Miguel De Luca: "Lo atractivo de esta elección es que ningún candidato tiene la vaca atada"

El politólogo e investigador reivindica la importancia de las PASO y afirma que unos comicios que se definen por pocos votos obligan al ganador a una gestión más responsable
El politólogo e investigador reivindica la importancia de las PASO y afirma que unos comicios que se definen por pocos votos obligan al ganador a una gestión más responsable Fuente: LA NACION - Crédito: Alejandro Guyot
Astrid Pikielny
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11 de agosto de 2019  

A contrapelo de quienes critican las PASO por inservibles y costosas, Miguel De Luca, experto en temas de reforma institucional, procesos de gobierno y regímenes electorales, se remonta al origen, hace historia y explica por qué son útiles hoy en la Argentina. Dirá, por ejemplo, que sirven como "filtro, soldador, corsé, radiografía y estimulante" porque simplifican la oferta de candidatos y "limpian el cuarto oscuro", permiten armar frentes electorales y dirimir postulaciones, proveen información a votantes y candidatos, e incentivan la participación de la ciudadanía. Así lo demuestran las investigaciones realizadas a lo largo de los años.

Además, analizará la elección presidencial de 2019, una elección polarizada con "final abierto" entre Mauricio Macri y Cristina Kirchner. "En toda América Latina tenemos oficialismos que buscan reelegir y expresidentes que quieren volver, pero en este caso se combinan ambos en una misma elección". Además, marcará una peculiaridad en "el hecho de que alguien que durante 17 años fue jefe de la bancada de un partido político en el Senado (Miguel Ángel Pichetto) integre la fórmula con el principal partido rival o que confronta". Y en el caso de Frente de Todos, "salvo una lejanísima candidatura a legislador de la ciudad de Buenos Aires, Alberto Fernández no fue a elecciones y no es alguien que esté entrenado en hacer campaña sino que más bien está entrenado en recorrer despachos y negociar".

Magíster en Administración Pública (UBA) y doctor en Ciencia Política en la Universidad de Florencia (Italia), De Luca explica por qué no sería novedoso que un presidente reelija en un contexto de crisis económica. "En el análisis comparado, el porcentaje de reelección en los oficialismos es de un 70 %. Esto no quiere decir que Macri tenga la reelección garantizada, pero simplemente no sería una anormalidad".

Miembro de la carrera de investigador Conicet, Miguel De Luca fue presidente de la Sociedad Argentina de Análisis Político (SAAP) entre 2008 y 2014.

¿Cuáles son sus las funciones de las PASO? Que se hayan acordado de antemano las candidaturas presidenciales produjo la sensación de futilidad de esta herramienta.

Las PASO no cumplen solo la función del proceso de selección de candidatos. Esta vez, si bien no existen competencias para las fórmulas presidenciales, la hay para las candidaturas a senadores y diputados, y también en una infinidad de cargos de carácter local y provincial. Es una situación paradójica o contradictoria.

¿A qué se refiere?

La queja es que los partidos resuelven sus listas por acuerdo o por dedazo, y justamente lo que se propone es eliminar el instrumento a partir del cual podríamos hacer que las cosas no sean así. En ese sentido, es una herramienta: si los dirigentes no la utilizan, en parte puede ser por lo que implica una primaria competitiva y porque requiere importantes apoyos no solo logísticos sino también de financiamiento. En cualquier caso, creo que siempre que la decisión final esté en manos de la ciudadanía, no puede ser malo; al contrario, es una herramienta más de la democracia. Las PASO sirven como filtro.

Porque evitan la híperfragmentación.

Sí, en cierta manera, las PASO permiten limpiar el cuarto oscuro o hacerlo más simple respecto de las opciones que se le presentan a los votantes. Ese es un aspecto positivo. Existe consenso en la ciencia política de que la excesiva fragmentación de la oferta de candidatos y partidos dificulta, entre otras cosas, la decisión de los votantes. También en muchos casos las PASO sirven para construir frentes electorales y dirimir postulaciones, un aspecto a veces bastante conflictivo. Estas dos funciones, la de filtro y soldador, permiten que las PASO funcionen como un corsé del sistema de partidos. Recordemos que las PASO son hijas del 2001-2003, en donde había una híperfragmentación electoral. Y si uno evalúa la evolución de la oferta electoral desde ese entonces, cumplieron ese objetivo de simplificar la oferta y encorsetar el sistema de partidos.

De hecho, en 2003, Kirchner ganó con el 22% de los votos.

Sí, un fenómeno único en la política mundial: quien sale primero en la primera vuelta (Menem) desiste de participar en la segunda. En 2003 teníamos seis candidatos presidenciales con porcentajes que iban del 14% al 26 % y eso hace muy difícil la decisión del votante, la construcción de coaliciones de gobierno y la construcción de su legitimidad. Otra función de las PASO es la de funcionar como una radiografía: en un determinado momento ofrece una imagen sobre las preferencias de los votantes y eso es importante para la propia ciudadanía, que puede recalcular su voto de cara a la elección general. También es información para los partidos políticos y candidatos que pueden ajustar sus estrategias de campaña. Y por último, algunos colegas señalan que las PASO también funcionan como un estimulante, porque la asistencia a las urnas respecto de elecciones previas aumentó. Aunque podrían estar interviniendo otras variables, como la polarización y la mayor precisión en la actualización de los padrones. En todos estos aspectos, me parece que las primarias en la Argentina son útiles.

El país estrena la paridad de género. ¿Qué expectativas tiene respecto de esta novedad?

La incorporación de la paridad me parece una reforma absolutamente positiva, un paso más en esta transformación de una representación descriptiva, de "tenemos que rellenar las listas con un tercio de mujeres", a la representación sustantiva, donde las mujeres estén no solo en lugares paritarios respecto de los hombres sino que también ayuden a instalar una agenda distinta. Ayuda a visibilizar y a la construcción de carreras político-partidarias. Entiendo que hubiera sido mucho más difícil para las mujeres lograr postulaciones sin el paso previo de los cupos. En ese sentido, es un aspecto importante de la renovación del elenco político argentino. Inclusive ayuda a que se puedan construir coaliciones transversales: mujeres de diferentes partidos políticos que estén de acuerdo acerca de la instalación de temas puntuales como pasó con el aborto o la propia paridad.

¿Y cuán importante es que esto esté acompañado por mayor participación de mujeres en los gabinetes?

Creo que eso se va a sentir en el corto y mediano plazo. Es cierto que la decisión de la conformación de los gabinetes es discrecional por parte de quien lidera el gobierno, pero de alguna manera van a sentir presión. En ese aspecto creo que la Argentina está a la zaga, pero tampoco tan detrás de lo que ocurre a nivel de otros países considerados democracias avanzadas con culturas políticas más o menos similares.

A estas alturas, que un presidente no peronista termine el mandato no parece ser una novedad, pero sí que tenga alguna posibilidad de reelegir en un contexto de crisis. ¿Coincide?

Lo que muestran los presidencialismos en América es que no sería una novedad, no llamaría la atención que un presidente reelija. Los presidentes en América Latina, o en América en general, que buscan la reelección la logran.

¿Aún en contextos de crisis económica?

Los pocos casos en los que los presidentes no logran reelegir son casos en donde su imagen o su popularidad, producto de la crisis económica o algún escándalo de corrupción, se convierten en el principal escollo para esa reelección. Por ejemplo, en América del Sur, no existen casos de presidentes perdiendo su propia reelección. En América Latina están los casos de Ortega en Nicaragua o de dos presidentes en República Dominicana y también algunos en Estados Unidos, pero la tasa de reelección del oficialista que busca su reelección en un cargo ejecutivo es del 70 %. Esto se traslada inclusive a otros ámbitos: el 90% de los gobernadores de provincia que buscan su reelección las consiguen y lo mismo ocurre en las intendencias. Esto no quiere decir que Macri tenga la reelección garantizada; simplemente, no sería una anormalidad. Y aún más: los oficialismos suelen ganar sus reelecciones con una diferencia porcentual más amplia que la que obtuvieron en su primera elección por estar en una posición de ventaja: manejan recursos institucionales, presupuestarios, simbólicos y también la aversión al cambio de los propios votantes.

Acá hay un dato nuevo y es tener al peronismo unificado enfrente, además de haber incluido a un peronista en la fórmula oficialista.

Lo que sí podría ser una novedad es una competencia entre quien quiere seguir y quien quiere volver, el intento de regreso de Cristina Kirchner, que también es algo propio de la política latinoamericana. En toda América Latina tenemos expresidentes que quieren volver, pero acá se combinan ambos en una elección. Y esto que señalás respecto de la reunificación del peronismo, es un fenómeno que hace justamente que esta elección se presente como más reñida que elecciones en donde el peronismo aparecía dividido.

¿Por qué cree que no hay candidatos presidenciales del radicalismo?

Creo que es consecuencia de deficiencias del radicalismo, de no tener un liderazgo capaz de competir a nivel nacional. Podríamos decir que lo que tenemos es un partido sin liderazgo. Y al no tener un liderazgo capaz de atraer votos, el radicalismo, de alguna forma, a regañadientes, toleró más que aceptó la construcción de la oferta electoral, por lo menos a nivel presidencial. También es cierto que en este turno electoral el radicalismo protagonizó varias estrategias que fueron perjudiciales para, de alguna manera, ponderar su peso electoral.

Se refiere a las elecciones provinciales en las que perdió.

Sí, la manera en la que se presentó la oferta electoral en la provincia de Córdoba implicó no solo perder competitividad en la elección provincial sino también perder la ciudad capital, y en muchos casos la capital de provincia es un trampolín para luego competir con alguna expectativa de éxito por la provincia. Y las provincias son el lugar donde se forjan las futuras candidaturas presidenciales. Entonces, la ausencia de candidatos en la fórmula presidencial es una consecuencia más de esta falta de estrategia o este déficit del radicalismo a nivel provincial.

¿Cree que el oficialismo es mejor haciendo campaña que gobernando?

Diría que sí, que la campaña es mucho mejor que lo que presentó el Gobierno tanto a nivel político como económico. Y eso se ve no solamente por el nivel de coordinación y de eficacia, sino con el hecho de ser incumbente, es decir, un oficialismo que busca su reelección puede manejar mejor la forma de hacer campaña y coordinar un mensaje, en contraste con la campaña del Frente de Todos, que se muestra descoordinada.

En ese sentido, es posible escuchar a Cristina Kirchner defendiendo su gestión y a Alberto Fernández prometiendo enmendar los errores del pasado.

Esa contradicción muestra que no hay una coordinación o una sutura respecto de cómo llevar adelante la cosa. También es cierto que, sobre todo con electorados complejos como los actuales, se tiende a focalizar el mensaje o a fragmentar el discurso para determinados grupos de votantes. En este caso, al hablarle al electorado en general, los dos, o los tres, porque aquí lo sumaría a Massa, lo que hacen es dejar abierto un flanco donde obviamente el gobierno sale a pegar y con eficacia.

¿Qué es lo que le resulta atractivo de esta elección?

Que sea una elección que a priori se presenta como abierta, que los candidatos sepan que no tienen la vaca atada. Eso hace que sean mucho más cuidadosos respecto de qué proponen y de los movimientos que van a dar. Siempre prefiero elecciones de este tipo, en las que el resultado no se conoce de antemano, a las elecciones en las que un intendente o un gobernador gana por una diferencia de 40 o 50 puntos. Me gusta que la decisión esté en manos de la ciudadanía. La democracia es, en definitiva, incertidumbre. Conocemos cuáles son las reglas, pero desconocemos cuál va a ser el resultado. Los políticos siempre tienen una propensión muy fuerte a pensar que pueden hacer cualquier cosa. Bueno, si una elección se define por un puñado de votos, no pueden hacer cualquier cosa.

Biografía

Miguel De Luca nació en Buenos Aires en 1968. Es politólogo por la UBA y doctor en Ciencia Política por la Universidad de Florencia. Investigador del Conicet, es especialista en instituciones, procesos de gobierno, regímenes electorales y partidos políticos. Fue presidente de la Sociedad Argentina de Análisis PolíticoLA

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