Steven Levitsky:"Hay una corriente prodemocrática muy fuerte en la cultura política argentina"

El profesor de Harvard, que estudió el ascenso de Trump y la crisis del sistema de representación en el mundo, dice que nuestro país es un "caso extraño" de consenso democrático e inestabilidad económica
El profesor de Harvard, que estudió el ascenso de Trump y la crisis del sistema de representación en el mundo, dice que nuestro país es un "caso extraño" de consenso democrático e inestabilidad económica Crédito: AGIF
Fernando García
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13 de enero de 2019  

Vivió en Buenos Aires quince meses durante el menemismo y se doctoró con un estudio sobre la transformación del peronismo. Para eso realizó un trabajo de campo en La Matanza y Quilmes. De aquella experiencia le quedan un español perfecto, simpatía por el club Lanús y un fanatismo a prueba de fuego por la selección argentina. Profesor en la Universidad de Harvard, en Cómo mueren las democracias (Ariel) -libro escrito en coautoría con el especialista en democracia y autoritarismo Daniel Ziblatt y publicado recientemente en la Argentina-, Steven Levitsky desarrolla una radiografía del ascenso de Donald Trump al poder y del desmoronamiento institucional en todo el mundo.

Levitsky sonríe desde su escritorio cuando se le dice que, por su minuciosa descripción de los rasgos de un autócrata, podría ser llamado "Doctor Democracia". Habla con la nacion por skype desde Boston y asegura que la Argentina ha probado tener un régimen estable aun en las peores crisis. "Pocos países en el mundo han pasado por crisis tan profundas como las de la Argentina en 1989 y 2002 sin perder su democracia", explica. Por otra parte, señala la Guerra de Secesión y la Ley Civil de 1965 como momentos de quiebre en la historia estadounidense y enciende las alarmas sobre el presente. "Si los republicanos se imponen y Trump continúa cuatro años más en el poder podríamos llegar a ver una crisis muy profunda que cambiaría la historia del país."

¿Qué le parece peor, una autocracia con índices socioeconómicos estables o una democracia con desempleo y hambre?

Me siento muy comprometido con la democracia liberal, así que prefiero un régimen democrático en crisis en lugar de una autocracia estable, digamos. Hay muchos datos que demuestran que en el largo plazo el crecimiento económico de los regímenes autoritarios no es superior al de las democracias. Cuando a las democracias no les va bien, como a la Argentina en 1989 o a Brasil en los últimos años, es importante tener paciencia. No optar por salidas violentas.

En su libro enumera países donde la semilla de la autocracia estuvo en el enojo de la clase trabajadora. De hecho, es como muchos analistas explicaron el ascenso de Trump.

Para empezar, no está tan claro que sea la clase trabajadora. El salario promedio del votante de Trump era superior al del votante de Clinton. Lo votaron, sobre todo, pequeños y medianos empresarios. Muchos trabajadores también. Pero los mejores estudios que se hicieron sobre el tema demuestran que sus votos no salieron masivamente de los perdedores de la globalización, como se quiso hacer creer. Es cierto que, en las democracias liberales, quienes estaban bien en términos económicos atraviesan un descontento que no hubiéramos esperado veinte años atrás. Parte de ese descontento tiene que ver con temas de inmigración y raza. Y con una crisis de representación. Hay dos temas en los que los partidos de centroderecha y centroizquierda del mundo han convergido en los últimos 25 años: la globalización y la inmigración. Blair, Clinton, Mitterrand y Felipe González, centroizquierda y centroderecha, han estado de acuerdo sobre la globalización y sobre, al menos, la tolerancia hacia la inmigración. En Estados Unidos hay coincidencia sobre esos temas, pero también hay un 30 ó 35% de la población que no está de acuerdo y siente, con razón, que ninguno de los grandes partidos la representa. Trump supo apelar a ese tercio de la población. Algo de eso pasa también en Gran Bretaña y Francia.

En Austria y Francia, los partidos de centroderecha votaron, junto con sectores de la izquierda, contra dos candidatos de la ultraderecha como Marine Le Pen y Norbert Hofer. ¿Por qué el partido republicano no se plantea algo similar frente a Trump?

En su mayoría, los políticos son egoístas y cortoplacistas. Lo que pasó en Francia es una excepción, lo de los republicanos es el caso más común. En el caso de Estados Unidos, sucede que la gente toma la democracia como algo dado; casi todo el mundo cree que, pase lo que pase, por más irresponsable que hayamos sido, nada va a romper o matar nuestra democracia. Eso no pasa en Europa. Nosotros no atravesamos esa historia en los años treinta o cuarenta, somos un poco más temerarios con la democracia. Si uno habla con los republicanos en privado, odian a Trump o por lo menos creen que es un peligro, pero no pueden contemplar seriamente una crisis de régimen.

¿Quién podría ser la contrafigura de Trump?

¿Está pensando en una especie de superhéroe? La gran mayoría de los líderes elegidos en las democracias del mundo son demócratas. Trump, por suerte, es una rareza. Todos los presidentes que he tenido en mi vida, con la excepción parcial de Nixon, han sido demócratas. Nunca me cayeron bien George Bush o Ronald Reagan, pero no se puede decir que fueran autoritarios. Macri no es santo de mi devoción, pero saldría airoso en el test del demócrata. No sé si pasaría lo mismo con Bolsonaro.

¿Hay que pensar a Bolsonaro en la genealogía de Getúlio Vargas?

No hay duda de que Trump ha influido sobre las ideas, la estrategia, la autopercepción de Bolsonaro. Pero su surgimiento se debe a condiciones propias de Brasil, que está pasando por una crisis infernal. Vargas fue sin dudas autoritario, pero a la vez fue uno de los políticos más talentosos de su generación. No veo en Bolsonaro un político de gran estatura. Comparte con Vargas una orientación autoritaria, eso sí. Aunque me parece mucho más conservador.

¿Por qué la gente debería preocuparse por los tweets y malos modos de Trump cuando la economía marcha bien y Estados Unidos no está en guerra?

Porque nunca se ha dado en el mundo este matrimonio entre un régimen democrático tan fuerte y consolidado como el de los Estados Unidos y un presidente tan autoritario. Más allá de eso, hemos tenido suerte de no entrar en guerra ni tener una crisis económica. Un solo hombre no puede afectar tanto la economía de los Estados Unidos, dada su complejidad, tamaño y las instituciones fuertes que la protegen. Pero solo han sido dos años. Yo me sentiría más seguro con [Mike] Pence en la presidencia, y no con Trump.

¿Cree que su gestión califica para un impeachment?

Sí y no. Tenemos que esperar los resultados de la investigación de [Robert] Mueller. Creo que lo que él va revelar será suficiente para el impeachment. Pero se trata de un proceso tan legal como político, y las condiciones políticas no están dadas. El electorado republicano está casi al cien por ciento con Trump; los republicanos controlan el senado. No veo que se pueda remover a Trump hasta que no pierda una parte del apoyo que le da el partido republicano.

Según su análisis, el país atraviesa una polarización inédita. ¿Es posible una guerra civil?

Nunca hemos estado así desde el siglo XIX. Si se profundiza este cuadro, creo que llevaría a una crisis institucional antes que a una guerra civil. El estado norteamericano es tan fuerte que me resulta difícil imaginar ese escenario.

¿Cómo puede entenderse el péndulo que va de México a Brasil, de López Obrador a Bolsonaro?

América Latina pasa siempre por ciertas olas. La crisis de la deuda afectó toda la región, lo mismo la ola de reformas neoliberales. Más allá de eso, son países distintos, con historia y contextos políticos muy diferentes. México no tuvo un régimen militar derechista como los países del Cono sur, sino que se ha mantenido bajo el gobierno relativamente estable del PRI. El dato importante es que los últimos tres gobiernos han sido de centroderecha. México tiene problemáticas específicas y no se benefició como la Argentina, Brasil y Chile del boom de las commodities. El descontento en México es con el status quo, que ha sido de centroderecha; por eso se votó a un candidato de la izquierda. Brasil es todo lo contrario. El status quo de los últimos quince años estuvo dado por la centroizquierda; entonces, la gente votó por la derecha.

¿Cómo diagnosticaría la salud democrática de la Argentina?

La Argentina es un caso extraño, porque desde la caída del régimen militar hay en la cultura política una corriente prodemocrática muy fuerte. Pocos países en el mundo han pasado por crisis tan profundas como las de la Argentina en 1989 y 2002 sin perder su democracia. A pesar de la hiperinflación y del colapso posterior, donde la gente rodeaba a los tres poderes del Estado gritando "¡Que se vayan todos!", nadie quiere que vuelvan los militares. Se ha formado un consenso mínimo a favor de la democracia. A diferencia de otros países latinoamericanos, la Argentina tiene una sociedad civil fuerte que se ha movilizado varias veces para defender aspectos de la democracia. La parte negativa es que tiene instituciones muy inestables desde los años 30, lo cual explica la inestabilidad económica, que siempre es una amenaza. No diría que la democracia argentina es fuerte, pero sigue siendo estable.

En Sudamérica, Evo Morales es el único líder de la ola de centroizquierda que sigue en el poder. ¿Por qué tuvo éxito?

Bueno, la respuesta está en la economía. Desde su inicio, el gobierno de Morales ha sido pragmático y cuidadoso con los temas macroeconómicos. En política monetaria, a diferencia de Chávez, fueron bastante conservadores. El rendimiento económico de Bolivia en los últimos diez años ha sido uno de los más altos en Sudamérica. Todo lo contrario de Venezuela. Esa es la variable que mejor explica la permanencia de un gobierno así en América Latina. El kirchnerismo estuvo doce años en el poder, hasta que perdió el manejo de la economía. El chavismo tuvo que volverse muy autoritario para sostenerse en el poder y terminó consolidado como dictadura. Morales es un político con mucho talento, que ha podido mezclar aspectos de la modernidad con un discurso y apelaciones indígenas, aunque él no proviene directamente de la cultura aymara o quechua.

¿Lo pondría en la lista de autócratas del mundo junto a Erdogan, Putin, Orbán o Trump?

Es un caso más atenuado. Hasta ahora Bolivia ha estado en la frontera entre lo que yo llamo democracia y autoritarismo competitivo. Mucho menos autoritario que Chávez u Ortega en Nicaragua; bastante menos que Correa en Ecuador, pero tampoco puede decirse que haya sido plenamente democrático. Con los años, si persiste en el poder, podríamos llegar a ver un endurecimiento del régimen.

En su libro dice que las autocracias se fortalecen en las crisis. Por ejemplo, Filipinas y Rusia, donde Marcos y Putin refuerzan su poder después de atentados que se probaron autoprovocados. ¿Hay que creer en la teorías conspirativas sobre el S-11?

Hay muy poca evidencia de eso; es un complot casi imposible de urdir. Lo más interesante fue que Bush llegó a niveles de aprobación jamás registrados en Estados Unidos. Batió todos los récords. En los primeros meses después del S-11 Bush podría haber hecho todo a su antojo: durante seis meses, ni el poder judicial, ni el Congreso ni la prensa podían tocarlo. Sin embargo, supo limitarse. La Patriot Act no fue algo muy agradable para quienes defendemos los derechos civiles, pero no se dedicó a debilitar al partido Demócrata ni a limitar a la prensa. Esa teoría conspirativa no tiene sustento, no la tomo en serio.

¿Por qué dijo que Macri no es santo de su devoción?

Soy un hombre de centroizquierda y Macri lleva adelante un programa de centroderecha con medidas económicas y sociales que no comparto.

Definamos qué significa ser de izquierda o derecha en Estados Unidos hoy, por favor.

Buena pregunta. Desde la guerra fría en adelante, Estados Unidos no tiene izquierda. Salvo algunos momentos excepcionales, el Partido Demócrata ha sido muy heterogéneo, un poco como el peronismo en la Argentina. Pero es un partido de centro. El sector de Bernie Sanders parece de izquierda en Estados Unidos, pero en América Latina o Europa sería considerado socialdemócrata. Nadie habla del control estatal de la economía aquí. El eje del debate pasa por otro lado: si debemos hacer mayor inversión social, si se debe expandir el seguro médico. Lo que aquí es izquierda tiene una visión secular y cosmopolita del país. La derecha rechaza eso; es nacionalista y etnocéntrica. Pretende volver a una sociedad de hace 75 años, una nación de blancos cristianos. Ese es el mayor debate en este momento: quiénes somos; qué es Estados Unidos.

Biografía

Steven Levitsky nació en 1968 en Estados Unidos. Estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Stanford y se doctoró en Berkeley. Es profesor de las asignaturas de Gobierno y Estudios Sociales en la Universidad de Harvard. Estudió sistemas de gobierno en América Latina y escribió Competitive Authoritarianism.

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