
Yo, Gaudio
Es el tenista número uno de la Argentina, y en unos días volverá al lugar que lo hizo más feliz: Roland Garros. Pero asegura que no tiene que defender el título “porque lo ganado nadie te lo quita”. Entretanto, se define como un chico de Independiente, nacido en Temperley, que juega al golf, sale con amigos y no puede vivir sin Internet
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Para hablar con Gastón Gaudio hay que hablar con Gastón Gaudio. La única manera de contactar al último campeón de Roland Garros, al jugador al que Diego Maradona va a ver cada vez que puede, al que Gabriel Batistuta fue a buscar para llevarse esa raqueta que le había prometido, a aquel que ahora tiene novia con constante destino de prime time (horario central) televisivo, es llamarlo al propio Gastón Gaudio. En su celular, el filtro es el contestador automático, en el que responde diciendo que se trata del teléfono de Genaro Gattuso, el nombre del rústico mediocampista del Milan que Gaudio adoptó para su apodo íntimo y con el que se mofa de su tradicional sobrenombre: Gato.
No es muy sabido que a Gaudio no le gusta que lo llamen así. "No me identifico con ese sobrenombre. No sé quién me lo puso, quizá la prensa. En mi casa nadie me llama así. Mis amigos no me dicen Gato, y si alguno lo hace ahora es porque lo tomó de afuera", dice el ¿Gato?
Una vez que un jugador se instala entre los diez mejores del mundo, lo habitual es que comience a rodearse de un jefe de prensa, un asesor todoterreno, algún acompañante que no se sabe bien qué hace y otros derivados de la industria del deporte profesional. Pero no. Ahí está Gaudio, sentado solo con su entrenador, Franco Davin, en la primera cancha del centenario Buenos Aires Lawn Tennis Club, en plena planificación de un viaje de casi dos meses, que desembocará en el inminente Roland Garros 2005, el lugar donde Gaudio fue feliz como nunca antes. La ausencia de entorno es el dato principal en una tarde en la que algunos empresarios manejan sus asuntos con sus teléfonos celulares mientras susurran a los que se quedaron en la oficina: No sabés quién está acá… ¡Gaudio! Ahora me cambio y le juego unos games. A todos se les ocurre el mismo chiste. El celular. Gran invento para combinar el trabajo a distancia y el tenis… a la hora del trabajo. Mejor invento para Gaudio, que gasta en pulsos y ahorra en personal de relaciones públicas.
–No tengo nada de eso, es verdad. Pero tengo la ventaja de que no todos tienen mi teléfono. Y la otra ventaja es que siempre digo que no. Entonces, a la larga, tendría que contratar a una persona para que siempre diga que no. Prefiero hacerlo yo y chau.
–¿Y cuando la demanda viene de afuera y estás en otras ciudades?
–De eso se ocupa la ATP. El encargado de prensa me pregunta qué entrevistas quiero hacer y yo elijo las que son obligatorias. Y las que no lo son, no las hago. Si hay alguna razón para hacer entrevistas, si entiendo que hice algún mérito para atender a la prensa, no tengo problemas y no quiero faltarle el respeto a la gente que trabaja de eso. Pero hacer cualquier cosa que no se relacione con el tenis no me divierte. Y hacer cualquier cosa porque sí, menos.
Nada igual
La prensa se ha puesto cargosa con Gaudio a partir de su relación con la actriz Marcela Kloosterboer, y eso lo obliga a poner más empeño en intentar ser uno más. Gaudio mantiene los rasgos del chico de Temperley, el de acá a la vuelta que hacía rato no veíamos y ahora pensamos en lo crecido que está. Podría mandar sus datos y sus fotos al casting de un reality show y ser elegido como uno de los muchachos comunes y corrientes que simboliza a otros miles. El tenista número uno de la Argentina es uno de tantos que han masculinizado el rodete para ordenar el pelo largo. Sus decisiones pasan por lo que es divertido o aburrido. Lo cómodo o lo incómodo. Y se mueve de acuerdo con esos deseos. Pero contra su propia voluntad, Gaudio ha hecho demasiado como para no ser distinguido entre la multitud: fue el argentino que ganó un Grand Slam luego de 27 años y después de Guillermo Vilas. Todo lo que se haga hoy, y que antes solamente Vilas conseguía, no deja margen para la intrascendencia.
–Ganaste Roland Garros, y eso es para siempre. Ya es un trabajo en sí mismo. Te van a hacer entrevistas por ser ex campeón.
–Eso es verdad. Pero no puedo estar toda mi vida colgado de un éxito como el-ex-jugador-de-tenis-que-quiere-seguir-siendo-siempre-jugador-de-tenis, ¿entendés? No me interesa, no es mi plan. Gané Roland Garros y ya dije todo lo que podía sentir por haber ganado. Ahora, si me vienen con qué siento después de siete meses, qué siento después de ocho, después de nueve… No tiene sentido. Estoy contento y orgulloso y nunca viví nada igual. Pero no puedo andar enarbolando la bandera de Roland Garros cada dos días.
–Hablás de defender el título, pero en diciembre pasado aclaraste que no tenías nada que defender…
–Es cierto, pero a veces la simplifico porque así es como lo presenta la prensa. Ya lo gané, y ahora es cuestión de ver si lo puedo ganar de vuelta.
Gaudio pudo ser uno más. Su historia es la de cualquier chico de club que osciló entre el rugby, el fútbol y el atletismo, y se definió por el tenis.
A los 17 años, luego de que su padre superara una complicada enfermedad, decidió que el tenis sería su medio de vida. De decirlo a hacerlo hay un paso enorme. De hacerlo a ganar Roland Garros, la distancia es incalculable. Son 128 jugadores encorsetados en dos semanas de competencia. Ganar siete partidos alcanza para ser el campeón. Gaudio, en 2004, ganó los primeros seis y el séptimo frente a otro argentino, Guillermo Coria. Fue una batalla de nervios en la que todos los tratados sobre psicología deportiva chocaron de frente. Antes del partido se cruzó con John McEnroe y le pidió un consejo. Este le dijo que se tranquilizara y que no sintiera presión. Neoyorquino como es, le agregó que en ese instante había muchachos de su edad en medio de la guerra en Irak y que ellos sí sentían temor. Lo único que Gaudio precisaba era un dato para saber cómo encarar la final y no tener que pensar, además, en que había chicos de su edad en una trinchera.
Pasó una primera hora de terror en la que no conseguía saber dónde estaba ni qué pasaba. A las 15.15 del 6 de junio empezó la final, y cuando eran las 16.16, Gaudio ya había perdido los dos primeros sets frente a un Coria dispuesto a confirmar todo lo que se decía sobre él desde que tenía 14 años. A las 16.54, cuando Gaudio iba a sacar 3-4 en el tercer set, las 15.000 personas que estaban en el estadio empezaron a hacer la ola, ese mal que tiene el fútbol cuando lo que pasa en el campo de juego es aburrido y la gente genera su propia diversión. Pero esa ola trajo un cambio fascinante en el partido. Gaudio ya no le decía a su entrenador que se quería ir. Volvió al partido. Ganó ese set. Coria comenzó con sus calambres. Cuando el reloj marcó las 18.46, luego de haber levantado dos sets en contra, dos match points y su propia alma, Gastón Gaudio ganó Roland Garros.
En la entrega de premios estaba Vilas para escuchar algo, quizás algún tipo de explicación que abarcara esas tres horas y treinta minutos en la que el título de Roland Garros giró y saltó como una bolilla de ruleta con apenas dos números.
–Le dije que ojalá lo estuviera disfrutando como lo estaba disfrutando yo. Porque si todos estamos acá es por vos –recuerda Gaudio–. Yo estaba tan contento que quería que todos estuvieran sintiendo lo mismo que yo. Se lo dije al oído y luego a toda la gente en el estadio. La estaba pasando bien y quería que a todos les pasara lo mismo. Sobre todo a él (Vilas). Está claro que si acá jugamos al tenis fue porque primero lo jugó Vilas.
–¿Te imaginás cómo hubiera sido jugar al tenis en los 70, cuando Vilas jugaba? No había Internet, ni TV por cable, ni playstation…
–No había nada de eso, pero tampoco pensaban en eso. Vilas y los otros de su generación se dedicaban al tenis. A full. Lo mío lo tengo claro: yo no podría haber jugado. Soy exactamente lo opuesto. Guillermo vivió para eso. Y yo no podría haber aguantado dos días sin estar con mi computadora y seguir a Independiente por Internet.
Para saber cuáles son las novedades del mercado tecnológico hay varias opciones: ir a simposios, suscribirse a unas publicaciones especializadas o revisarle el equipaje a Gastón Gaudio.
–¿Cómo se compone tu arsenal tecnológico para viajar?
–Primero la computadora. Reviso eso antes que el raquetero. Sin raquetas puedo viajar, sin computadora no. Me llevo el iPod (reproductor de música en formato mp3), mi celular y nada más. Ah… los parlantes para el iPod que pesan un montón y que me sirven para ver los DVD. La mochila con esas cosas pesa más que el equipaje y las raquetas. Pero ni loco dejo nada.
–A veces, de grande, uno consigue armarse la habitación que quería cuando era chico.
–Cuando sos chico ni te imaginás que algún día vas a tener una pieza llena de tantas pavadas. Ahora, a los 27 años, tengo la habitación que quería tener a los 15. Estando afuera busco tener un lugar que se parezca lo más posible a mi casa. Aunque, al no estar mi familia ni mis amigos, eso es imposible.
En cualquier parte del mundo, el Messenger de Gaudio está abierto mientras sus ojos lo están. Lo que le valió alguna vez la reprimenda de Davin cuando chatear de madrugada se convirtió en un vicio.
–¿Qué modificó en tu manera de competir el haber ganado Roland Garros?
–Aprendí que en el tenis hay días y días. Que algunas veces uno no está diez puntos para jugar, pero que si ese día estás en cinco puntos, hay que tratar de jugar en ese mismo nivel. No jugar en dos puntos porque en ese partido no podés dar más de cinco. Eso me lo enseñó Franco (Davin): a veces hay que ganar con lo que hay. Y al día siguiente, a lo mejor sí, jugás diez puntos.
–A veces el público juzga que el tenista no da todo lo que tiene.
–Es la ridiculez más grande que escuché, y la prensa también la repite. Hay días en que no estás pleno, pero si hay alguien que sufre esa situación es el propio jugador. Nadie sufrió más que yo en Málaga. Y la gente encima piensa: Y bueno… a este b… le importa tres pitos. Pero eso no es así, y me parece que la gente eso no lo entiende. Yo también a veces quiero que la selección argentina haga siete goles. Pero cuando no se puede, no se puede. Y a mí me da bronca, pero entiendo que a los futbolistas les da más bronca.
Verde y negro
Cuando Gaudio dice Málaga se refiere a las semifinales de la Copa Davis contra España en septiembre de 2003. La Davis le dio todo a Gaudio, pero también le quitó mucho. Jugó mal contra Juan Carlos Ferrero y Carlos Moya, por entonces ubicados en los puestos uno y seis del ranking mundial. Después de esa fallida actuación, volvió al vestuario y se deshizo en disculpas con sus compañeros de equipo. Logrado eso se desarmó en llanto .
Pasó a ser culpable de ese delito no del todo tipificado que es el del deportista que defrauda al espectador de living. Con su triunfo en Roland Garros, su condición de top ten y el haber ganado en diciembre de 2004 y en febrero pasado dos torneos en Buenos Aires se hizo merecedor del indulto popular.
–Los resultados cambian todo. Y yo sé que ahora todo es color verde… Pero el día en que todo vuelva a ser negro, porque no se puede ganar todo siempre, la cosa se va a dar vuelta. Espero estar lo suficientemente maduro como para que no me afecte como antes.
–Dejás en claro siempre que querés ser uno más. Pero te vienen a ver Maradona, Batistuta, personajes de la televisión. ¿No es una exigencia extra intentar ser uno más?
–Si por mí fuera, que vengan sólo los hinchas de Independiente y los de Boca a ver los partidos. Pero lo que yo hago forma parte de un espectáculo y viene gente de afuera, gente del show (sic), y yo eso no lo manejo. Pero soy un tenista, nada más. Y Roland Garros no me cambió. Sigo haciendo las mismas pavadas que hacía antes: salir a cenar con mis amigos, ir a comer un asado con mi familia. No hago nada que no haya hecho antes.
Gaudio ahora vuelve a Roland Garros. Siente que regresar como campeón le da ventajas porque las sensaciones vividas el año pasado ya no lo van a tomar por sorpresa.
–¿Cómo imaginás el torneo?
–Va a ser diferente de las otras veces. No voy a defender nada, sino que voy a tratar de vivir la misma felicidad que tuve el año pasado. Con vivir algo parecido me conformo.
–¿Parecido a cuando uno descubre un restaurante en el que come bárbaro y quiere experimentar lo mismo otro día?
–Igual. ¿Pero viste que cuando volvés la comida no es exactamente igual a la del día en que te encantó?
Quizás el que mejor sepa eso sea Guillermo Vilas. Y quizá Gaudio comparta con él su secreto. Como sea, buen provecho.
Para saber más:
www.rolandgarros.org/
www.geocities.com/gaston_the_number_one
www.atptennis.com
De Temperley y del rojo
Nació en Temperley el 9 de diciembre de 1978. Es el hijo menor de Norberto y Marisa, y sus hermanos son Julieta y Diego. Es fanático de Independiente y de César Luis Menotti, "aun en la derrota". Comenzó a jugar al rugby en el Barker College y se formó tenísticamente en el Temperley Lawn Tennis Club. Compitió en las categorías juveniles y se hizo profesional en 1996. Su primera final del circuito ATP la consiguió en el año 2000, cuando perdió en Stuttgart frente a Franco Squillari.
Siete vidas
Aquí, siete momentos clave en la vida profesional del Gato:
- 1999, Roland Garros. Gaudio buscaba afianzarse como profesional. Escaso de recursos, recibió ayuda económica del tenista Hernán Gumy para viajar a Francia. Avanzó hasta la tercera ronda y fue el argentino de mejor actuación.
- 2001, Copa Davis. Debutó contra México, y con su aporte la Argentina consiguió ascender al Grupo Mundial luego de diez años, tras ganarle el último match a la República de Belarús. Su récord en la Davis: 13 ganados y 3 perdidos.
- 2002, Barcelona. Ganó su primer torneo profesional, el Abierto Conde de Godó, con triunfos sobre Carlos Moyá y Lleyton Hewitt, entre otros. A la semana siguiente ganó el torneo de Mallorca.
- 2002, Moscú. Primer golpe duro en las semifinales de la Copa Davis. En la primera jornada contra Rusia dispuso de dos match points en el quinto set frente a Yevgeny Kafelnikov. Un error y una pelota dudosa le impidieron definir el encuentro, que finalmente perdió 8-6 en el quinto set.
- 2003, Málaga. Otro traspié en la Copa Davis. En las semifinales frente a España perdió sus partidos con Juan Carlos Ferrero (número uno del mundo) y Carlos Moyá (número 6). Recibió duras críticas hasta del presidente de la AAT, Enrique Morea, y fue insultado en la calle.
- 2004, Roland Garros. Se convirtió en el primer jugador argentino en ganar el Abierto de Francia desde que lo hizo Guillermo Vilas, en 1977. Junto con Gabriela Sabatini, son los únicos tenistas argentinos en conseguirlo.
- 2005, Buenos Aires. Ganó el ATP por primera vez en el court central del Buenos Aires Lawn Tennis Club.
Pasatiempos
Pasatiempo actual: el golf; "lo descubrí hace cinco años".
Pasatiempo a futuro: las finanzas. "Es algo que siempre me interesó, pero no sé qué voy a hacer con eso. Tengo amigos que ya se recibieron, y eso me entusiasma. Sé que en Francia se pueden hacer cursos de seis meses y quizá los haga. Más por el deseo de poder estudiar algo que por otra cosa.
No sé, todavía falta…"






