
Yo pago mis impuestos
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Para qué quiero una democracia? Para votar por quien me ofrezca un programa de gobierno que me permita vivir mejor. ¿Qué significa vivir mejor? Poder desarrollar una actividad honesta (es decir, que no sea hecha a costa de la desgracia ajena ni sirva para perjudicar a nadie); educarme y educar a mis hijos; comer todos los días (pesada costumbre que tiene la gente, che); respirar un aire que no me infecte ni me enferme; poder moverme y desplazarme a mi trabajo y a mi casa y a mis obligaciones y diversiones sin que nadie me acose, me agreda, me rapte, me robe, me viole, me atropelle o me detenga arbitrariamente.
¡Muy bien, diez, alumno! ¡Eso es tenerla clara!
¿Y si voto por gente cuyo programa incluye como consecuencia necesaria el cierre de industrias, el aumento del desempleo, la reducción y a veces la anulación de fondos sociales y el deterioro violento de la salud, la pauperización del laburante y el paraíso para los especuladores, la entrega de los recursos del país y el retroceso de la educación ? ¿Y si después, al ver los efectos desastrosos de esas políticas en mi vida cotidiana, y al tener que convivir con desocupados, hambrientos y menesterosos que se suman a los eternos haraganes y rateros profesionales que se mueven como pez en el agua reclutando y organizando ejércitos de marginados en mafias paupérrimas y salvajes que son reprimidas por otras mafias igual de salvajes y también degradadas por un bajísimo salario, me indigno, no con los que crearon ese caos, sino con las víctimas de tales medidas? ¡Pésimo, alumno! ¡Cero en responsabilidad ciudadana!
La pobreza, cuando llega a la miseria sin esperanza, destruye a los seres humanos y los convierte en despojos que anulan sus buenos instintos; los conduce al odio y la violencia o a la abulia autista, que los arrojan al crimen. ¿Qué peor inversión puede hacer un sistema capitalista que apostar consciente e inconscientemente a la pobreza y a la desocupación, que perjudican, en primer lugar, precisamente, al mercado? ¿Tiene sentido afrontar los desafíos del mundo actual con una mayoría de pobres con bronca en la sangre?
Todo parecería indicar que no. Sin embargo, seguimos culpando y criminalizando la consecuencia y no el origen. El origen nos importa un cuerno. "¡Yo no quiero ver mendigos, ni prostitutas, ni cartoneros, ni piqueteros, ni drogadictos en mi barrio! ¡Yo pago mis impuestos! ¡Deténganlos, trasládenlos, bórrenlos, sáquenlos de circulación! ¡No me importa cómo! ¡Protejan a los que trabajamos y producimos! Y a los que sufren hambre no les regalen nada, aplíquenles el pensamiento conservador que dice no le regales pescado al pobre, enséñale a pescar." Claro, siempre que tengan para comprar la caña y el anzuelo, y que el río no esté contaminado, los peces infectados o muertos y la probable pesca no sea algún cadáver víctima del robo, la violación o el gatillo fácil de "la mejor policía del mundo", como dijo alguna vez un ilustre gobernador.
El desorientado geronte idealista que escribe estas líneas está esperando que "las inversiones" que lleguen sean las más seguras. Aquellas que apuntan al futuro largo y estable; las más urgentes no son las que vienen de afuera llevándose todo por migajas, sino las de adentro, esas inversiones en educación y en salud que tanto esperamos mientras cada administración nos aturde con slogans de campaña.
La realidad de cientos de miles, sin embargo, pasa por alguno de estos circuitos: cerró la fábrica, se desmontó la oficina, me echaron de la empresa, usé mi coche como taxi, puse un negocito y me fundí, mi mujer hacía tortas para vender pero luego no pudo comprar los ingredientes y limpió casas, mis hijos dejaron la escuela para ayudar y terminaron como cajeros de un hipermercado por 200 pesos, los asaltaban al salir del laburo casi a la medianoche, al no poder pagar el alquiler nos echaron del departamento y fuimos a parar a una villa, terminamos vendiendo CD truchos en la calle, apresados por la policía tres veces, fichados como criminales, mal entrazados y rechazados por el resto de la sociedad, que no nos quiere ver y nos dice: "¡Vayan a trabajar, vagos!"
¿Vivirán aquí los que les dicen que trabajen a los que no encuentran trabajo? ¡Claro! ¡Y pagan sus impuestos!





