A un año del #MeToo, algo está cambiando en el poder

La eclosión de denuncias de acoso sexual fogoneadas por el caso Weinstein (foto) ya tiene un impacto profundo en Estados Unidos; más del 40 por ciento de los hombres acusados de abuso en puestos de liderazgo fueron reemplazados por mujeres
La eclosión de denuncias de acoso sexual fogoneadas por el caso Weinstein (foto) ya tiene un impacto profundo en Estados Unidos; más del 40 por ciento de los hombres acusados de abuso en puestos de liderazgo fueron reemplazados por mujeres Fuente: AFP
Claire Cain Miller
Maya Salam
Audrey Carlsen
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11 de noviembre de 2018  

NUEVA YORK.- Durante años se habían salido con la suya, y para aquellas que habían sido acosadas por ellos, parecía que nunca pagarían las consecuencias. Luego llegó el informe que detallaba los abusos sexuales del productor cinematográfico Harvey Weinstein y su caída desde la cima de Hollywood.

Un año después, incluso cuando el movimiento #MeToo (#YoTambién) recibe algunas críticas negativas, es posible evaluar cómo el caso Weinstein ha cambiado los pasillos del poder. Un análisis de The New York Times revela que, desde que el diario expuso en una serie de artículos al productor hollywoodense (seguida de una investigación de The New Yorker, días después), al menos 200 hombres destacados han perdido su empleo después de recibir acusaciones públicas de acoso sexual en su contra. Unos pocos, incluido Weinstein, enfrentan cargos penales. Según los informes, al menos 920 personas fueron víctimas de la conducta sexual inapropiada de alguno de los que figuran en esa lista, y casi la mitad de los puestos de esos hombres se asignaron a mujeres.

En contraste, el año anterior al informe sobre Weinstein, menos de 30 personas de alto perfil salieron en las noticias por renunciar o ser despedidos debido a acusaciones de conducta sexual indebida. La debacle del presentador noticioso de la cadena Fox, Bill O'Reilly, en abril de 2017 resultó precursora de los cambios que se avecinaban.

"Nunca antes habíamos visto algo así", dice Joan Williams, una profesora de Derecho que estudia las cuestiones de género en la Universidad de California. "A las mujeres siempre se las consideraba una apuesta riesgosa, porque podrían hacer algo como tener un bebé, pero ahora se considera más riesgoso contratar hombres".

El acoso sexual está lejos de haber sido erradicado en el lugar de trabajo. La ley federal estadounidense no ofrece todavía una protección firme para enormes grupos de mujeres, incluyendo aquellas que trabajan de manera independiente o en empresas de menos de quince empleados. Las nuevas políticas laborales tienen poca influencia si no hay un cambio cultural más profundo. Además, tal como se demostró en el debate por la confirmación de Brett Kavanaugh en la Corte Suprema, los estadounidenses tienen opiniones distintas sobre cómo se debe castigar a las personas acusadas de conducta sexual inapropiada y cuál debe ser el estándar de la evidencia en su contra.

Una conmoción que no cesa

Sin embargo, el análisis muestra que el movimiento #MeToo conmocionó, y sigue conmocionando, las estructuras de poder de los sectores más visibles de la sociedad. The New York Times recopiló casos de personas prominentes que perdieron su trabajo, un puesto de liderazgo o contactos importantes, y cuya destitución tuvo cobertura pública en los medios.

La atriz Rose Mc Gowan, una de las mujeres más representativas del movimiento #MeToo
La atriz Rose Mc Gowan, una de las mujeres más representativas del movimiento #MeToo Fuente: AFP

El 43 por ciento de las que los reemplazaron fueron mujeres. De ese porcentaje, un tercio está en los medios de información, un cuarto en el gobierno y un quinto en el ámbito artístico o de entretenimiento. Por ejemplo, Robin Wright tomó el lugar de Kevin Spacey como protagonista en la serie House of Cards, Emily Nemens reemplazó a Lorin Stein en el cargo de editor de la prestigiosa The Paris Review, y Tina Smith ocupó el escaño que dejó Al Franken como senador de Minnesota.

Las mujeres están empezando a hacerse de poder en las empresas afectadas por casos de acoso, y esto podría tener un impacto profundo. "Me parece muy interesante la cantidad de personas que se me acercan para decirme: 'Gracias por intervenir cuando alguien tenía que hacerlo'", relata Tina Smith.

Que mujeres ocupen puestos importantes no garantiza, sin embargo, un cambio. Hay mujeres que también han acosado a otros y han encubierto abusos ajenos. Algunas mujeres se encuentran ante un precipicio de cristal: uno en el que se les asigna un cargo de liderazgo durante una época de crisis empresarial, cuando son más altas las posibilidades de fracaso. Además, a pesar de que el porcentaje de mujeres que han llegado al poder tras la caída de Weinstein es considerable, su presencia en las principales instituciones estadounidenses todavía es insuficiente. Pero también en esos ámbitos hay signos de cambio: las elecciones de medio término en Estados Unidos han dejado un récord de mujeres en el Congreso.

Algunas investigaciones han mostrado que las mujeres tienden a dirigir de manera distinta. En general, crean ambientes de trabajo más respetuosos, donde es menos probable que surjan situaciones de acoso y donde las mujeres se sienten más cómodas para denunciarlas. Las líderes suelen contratar y promover a más mujeres, les pagan de manera más equitativa y hacen que las empresas sean más rentables.

Las mujeres utilizan sus experiencias y perspectivas de vida para tomar decisiones, y eso puede resultar útil para los negocios. En el gobierno, han demostrado ser más cooperativas y bipartidistas, además de promover más políticas a favor de las mujeres, niños y bienestar social.

Así se ha visto en el Congreso estadounidense, dice la demócrata Smith. Dentro de un Senado sumamente polarizado, las mujeres curiosamente tienden a tratarse como colegas sin importar sus partidos, comenta, y las 23 senadoras mujeres se reúnen a cenar una vez al mes.

Cambio de tono y contenidos

En el ámbito de la comunicación y el entretenimiento, muchas de las mujeres que se quedaron con los puestos previamente ocupados por hombres han cambiado el tono y el contenido de lo que le ofrecen al público y, en algunos casos, las repercusiones del #MeToo han moldeado sus decisiones.

Jennifer Salke, que sustituyó a Roy Price como presidenta de Amazon Studios, dijo que Amazon necesitaba más "programas grandes y adictivos para las mujeres" y llegó a acuerdos con actrices como Lena Waithe y Nicole Kidman, entre otros.

Desde que Tanzina Vega reemplazó a John Hockenberry como presentadora de The Takeaway, programa que se emite por la radio pública, dedicó varios episodios a la cuestión de género, incluyendo la masculinidad, el enojo de las mujeres y la intersección del género y el origen étnico, temas que había abordado durante años, pero que ahora forman parte del diálogo nacional. "No creo que sea necesariamente porque soy mujer, pero como mujer, y como latina, sé que el diálogo no se ha enfocado en las mujeres, y eso me parece profundamente conflictivo", afirma Vega, quien antes fue periodista en CNN y The New York Times.

No obstante, la diferencia que pueden hacer las mujeres que han llegado al poder es todavía limitada, porque siguen siendo parte de un sistema dominado por hombres. Más del diez por ciento de los hombres que perdieron su lugar de poder han intentado regresar, o expresaron sus intenciones de hacerlo. Muchos de ellos mantienen su poder financiero.

El comediante Louis C. K. -denunciado por masturbarse delante de otras actrices- tomó hace poco el micrófono en un teatro de Nueva York, y preguntó hasta cuándo se va a seguir echando gente del ámbito actoral, y quién lo decide. Garrison Keillor, presentador de radio, reanudó su programa "The Writer's Almanac" como un podcast y recibió 275.000 dólares para que la estación Minnesota Public Radio volviera a transmitir viejos episodios de sus programas. Jerry Richardson, fundador y expropietario del equipo de fútbol americano las Panteras de Carolina, recibió una multa de 2,75 millones de dólares por parte de la asociación de ese deporte después de ser acusado de acoso sexual, pero vendió el equipo en 2200 millones de dólares, una cifra récord.

Cuando las personas acusadas de acoso recuperan su poder sin cumplir ningún desagravio -o sin haber perdido nada, al menos financieramente-, el potencial del movimiento posWeinstein de cambiar la sociedad queda restringido.

"No han experimentado un trauma como el de las víctimas", comenta Tarana Burke, fundadora del #MeToo, movimiento que inició en 2006 para apoyar a víctimas de acoso y violencia sexual (la etiqueta se hizo viral hace un año este mes, luego de que varias mujeres la utilizaron para contar sus historias). "Además, muy pocos asumieron la responsabilidad de sus actos o se disculparon en privado con las personas a las que lastimaron", señala.

"¿Dónde quedó la autorreflexión y la rendición de cuentas? -pregunta Burke-. Quizá si viéramos alguna evidencia al respecto, podríamos abrir un diálogo más importante sobre cuál es el camino para redimirse".

Mientras tanto, todas estas mujeres afirman que hay otras con más preparación que ellas, listas para tomar su lugar en el poder. "Muchas de las que llegamos a estos empleos como reemplazo, llegamos porque éramos muy buenas en el trabajo -dice Vega, la presentadora de radio-. Tenemos las habilidades, la experiencia, la ética y la inteligencia para hacerlo, y es tiempo de que nos hagamos cargo".

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