5 libros para conocer a McEwan

Algunas de las mejores narraciones del prolífico autor inglés
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9 de diciembre de 2015  • 16:19

En los comienzos de su carrera, las ficciones de Ian McEwan (Aldershot, 1948) fueron consideradas rebeldes y escandalosas. Los años, sin embargo, atemperaron el juicio: el autor de La ley del menor -su más reciente novela- terminó por convertirse en epítome del escritor inglés contemporáneo, algo así como un clásico en vida. Las obsesiones subjetivas, la crítica social, el ingreso al oscuro mundo adulto derivó en abordajes contemporáneos, o ligeramente históricos, que tocan con inteligencia la política, la historia, las pasiones, los cambios generacionales.

Primer amor, últimos ritos (1975)

McEwan fue uno de los primeros egresados de los famosos cursos de escritura creativa de Malcolm Bradbury. Este primer libro de relatos es un poderoso reflejo de esa formación: técnica perfecta y temas que bordean con sorpresa la sordidez. Algunas de las piezas ("Fabricación casera", "Mariposas") todavía pueden resultar revulsivas; en ellas, lo grotesco se funde magistralmente con la más fría escatología. No son lo que el lector suele ir a buscar hoy en McEwan, pero estas narraciones (a las que también se les pueden sumar las del libro siguiente: Entre las sábanas) dejan en claro que la juventud es algo más que una enfermedad que se cura con los años.

El placer del viajero (1981)

El jardín de cemento, la primera novela de McEwan, tenía algo de la negrura de sus relatos: muere la madre y un grupo de hermanos decide seguir viviendo por las suyas, ocultando su cuerpo. El placer del viajero no es mejor que aquella obrita maestra, pero tiene la gracia añadida de su escenario. Por primera vez el escritor saca sus claustrofóbicas ficciones de Inglaterra y traslada la acción a Venecia, donde un amable psicópata se las ingenia para enredar en sus redes a una pareja británica en crisis.

Los perros negros (1992)

Para algunos es la primera novela política del escritor, aunque en la más melodramática El inocente (1990) ya se había aventurado en el desciframiento del código Enigma. Los perros negros es una curiosa historia de ideas, marcada por la entonces reciente caída del Muro de Berlín. Centrándose en una figura masculina y otra femenina, y retrotrayéndose a finales de la Segunda Guerra Mundial, lo que McEwan pone en juego es la desilusión con la ideología que marcó a más de una generación intelectual británica: el comunismo.

Sábado (2005)

El escritor ha señalado en más de una oportunidad su fascinación por la ciencia. Sábado refleja hasta cierto punto ese interés, aunque de manera lateral. El protagonista es un prestigioso cirujano, Henry Perowne, al que la trama enfoca durante el día de 2003 en que se realiza la mayor manifestación en Inglaterra contra la guerra en Irak. Diversas situaciones van puntuando sus actividades hasta que un trivial choque automovilístico lo enfrenta a un conductor agresivo. Hay un indirecto homenaje joyceano en este relato de un solo día, que terminará –tras variadas peripecias que no conviene contar- en una sala de operaciones y un lecho.

Operación dulce (2012)

Una de las curiosidades de Operación Dulce ( Sweet Tooth, en inglés) es su pertenencia al género del espionaje. Aunque con más de una singularidad. Para empezar, su narradora aparente es una mujer: Serena Frome. Tratando de avanzar en los estamentos del MI5, Serena acepta cooptar a un joven escritor -mediante una beca y sin que él lo sepa- según un plan que aspira a crear una intelligentsia anticomunista. La historia, que transcurre en los años setenta, se interna en los secretos de una época y sus absurdos. No carece de toques de humor, al tiempo que se permite una formidable vuelta de tuerca, que recuerda otro de los mejores libros de McEwan: la engañosa Expiación.

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