
De la Rúa, Kirchner y el otro
Volvió Fernando de la Rúa y volvió la alegría. Al menos para quienes se dedican a la sátira política.
Volvió la tinellización de la política, aunque esta vez de la mano del propio ex presidente de la Nación, quien no dudó en responsabilizar a Marcelo Tinelli del comienzo de sus desgracias cuando estaba en el poder. De alguna manera, De la Rúa le rindió un tributo a otro humorista, Santiago Varela -uno de los guionistas del inolvidable Tato Bores-, que alguna vez escribió un memorable monólogo titulado "La culpa la tiene el otro".
Tal vez conscientemente, De la Rúa buscó desviar la controversia pública sobre la corrupción durante su gobierno hacia otra cuestión no está cerrada: ¿por qué fracasó un gobernante que llegó al poder con antecedentes casi intachables y un considerable apoyo popular?
La culpa siempre la tiene el otro . Y el otro , para De la Rúa, esta vez no fue otro que Tinelli. Una tontería para la mayoría. Pero no para los abonados a teorías conspirativas, que creen ver en el discurso delarruista una sutil estrategia de autopreservación, consistente en aparecer como un estúpido antes que como un corrupto.
La denuncia de Mario Pontaquarto apuntó a De la Rúa. Y el ex presidente se defendió. La tinellización puede ser un componente de su defensa, no más importante que descargar toda la responsabilidad en sus ex colaboradores Alberto Flamarique y Fernando de Santibañes. "Yo no participaba de las tratativas por la reforma laboral. Quien las llevaba era Flamarique, principalmente con la CGT, y en el Senado se centraba en Chacho Alvarez y Flamarique (...) La SIDE se maneja con autonomía. No precisa la firma del presidente para sus actos. Puede hacer actos por su cuenta", expresó De la Rúa.
Asumió así una posición procesalista: "Si hubo coimas, que se hagan cargo los que armaron la rosca", interpretó un fiel allegado al ex presidente.
Es probable que el gobierno de Néstor Kirchner esté pretendiendo capitalizar políticamente el renacimiento del escándalo de los sobornos en el Senado. Es también probable que la reaparición de De la Rúa en la escena distraiga a la opinión pública de otras cuestiones urticantes para el Poder Ejecutivo, como las manifestaciones piqueteras y las dificultades en la renegociación de la deuda. Y nadie puede dudar que esto le viene como anillo al dedo a la estrategia política de Kirchner, quien durante su campaña proselitista hizo lo posible para diferenciarse de Carlos Menem y, una vez instalado en la Casa Rosada, hizo lo que pudo para distinguirse no sólo del riojano, sino también de De la Rúa y su particular estilo.
Aunque el beneficio para Kirchner parece obvio, no debería desviarse la atención de lo que realmente interesa: quiénes son los coimeros y cuál será su condena.






