A uno y otro lado del muro

Héctor M. Guyot
Héctor M. Guyot LA NACION
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2 de septiembre de 2012  

Quilmes, 28 de agosto de 2012. A primera vista, el paisaje fabril que se recorta contra el cielo despejado podría estar en las afueras de Lima, Turín o Belfast. Sin embargo, la imagen ofrece una anomalía que la vuelve cercana: sí, se trata de esa calle que parece interrumpida o súbitamente cercenada, como si hubiera dejado de unir de pronto lo que ahora quedó de uno y otro lado. Bienvenidos a Quilmes, provincia de Buenos Aires, donde la sensación de inseguridad se materializó, por obra y gracia de industriosos vecinos, en algo tan concreto como un muro de cemento. La vaquita que hicieron para invertir en ladrillos, de 500 pesos por cabeza, fue el resultado de un simple cálculo: era más barato levantar el muro que seguir a merced de los malvivientes que, botín en mano, escapaban por las vías del ferrocarril Roca hacia la cervecera Quilmes y -dicen- la villa cercana. Los ladrones ya no pueden salir. Tampoco entrar. Tal vez por eso el lugar tiene un aspecto desolado. ¿Dónde estarán ahora los vecinos de la calle Matienzo? ¿Adentro o afuera? Ése es el problema con los muros. Tras levantarlos, uno no sabe de qué lado quedó. Para evitar este inconveniente, el Gobierno lanzó la idea de desalambrar los barrios privados. Reunidos en la plaza en dulce montón, ricos y pobres forjarán así la "cultura nacional", según soñó un ministro iluminado. Deberían haber empezado por apaciguar las calles, recomendarían en Quilmes. Pero, paradojas del poder, la Casa Rosada está más ocupada en promover la división mediante la épica del combate perpetuo, que además, como se sabe, multiplica los muros. Los vecinos de la calle Matienzo llevan ventaja: su muro adoptó forma material. Por ahora, y salvo que su ejemplo se replique a lo largo y ancho del país llevando a las nubes el índice de la construcción, los demás deberemos perseverar en el riesgoso ejercicio de convivir en medio de muros menos visibles pero igual de duros y resistentes que, como los otros, también imponen una lógica simple. De un lado, nosotros. Del otro, ellos.

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