Andrea Camilleri. "Frente a los refugiados tenemos una culpable ceguera"

Opinión. A los 92 años, el escritor italiano -creador de las novelas policiales de Salvo Montalbano-, que acaba de terminar un nuevo libro, critica a los políticos por haber perdido "el sentido del Estado"
Elisabetta Piqué
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4 de junio de 2017  

"No sé si está, no sé dónde lo puse, pero para mí el objeto más precioso es el portaperfume, muy peque?o, que mi madre tenía en su cartera, que aún hoy, si me lo pongo en la nariz, me devuelve el perfume de mi madre. Después de que ella murió, aquí en Roma, lo encontré en su cartera y me adue?é
"No sé si está, no sé dónde lo puse, pero para mí el objeto más precioso es el portaperfume, muy peque?o, que mi madre tenía en su cartera, que aún hoy, si me lo pongo en la nariz, me devuelve el perfume de mi madre. Después de que ella murió, aquí en Roma, lo encontré en su cartera y me adue?é

ROMA. En septiembre cumplirá 92 años, ya no ve -un glaucoma lo condenó a una ceguera que para él fue como que a un obrero le cortaran las manos, según confiesa-, pero su cabeza sigue más lúcida que nunca y con ganas de más. Tanto es así que, ayudado por Valentina, su asistente de toda la vida, Andrea Camilleri, el escritor más importante de Italia -con 103 libros escritos y 26 millones de copias vendidas sólo en la península-, no deja de producir.

Sentado en su despacho romano, el “padre” de las novelas policiales protagonizadas por el policía Salvo Montalbano -llevadas a la televisión con inmenso éxito en todo el mundo-, cuenta que está a punto de salir en Italia “La red de protección”, el primer Montalbano no escrito, sino que le ha dictado a Valentina, todo un cambio. En una entrevista con La Nación en la que, como siempre, fumó varios cigarrillos (Muratti) y se tomó un vaso de cerveza, Camilleri, un siciliano que antes de volcarse a la literatura, a los 60 años , tuvo una gran carrera en el mundo del teatro y la televisión, habló de todo. Agudo observador de la realidad, no ocultó su desagrado por la decadencia de la dirigencia política actual, de la rescató una persona: el papa Francisco. “Mundialmente, actualmente, es el único hombre justo en el lugar justo”, aseguró.

¿Que piensa de Donald Trump?

Sinceramente, pertenece a esa categoría de políticos que me dan miedo. Porque son unos improvisadores de la política. Y hoy no creo que exista mucho espacio para los improvisadores porque el riesgo de la improvisación hoy es el de empeorar la situación mundial en la que nos encontramos.

Usted no es creyente, pero ¿qué idea se ha hecho del papa Francisco después de más de 4 años de pontificado?

Una idea extremadamente positiva... Mire, cuando Ratzinger renunció, se reunieron en cónclave los cardenales y la tradición católica indica que la designación del nuevo papa tenga lugar, claro, a través de las votaciones de los varios cardenales, pero también por la presencia del Espíritu Santo. Ahora, se ve que ese día el Espíritu Santo estaba especialmente despierto y comprometido. Porque después de Ratzinger también podía suceder alguien no capaz de hacer que su sucesor tenía que hacer: es decir, una cierta limpieza en lo que era la curia romana, limpieza en lo que habían sido los asuntos del Istituto per le Opere di Religione, (IOR, el “banco” del Vaticano) y sobre todo una actitud benévola respecto de las novedades mundiales. Y afortunadamente ha ocurrido que fue elegido el hombre justo en el lugar justo, una vez por todas. Esto es lo que pienso de Francisco: es el hombre justo en el lugar justo. Pienso que, mundialmente, actualmente, es el único hombre justo en el lugar justo...

Hay una decadencia de la dirigencia política evidente...

Para uno como yo, que tiene 92 años y que cuando era muy joven, con el fervor de ‘rehacer la Italia democrática’, siendo comunista, me encontraba frente a hombres de la estatura de un De Gasperi (Alcide, político de la Democracia Cristiana 1922-1954)... ¿Pero dónde hay? ¿Es posible que yo, comunista desde siempre, deba extrañar a De Gasperi? ¡Pero es así! Es decir, lo terrible, sobre todo en Italia, es que los que se ocupan de política han perdido totalmente el sentido del Estado, lo que es un Estado. Se ido totalmente al tacho esto... Y es un daño terrible, porque los demócratas-cristianos, si bien en el segundo período comenzaron a ser corruptos, siempre han tenido el sentido del Estado, hasta el pobre Moro (Aldo, secuestrado y asesinado por las Brigadas Rojas 1916-1978).

Para usted ¿a qué se debe esta decadencia de le élite política, que no es sólo italiana, sino mundial?

No lo sé. Yo he visto en la historia ciclos maravillosos. He visto a Kennedy, al papa Juan XXIII, a Krushev, en su locura, lo que usted quiera... Pero eran líderes que siempre estaban con un pensamiento positivo, que generaba actos positivos. Ahora veo gente que no es capaz siquiera de pensar, ni en positivo, ni en negativo. Hoy toda la política parece moverse al día a día. No hay una perspectiva a largo plazo. Y hablar de todo esto no sólo me da dolor, también me molesta porque parece, como todos los viejos, que yo tenga el humor negro del ocaso, como decía Alfieri (Vittorio, dramaturgo italiano). ¡Y yo no lo tengo!.

Usted escribió 26 novelas de Montalbano (una a punto de salir) y 5 antología de cuentos. Recuerdo, cuando lo entrevisté en 2012, cuando le pregunté si había algo de usted en Montalbano, usted me dijo que había mucho de su padre... Esta vez la pregunta es: ¿no se ha cansado de Montalbano?

Mmmhh (risas). La suerte es ésta: que no escribo sólo Montalbano. Por lo tanto, como escribo otros libros, esto me permite mantener por algún tiempo alejado el lobo. Una vez leí un libro en el cual hay un trineo con dos hombres a bordo que están siendo perseguidos por los lobos. Entonces uno de los dos, que es el más práctico y que tiene un bolso con carne, cada tanto, agarra y les tira carne... Y los lobos se detienen a comer y ellos adquieren una cierta distancia. Bueno: afortunadamente escribo carne para Montalbano, le tiro algunas cosas, él se distrae y yo puedo seguir adelante con mi trineo para contar otras cosas....

¿Ahora está escribiendo otra cosa?

Ahora hemos llegado con Valentina al penúltimo capítulo de un nuevo Montalbano. Pero después, lo que tenemos en mente de escribir es todo, menos Montalbano, justamente para recuperarnos....

¿Qué edad tiene Salvo Montalbano?

¿Qué edad? No lo sabía, pero me lo dijeron algunos estudiantes de Cagliari... Eso está declarado en una de las primeras novelas: él nació en Catania en 1950, es decir, tiene 67 años. Ha superado la edad para jubilarse. Pero en la ficción se puede (risas)....

Usted dijo en una entrevista que escribió poco de mafia para no darle “nobleza”... En estos días se ha cumplido el 25 aniversario de la “masacre de Capaci”, el asesinato del juez antimafia Giovanni Falcone. ¿Usted, que es siciliano, qué opina de la mafia?

Para el aniversario yo no quise hacer declaraciones. Estas conmemoraciones no sirven para nada. Es justo hacerlas, pero pensar que de estas cosas pueda brotar una energía nueva que pueda hacer ver las cosas bajo otro punto de vista, que de fuerza a los que combaten verdaderamente... Yo no lo creo..

¿Qué recuerda de ese día del magnicidio, el 23 de mayo de 1992, que marcó a todos los italianos, cuando fue asesinado Falcone?

Estaba volviendo del Salón del Libro de Turín junto a mi esposa porque se presentaba un libro mío. Estaba en tren, volviendo desde Roma. El tren, que estaba increíblemente vacío, se detuvo en la estación de Viareggio. Y yo me fui a la plataforma para mirar por la ventanilla. Y vi a un señor con un portafolio de cuero que corriendo atravesaba el andén y subía al tren. Entonces me di cuenta de que el hombre estaba llorando, tenía el rostro lleno de lágrimas. El tren volvió a partir y de golpe oí ruidos muy fuertes: me di vuelta y era esta persona que golpeaba su portafolio contra las paredes del tren gritando: “¡sicilianos puercos, sicilianos asesinos!”. Y lloraba. Yo tuve miedo, pensé que estaba loco y que si descubría que yo era siciliano, me mataba. Volví a mi asiento y le dije a mi mujer que “había un loco que detesta a los sicilianos”. Cuando llegamos a la estación Termini, en Roma, la persona que me vino a buscar me contó la noticia del asesinato de Falcone. Y entonces entendí la rebelión moral, la indignación de un italiano, ante este hecho. Y siendo yo siciliano y considerando que también la víctima era siciliana, no pensé “puercos sicilianos, asesinos”. Pero creo que sentí en mi interior la misma sensación de rabia que ese señor había sentido.

Falcone llegó a decir que la “mafia es vencible”. ¿Usted qué piensa?

Es fácilmente derrotable si se tiene la voluntad política y social de derrotarla. La mafia no es un instituto en sí mismo. La mafia es un tumor. Si se interviene enseguida quirúrgicamente, el tumor no tiene tiempo de hacer metástasis, es decir, de disolverse en todo el cuerpo. Lo mismo pasa con la mafia, que no vive de por sí, sino a través de las metástasis. Y cuáles son las metástasis? Las metástasis son las relaciones con la política, con los bancos, con el mismo Estado. Hasta cuando no se truncan estas relaciones, la mafia seguirá existiendo, asumirá formas distintas, disparará menos, pero seguirá viviendo. Es fácil eliminar a la mafia, pero es necesario que estemos todos de acuerdo y que de la eliminación de la mafia no deriven daños económicos a alguien, sino tan sólo a los mafiosos..

¿Cómo se siente con el hecho de que haya logrado hacer conocer el dialecto “siciliano” en el mundo?

Aquí hay un equívoco porque en verdad leyendo mis novelas policiales no se lee “siciliano”, sino “vigatese” (por Vigata, ciudad imaginaria siciliana donde están ambientadas las novelas de Montalbano). Los sicilianos hasta protestan diciendo “pero qué dialecto es ese”, porque no existe... Al mismo modo que hay una deformación del italiano, hay una deformación del dialecto, nada queda intacto. Es una mezcla entre diversas formas dialectales. Es un trabajo siempre work in progress, de búsqueda de escritura, que continúa siempre, difícil. Pero creo que vale la pena dejar una suerte de “dialecto” que, en realidad se volvió comprensible para todos..

Ahora usted le dicta a Valentina. ¿Cómo vive este cambio?

¡Mal! Pero atención, esta ceguera mía no es que vino de un día para el otro, fue como una muerte anunciada, lo sabía. Pero, por más que uno sepa, nunca se logra entender cuál es la realidad. Y la realidad es mucho más fea de lo que me imaginaba. Por lo tanto, sentí una suerte de desesperación, es como cortarle las manos a un obrero. Pero Valentina empezó con algunas sugerencias y como ella trabaja conmigo desde hace 15 años, ha corregido bocetos, etc, era capaz de manejar este lenguaje mío con cierta desenvoltura. Y así, hicimos un intento, que es justamente el libro que está saliendo ahora, que se llama “La red de protección”. Dictar no es fácil, porque uno debe mantener siempre en la memoria lo que precedentemente ha dicho.

En sus últimas novelas policiales usted, que siempre se ha inspirado con temas de actualidad, ha descrito mucho el drama de la inmigración. ¿Qué opina de esta ola migratoria, la mayor desde la Segunda Guerra Mundial?

Pienso que era previsible, pero no pudimos anticiparlo. Cuando llegaron los albaneses (fin década de 1980) fue una clara señal de lo que podía llegar a suceder en otros países del mundo. Y yo me quedé maravillado de cómo, porca miseria, podían ir llegando las primeras barcazas y que nadie se diera cuenta de que nos encontrábamos al principio de una transmigración de millones de personas y de que nadie tomara las medidas necesarias. Ahora, las medidas necesarias, sobre todo porque existe Europa, no son poner un acorazado en medio del mar y disparar a las barcazas de los refugiados. Se trata de acogerlos. Y por lo tanto, tener un plan que cada honesta familia pondría en marcha: si me llama por teléfono un primo que me dice que perdió su casa porque hubo un terremoto y me pregunta si lo puedo hospedar junto a su familia. Yo digo, bueno, tengo tantos ambientes, podemos poner dos camas acá... Por el dinero, vemos con el banco cómo hacemos... Es decir, armaría una organización familiar. ¿Por qué Europa no puso en marcha una organización de acogida? Aún hoy, hay una parte de Europa –del este de Europa-, decididamente negativa a cualquier acogida. Esto no puede suceder. Europa debe actuar unitariamente cualquier decisión tome. No se dan cuenta de que los muros, también de cuatro metros de alto, se superan, basta que se pongan uno arriba del otro....

Pero hay políticos que piden muros...

La única política sabia es una sabia política de acogida, que rechace quien debe ser rechazado. Catarella (agente de Montalbano) en una novela dice: “doctor, cuando había guerra en nuestra tierra, apenas bombardeaban una ciudad, los habitantes de esa esa ciudad se escapaban y se iban a buscar casas de amigos en el campo, en pequeños pueblos y se llamaban ‘evacuados’. ¿Por qué ahora los llaman extracomunitarios?”. Si existe la globalización, que nos está reduciendo al hambre e hizo desaparecer la figura del obrero, la globalización también significa que el mundo se ha achicado y que entonces alguien que se escapa de las bombas de Siria, es como si se escapara de Palermo, para llegar a Roma... Es lo mismo. Creo que estamos ante una suerte de culpable ceguera, porque aún estamos al comienzo de esta migración.

Biografía

Andrea Camilleri nació en 1925 en Porto Empedocle, Sicilia. Durante cuarenta años fue guionista y director de teatro y televisión. En 1994 creó el personaje de Salvo Montalbano, el comisario siciliano protagonista de una serie de 26 novelas. Es el escritor más popular de Italia y uno de los más leídos de Europa.

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