Aprende a ser envidiado
La envidia es una emoción subterránea. Uno puede decir: “Estoy enojado, estoy molesto”, pero es raro que alguien diga: “Siento envidia” (aunque lo diga coloquialmente). Estamos hablando de un malestar que es una suma de tristeza más bronca por el logro de otra persona. El otro es exitoso en determinada área y el envidioso se siente triste y enojado por ello.
¿Cuáles son los mecanismos por los cuales se instala la envidia?
- 1. En primer lugar, la comparación. La persona envidiosa se mide con el otro. Ve si ese logro lo puede tener o no. Por eso, en general la envidia surge de un éxito en el mismo campo donde uno desea tenerlo. El cocinero compite con otros cocineros, el empresario con otros empresarios, etc. Y esa comparación provoca el análisis de: “¿Yo puedo tener lo que el otro ha logrado?”.
- 2. Como el envidioso tiene baja estima siente que no puede alcanzar el logro ajeno. Eso le genera tristeza, que expresa en asombro y silencio cuando le cuentan algo bueno que le pasó al otro, en bronca, o en una mezcla de ambas cosas. Entonces, recurre a la estrategia clásica de todo envidioso: la descalificación.
- 3. La descalificación. Si alguien se compra un coche, el envidioso dirá: “¡Que Dios te bendiga y lo disfrutes!” (que quiere decir: “¡Ojalá choques y te prendas fuego!”). Este malestar lo lleva a descalificar el logro: “Ese coche no sirve, no vas a conseguir los repuestos”; o al portador del logro: “Vaya a saber dónde sacó el dinero...”. Desmerecer a través del chisme, la burla, la minimización, etc. produce en quien envidia un pseudo alivio interior y la sensación de que no está en falta. Muchas personas, cuando triunfan, generan ellas mismas un fracaso o boicot para perder lo logrado. ¿Por qué? En algunos casos, por culpa (“no me lo merezco”) pero, en otros, para no ser envidiados, criticados, apedreados.
La envidia puede aparecer ante un logro mínimo o frente a logros trascendentes. Se puede envidiar el coche, la pareja, la familia (de hecho, muchas infidelidades se debe a dos personas del mismo sexo que compiten por un tercero con el fin de destruir la familia envidiada), la paz y el carácter, entre muchas otras cosas. Suele ocurrir con frecuencia que alguien esté contento en un grupo y sea criticado por alguien que envidia su estado de ánimo.
¿Qué deberíamos tener en cuenta con respecto a la envidia?
- a. No contarles nuestros logros a cualquiera. Alegrarnos con el que se alegra es la clave para elegir buenos amigos. Cuando le contamos a alguien que perdimos el trabajo, probablemente esa persona llore con nosotros. Pero si le contamos que conseguimos un trabajo nuevo con una excelente remuneración, habrá que ver si se alegra. Aquellos que se alegran con nuestros éxitos son nuestros verdaderos amigos.
- b. Celebrar los logros del otro y transformar la envidia en admiración. En vez de mirar para criticar, podemos preguntarnos cómo lo hizo el otro y pedirle que nos enseñe. “Si vos lo lograste, yo también puedo lograrlo”. Este pensamiento se convierte en motivación. Alguien dijo que Dios, a veces, les da las bendiciones a otros para observar nuestra actitud. Todo lo que celebramos en los demás lo acercamos hacia nuestra propia vida.
- c. Invertir inteligentemente en nuestro esfuerzo. En lugar de perder nuestro precioso tiempo criticando y cuestionando lo que hace el otro, invirtámoslo en crecer y ver cómo podemos mejorar y superarnos. Nunca nos comparemos. La comparación es veneno, porque alguien gana y alguien pierde. Comprometerse con uno mismo es la clave. Busquemos siempre superar nuestro mayor logro y dar lo mejor de nosotros. Al fin de cuentas, ganarle a alguien es subjetivo y superficial.
En una oportunidad, luego de dar una charla a nueve mil personas en otra ciudad, el expositor que continuaba se me acercó y me dijo: “Muy linda la charlita, Bernardito”. Sencillamente le di las gracias y seguí adelante. Concluyo con la famosa ilustración de la luciérnaga y la serpiente.
Cuenta una fábula que en cierta ocasión una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga; ésta huía muy rápido y llena de miedo de la feroz depredadora, pero la serpiente no pensaba desistir en su intento de alcanzarla.
La luciérnaga pudo huir durante el primer día, pero la serpiente no desistía, dos días y nada, al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga detuvo su agitado vuelo y le dijo a la serpiente: ¿Puedo hacerte tres preguntas?
No acostumbro conceder deseos a nadie, pero como te voy a devorar, puedes preguntar, respondió la serpiente. Entonces dime:
¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?
¡No!, contestó la serpiente.
¿Yo te hice algún mal?
¡No!, volvió a responder su cazadora.
Entonces, ¿por qué quieres acabar conmigo?
¡Porque no soporto verte brillar!, fue la última respuesta de la serpiente.
Como dijo el gran sabio salomón: “La excelencia genera envidia”. Si te están envidiando, es señal de que estás brillando. ¡Seguí adelante!
Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com








