Cosas que leer debajo del agua
Una toma aire –todo el aire posible– cierra la boca y se sumerge en el agua. Los pies, apoyados en la pared de la pileta, se despegan casi sin esfuerzo una vez que se cambia el eje vertical por el horizontal. La memoria de los músculos no solo existe, sino que también tiene su propia voluntad: recuerda en momentos impensados los desafíos del pasado, cuando todo lo que se necesitaba era una apuesta o una orden para probar hasta dónde –hasta cuándo– podía llegar nuestro cuerpo. Un profesor que no aceptaba que ese impulso inicial se diluyera antes de llegar a la mitad de la pileta, otra que obligaba a nadar crawl con un solo brazo y luego con el otro hasta acalambrarse, pero también el vértigo de demasiadas mortales atrás en piletas ajenas o el esfuerzo sobrehumano de rescatar a las reposeras que el hermanito menor condenaba al fondo de la propia durante las vacaciones.
No hay nada que escuchar ni nada que mirar cuando se nada: solo a uno mismo. El “ojo de la mente” volcado a recorrer nuestro interior, suele perderse por recovecos extraños. A veces recorre los estantes de la alacena y la heladera preparando la lista de supermercado; en otros casos recuerda un detalle olvidado de una conversación reciente o forma una opinión salteándose el paso de meditarla. En ocasiones, debajo del agua puede resolverse un párrafo particularmente difícil de redondear (acaso el cloro es capaz de liquidar, además del pelo, la tendencia al barroquismo). Así como el ritmo en las brazadas suele desincronizarse en el momento en que se hace consciente, cualquier intento por orientar el devenir líquido de los pensamientos es tan infructuoso como preguntarse por qué es tan placentero nadar. Un breve viaje en el tiempo al útero materno, el mandato astrológico de un signo de agua, la interrupción de la tiranía del oído y la vista en favor del tacto y el olfato, la ausencia momentánea de fricción y de gravedad, el ejercicio de una gran cantidad de músculos del cuerpo con un mínimo de impacto. Todas y ninguna son ciertas.
Y las asociaciones libres son pocas veces más libres que cuando ocurren bajo el agua. Por caso: algo del efecto ensordecedor del silencio al nadar trae de vuelta el horroroso viaje en barco de Ancho mar de los sargazos, de Jean Rhys -publicado hace 55 años-, una novela tan perfecta en su voluntad de descomposición que sus 192 páginas permanecen agazapadas en nuestro inconsciente durante días, hasta que una de sus oraciones cae hacia la luz con el inexorable peso de su certeza: “Siempre hay dos muertes, la verdadera y la que la gente conoce”. Hay mucho más.
Rhys (1890-1979) tuvo dos vidas literarias distintas, separadas por un silencio de treinta años y un océano (de Dominica a Gran Bretaña). Ese silencio puede ser entendido como el espacio que separa dos fotos suyas en Wikipedia En la primera, tomada en la época en la que trabajaba en el vodevil, luego de que sus estudios en la Royal Academy of Dramatic Arts fracasaran por su imposibilidad de hablar inglés “como los ingleses”, mira a cámara, sus ojos imposiblemente claros desafiando al espectador a juzgarla por sus elecciones. En la segunda, con sombrero y la mirada ensimismada en el suelo, completa la idea. “La fama llegó demasiado tarde”, explicó.
En la obra que le otorgaría el título (siempre temporario) de “mejor novelista inglesa viva”, su travesía poscolonial se ve reflejada en espejo con la de su protagonista, Antoinette Cosway, quien pondera primero en compañía y luego junto a sus fantasmas cómo llegó a perder su identidad para terminar como un obstáculo en la felicidad de Jane Eyre. “Si se quiere escribir la verdad, se debe escribir sobre sí mismo -decía Rhys a The New York Times en 1978, al explicar que no había detalle de su pasado que olvidara en Smile, Please, la autobiografía que no llegaría a terminar-.Yo soy la única verdad real que conozco”. Como un poco más de aire para respirar bajo el agua.
Otras noticias de Nota de Opinion
1Una reforma educativa que no puede esperar
2Caída de la Natalidad. No es renuncia, es postergación: los datos de una encuesta en Argentina
3Argentina vuelve a caer en el Índice de Percepción de la Corrupción: una señal de alerta institucional
4La política se resigna a Milei cuando Angelici se afirma en la Justicia






