
¿Y el balcón de Julieta?
Los turistas hacen cola ante una casa de Verona, Italia, a la que le atribuyen haber sido el escenario de la tragedia de Shakespeare, Romeo y Julieta. Pero el Cisne de Avon jamás pisó la ciudad italiana y el lugar, según parece, es apenas un fruto de la mitología popular
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En Verona existe otra ciudad, ignorada por los habitantes del lugar. Es un espacio fantástico que sólo los turistas frecuentan, cuya atmósfera sugestiva ha provocado una metamorfosis: la transformación de un paisaje literario en uno real. El origen de esa mutación es el drama de Shakespeare, Romeo y Julieta, que en 1595 registró la historia de los desdichados amantes adolescentes, y que aún hoy atrae a multitudes para ver el sitio en el que vivieron y murieron los enamorados.
Aunque Shakespeare jamás pisó Verona y nunca estuvo familiarizado con los acontecimientos locales, en la misma ciudad se creó una red destinada a satisfacer las exigencias de miles de románticos deseosos de hallar direcciones precisas e itinerarios concretos.
"¿Dónde está la casa de Julieta?", es la pregunta que resuena en todas las lenguas, y que reciben los guías turísticos. Sería odioso recordarles que Shakespeare quizá se basó en las novelas de Luigi Da Porto y Mateo Bandello, escritas en el siglo XVI y ambientadas en 1303, y que relataban una historia a partir de hechos transmitidos por más de dos siglos.
El único dato seguro, y relacionado con la obra, es que en esa época existía en Verona una familia Montecchi (Montesco). Sin embargo, en la calle Cappello, frente a un severo palacio medieval que en un tiempo perteneció a la familia Cappello, todos los días se apiñan los turistas. Con un poco de voluntad, Cappello y Capuleto se parecen y, de ese modo, la tradición exige que ésa sea la casa de Julieta.
El zaguán largo y angosto del edificio está esmaltado con un barniz especial: un sugerente depósito de exhibiciones sentimentales. Capa sobre capa, millares de manos han escrito certezas existenciales del tipo: Marco ama a Débora. También las paredes del pórtico están revestidas de una infinidad de hojas adhesivas llenas de pedidos y declaraciones. Al fondo, un set fotográfico: junto a una estatua dorada se arraciman mujeres de toda edad. Sobre su cabeza, colgado del primer piso hace apenas medio siglo, hay un balcón que originariamente era un sarcófago. Por 3,10 euros se accede a la casa.
No vale la pena. El interés radica, sobre todo, en la lectura de las frases escritas por los visitantes en los cuadernos diseminados en las habitaciones, y que constituyen un testimonio del lenguaje colectivo.
Este museo es la atracción turística, la más visitada de Verona. Frente a la reciente escultura mural de Pucci De Rossi (que invita al diálogo con los amantes shakesperianos) se alternan rusos y españoles, y sudafricanos.
Paola Marini, actual directora de los museos de la ciudad, comenta: "Estamos dispuestos a aceptar que la mezcla de lo verdadero y lo falso puede permitir que un público más amplio se aproxime a un acontecimiento cultural".
Sin duda, las resonancias de Romeo y Julieta han promovido a Verona al rango de capital shakesperiana, y la ciudad encierra una falsedad por cierto portentosa. Una falsedad que no provoca indignación porque, milagrosamente, conserva un mito amado por el mundo.
Para saber más
www.info-verona.it
www.intesys.it/tour/ita





