón me tome con la cámara. Y me siento protagonista", dice Pablo.






