Reseña: Los viernes. Tomo cuatro, de Juan Forn

José María Brindisi
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17 de agosto de 2019  

Un relato no se acaba nunca. Es lo que debería inferirse de esa plataforma de artículos literarios, de esa ruta sin carriles que edificó Juan Forn (Buenos Aires, 1959) a lo largo de los años en sus columnas de los viernes del diario Página 12, de las que se acaba de compilar un cuarto y en apariencia último volumen.

Una vida, para Forn, es una constelación de sentidos; la intersección de varios ejes que se encuentran para luego seguir su camino. Esos ejes pueden ser otras personas, lugares, episodios históricos, textos. Es así que lo que se cuenta -la biografía en escorzo de escritores tan variados como Victor Segalen, Scott Fitzgerald, el ruso Sergei Doblatov, Lucia Berlin o Paul Morand- puede anclarse en una anécdota que funciona como puente hacia otra anécdota, o situarse en un escenario recurrente que invita al lector a detectar algo que antes no había notado. El autor de María Domecq es un miniaturista, pero sus biografías resultan al mismo tiempo hiperbólicas porque no hay uno solo de los grandes temas -en especial del siglo XX- que no circulen por ellas, del nazismo a las sombras stalinistas, de Vietnam al París de la Generación Perdida o los viajes al espacio.

En sintonía con Siluetas, de Luis Chitarroni, o Vidas escritas, de Javier Marías, Forn reduce a los protagonistas de sus columnas a ese gesto que los llevó a la ruina, esa pared contra la que chocaron sin remedio o, en ocasiones, un episodio perdido que se convierte en un eterno malentendido. Es la clave secreta o el negativo, sugiere la forma de relatar de Forn, desde el que habría que leer las muchas vidas incluidas en Los viernes.

Los viernes. Tomo cuatro

Juan Forn

Emecé

228 páginas

$ 589

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